Protestas por la posible instalación del almacén nuclear en Zarra

La propuesta del gobierno de Zapatero para instalar un almacén nuclear en la localidad valenciana de Zarra ha despertado las críticas entre algunos vecinos y ecologistas. Sin embargo, una parte de la población del municipio está a favor de que se instale este vertedero radioactivo en su pueblo. Las razones económicas en época de crisis son el principal argumento de estos ciudadanos, que parecen no tener miedo ante los posibles accidentes nucleares.

El problema de la energía nuclear son los accidentes

La energía nuclear vuelve a ser noticia en España. El anuncio que ha hecho el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de que el municipio valenciano de Zarra, limítrofe con la provincia de Albacete, pueda acoger un almacén nuclear ha despertado las críticas entre asociaciones ecologistas, lugareños y autoridades políticas de la Comunidad Valenciana. Pero lo más curioso de todo es que las protestas no han provenido de los vecinos de la localidad en cuestión, formada por unos 500 habitantes, de los cuales una gran mayoría apoya este proyecto por los beneficios económico que éste conllevará. La caravana, que se ha organizado entre Almansa y Bonete en señal de protesta contra la instalación del almacén temporal centralizado (ATC) de residuos nucleares, ha estado encabezada por una plataforma ciudadana de Ayora, otro pueblo valenciano, cercano a Zarra.

No sé si recuerdas, pero hace poco hablé en un post sobre la energía nuclear, sus consecuencias y las posibles alternativas. Pues bien, el principal problema que acarrea el uso de este tipo de fuente energética son sus residuos. Los cementerios nucleares tienen dos caras. Una, la que dice que tienen el riesgo de sufrir accidentes –aunque esto es muy raro que ocurra–, como el que pasó en la ciudad ucraniana de Chernobyl, donde se produjo en 1986 un sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, provocando una explosión de hidrógeno que causó la muerte directa a algo menos de 50 personas (según un estudio publicado por la Organización Mundial de la Salud en 2005). Además, 135.000 personas tuvieron que ser evacuadas. La radiación emitida superó 500 veces la que se produjo con la bomba atómica de Hiroshima, llegado a afectar a diversos países de Europa del norte y central, y provocando una gran alarma en todo el mundo.


La otra cara es la que dice que la instalación de estos vertederos de radioactividad supone un crecimiento económico importante de la región que lo alberga. Este argumento, en tiempos de crisis, cobra especial sentido y tiene un peso social muy importante, que hace que ecologistas y partidarios de la energía nuclear se vean enfrentados en calurosas discusiones. En términos generales, se puede considerar este tipo de energía como “segura”, pues es muy raro que ocurra un accidente de este calibre, pero a la vista salta el miedo que provoca vivir cerca de un sitio tan potencialmente peligroso. Así que, en mi opinión, han de ser los vecinos, aquéllos que van a despertarse todos los días junto al vertedero, quienes decidan si quieren o no aceptar la instalación de estos almacenes en sus localidades, con todas las consecuencias que esto lleva.

Foto: Rahm Emanuael en Wikimedia

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