O te vacunas, o no entras en la oficina de Morgan Stanley

Para acceder a las oficinas de Morgan Stanley será necesario disponer de la vacuna como forma de protegerse ante su entorno libre de mascarillas.

El edificio de Morgan Stanley en Nueva York se va a convertir en un fortín. Así lo han anunciado sus responsables, que dicen que, para prevención de posibles brotes e infecciones de la COVID-19, van a exigir que solo accedan al mismo quienes hayan recibido la vacuna. Esta norma entrará en vigor el día 12 de julio, pero no habrá controles, sino que se espera que cada una de las personas que accedan al edificio sean conscientes de que solo lo pueden hacer si han recibido la vacuna.

¿Por qué se toma una medida tan drástica? Hay una explicación. Los directivos de la empresa están decididos a eliminar todas las medidas de seguridad entre sus empleados. Eso significa que, dentro de la oficina, no habrá que mantener las distancias ni tampoco usar mascarilla.

Por ello, quieren que todas las personas que entren en las oficinas sean conscientes de cuál será el ambiente y de los riesgos que habrá de sufrir una infección. Por suerte para ellos, un 90% de los empleados ya ha gestionado la recepción de la vacuna y se espera que el resto también lo haga en fechas próximas. Posiblemente en lo que no han pensado es en las familias de los empleados.

Porque, no olvidemos que la vacuna no evita que suframos la infección del coronavirus. Solo nos protege ante sus efectivos negativos, pero aún recibiendo la vacuna continuamos siendo posibles portadores de la infección. Por lo tanto, en un entorno como el que se está describiendo, lo más posible es que haya grandes posibilidades de que el virus circule rápidamente entre todos los empleados. ¿Qué ocurrirá después con las familias y amigos?

Se presionará para que todo el mundo siga obteniendo la vacuna, pero por mucho que algunas personas del entorno familiar la reciban, los niños y algunos jóvenes podrían no tenerla puesta. Eso significaría seguir manteniendo los riesgos y, por otro lado, alimentar al virus para que la infección no desaparezca. No parece que piensen en lo importante que es eliminar y derrotar al virus, porque es posible que dentro de un tiempo, meses-años-décadas, el efecto de la vacuna desaparezca y, si el virus sigue libre, podría volver a crear otra crisis. Los norteamericanos están vacunando sin parar (150 millones de personas ya vacunadas), pero eso no parece suficiente como para tomar la decisión de aligerar las medidas de contención tal y como lo plantea Morgan Stanley.

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