La esclavitud del siglo XXI

Los esclavos construyeron hace muchísimos años las pirámides egipcias. Trabajaron en los campos de algodón y levantaron imperios enteros. Hoy ejercen de jornaleros, obreros, prostitutas o niños soldado. A miles de quilómetros de nuestra casa, a centenares y a decenas. También a la vuelta de la esquina o delante de tu portal.

La esclavitud no es sólo una pieza de museo

El término «esclavitud» nos suena a todos como algo del pasado. En España se abolió hace tanto que ni tan siquiera los más mayores alcanzan a recordarlo. Sin embargo, nosotros mismos podríamos hacer una explicación extensa sobre la realidad de este término. Y no porque lo hayamos leído en libros o visto en documentales y películas. La esclavitud nos rodea del mismo modo que habitaba el planeta en tiempos pretéritos, sólo que no somos conscientes de que existe. La gruesa capa del bienestar occidental la cubre con esmero.

Diversos estudios de la Unión Europea sostienen que millones de personas en el mundo viven en situaciones de esclavitud. Concretamente, 270 millones de personas. Y es que la definición de este término se amplió a principios del siglo XX para adaptarla a las formas modernas de este fenómeno. Así, en 1926 la Comisión contra la Esclavitud la definió como «el estatus o condición de una persona sobre la cual se ejercen algunos de los poderes asociados al derecho de propiedad». Exactamente lo que les sucede a los niños que son forzados a trabajar en fábricas textiles, a hacer de soldados o que son utilizados para saldar deudas, ofrecidos como sirvientes de por vida. Y eso dejando de lado los países en los que la esclavitud aún se reconoce sin tapujos. Sí, todo esto sigue sonando lejano, al menos geográficamente. Pero no es necesario ni coger el coche para encontrarnos con esclavos.

A nuestro alrededor hay mafias que explotan a personas sin papeles o que obligan a chicas jóvenes a prostituirse. Jornaleros y obreros que trabajan de sol a sol en condiciones deplorables para empresas legales y gestionadas por gente corriente. Inmigrantes afincados en nuestro país que siguen sujetos a cuestionables tradiciones de su lugar de origen, como los matrimonios acordados. La esclavitud nos rodea aunque ya seamos inmunes a su existencia.

Es precisamente el sistema quien favorece que el fuerte exprima al débil. Tal y como ha sucedido siempre, pero con más facilidades para que la mayoría miremos hacia otro lado. Y es que nada de esto forma parte de nuestro día a día y, si lo hace, lo consideramos un problema que ya tenemos asumido y que nada tiene que ver con las formas rudimentarias de sometimiento.

Es nuestra obligación cambiar la perspectiva, asumir que esto existe y luchar para combatirlo. Sin embargo, nos resulta tan lejano que no estamos por la labor. Para que nos quede un poco más clara la cuestión, recomendamos leer el artículo por el que nos llegó esta noticia y que citamos como fuente. Una reflexión del profesor emérito de la Universidad Complutense de Madrid José Carlos García Fajardo.

Fuente: Canalsolidario.org

Foto: Los esclavos ingleses por Silviapef en Flickr.com.

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