El fenómeno de Manolo Lama y el mendigo

«Que despidan a Manolo Lama ya sus compañeros por humillar a un mendigo», «Odio a Manolo Lama!!», “Unámonos y demos un euro cada uno por Kalle, el mendigo alemán”… Son sólo algunos de los grupos de Facebook surgidos después de la polémica conexión de Manolo Lama antes de la final de la Europa League en Hamburgo. Una caso que no es aislado en nuestra televisión actual.

La historia es bien conocida por todos. La pasada semana, poco antes de la final de la Europa League, Manolo Lama, reportero de Cuatro, se encontraba cubriendo el acontecimiento en Hamburgo. En un momento dado, pretende demostrar que los aficionados del Atlético de Madrid  son solidarios dándole, entre todos, una pequeña limosna a un mendigo que se encuentra pidiendo en la calle para que pueda ver el partido en un lugar caliente y comer algo. La cosa pronto se va de madre, pues los aficionados empiezan a dejarle móviles y tarjetas de crédito. Si la idea ya no era muy ortodoxa, la banalización del gesto que hacen estos jóvenes buscando su minuto de gloria acaba de rematar el asunto. Obviamente, no hacen sus donativos en serio.

Quién sabe cómo fue y porqué, pero la cosa trascendió. En un panorama mediático en el que contínuamente se hace carnaza de la desgracia ajena, de repente un mendigo se convierte en el portavoz de todos los humillados. Y, a su vez, Manolo Lama se convierte en el representante de la mano ejecutora, de todos aquellos que utilizan al débil para ganar share. Un periodista cuya carrera se ha visto truncada y un sintecho que ya tiene nombre, rostro y voz en los medios. El gesto y la implicación ciudadana es muy digna, pero de nada sirve si no profundizamos en la cuestión.

Quizás estamos exagerando el caso aislado y olvidando su contexto. Lama hizo mal porque muchos antes que él han hecho, hacen y harán mal obteniendo el beneplácito del público. Casos paradigmáticos como ciertos reportajes de Callejeros o el trato que se da a dramas humanos en ciertos programas (incluso informativos) hacen que el periodismo se devalúe y relaje en pro del espectáculo. Todo vale, y cuántas veces nosotros no reímos la gracia y aplaudimos.


Seamos realistas, lo de Manolo Lama ha sido ampliamente denunciado, pero podría haber pasado desapercibido. Choca de él, del tipo de programa, del equipo con el que trabaja. No de la televisión en sí misma. Pero cada cierto tiempo algo cala hondo en la sociedad. Se multiplican las referencias en las redes sociales y en los medios hasta que el fenómeno llega a rozar el absurdo. Es el caso, sin ir más lejos, del grupo de Facebook alemán que clama venganza a través del boicot a España en Eurovisión. Una propuesta capaz de poner en el mismo saco «festival hortera» y «cuarto mundo» demuestra hasta qué punto sobredimensionar un tema banaliza su mensaje.

Ahora Kalla, el sintecho, es famoso y puede incluso que esté sancando algún dinero del asunto. Cuando el tema pase de moda, los mismos que ahora publican sus declaraciones y piden justicia lo abandonaran a su suerte en el mismo puente del que salió. Lama, por su parte, ha perdido todo su prestigio y quién sabe si el empleo ¿Y todo para qué? Para que los medios exploten la cuestión hasta que la masa social se canse, y para que volvamos a una normalidad en la que estas cosas forman parte de nuestro día a día, pero nosotros miramos hacia otro lado.

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