Google contra las cuerdas por sus empleados y la COVID-19

Tras la polémica generada con el caso de favoritismo hacia un alto ejecutivo, Google se ve obligada a aceptar las peticiones de sus empleados.

Google se equivocó claramente cuando intentó presionar a sus empleados poniendo unas condiciones demasiado extremas que les obligarían a volver a las oficinas casi sin opción a una alternativa. La empresa, como Apple, quiere que los trabajadores regresen a los campus y edificios de Google porque cree que se trabaja mejor cara a cara y, ante todo, aprovechando esas carísimas instalaciones que tienen.

La empresa, incluso se opuso de forma firme a las peticiones que había recibido por parte de empleados que querían seguir trabajando en casa o estaban pensando en cambiarse a otros centros de Google para mudarse a ciudades donde la vida sea más conveniente.

Pero, todo cambió, cuando los empleados de Google encontraron algo con lo que presionar a la compañía. Y, como de costumbre, ese algo fue un aspecto tan sencillo como determinante: que uno de sus ejecutivos senior se quisiera mudar a Nueva Zelanda desde Estados Unidos y que Google lo permitiera sin ningún tipo de obstáculo.

Lo que hicieron los empleados fue usar este suceso para empujar a Google contra las cuerdas y acusarla de hipócrita. ¿Por qué un alto ejecutivo podía hacerlo y no los demás empleados?

Tras el incidente, Google comenzó a aprobar las solicitudes que los empleados estaban haciendo para poder seguir trabajando desde casa o para mudarse a otra ciudad e incluso país. La compañía se encontró, con rapidez, con unas 10.000 peticiones. Y no encontró argumentos sólidos para rechazar la mayor parte de solicitudes, aprobando un 85% de las mismas.

Las peticiones que no fueron aprobadas se rechazaron por una serie de razones concretas, como que esas personas necesitan estar en un lugar específico para tener una interacción con los clientes. También se ha utilizado como motivo de rechazo que los profesionales de Google tengan que usar un tipo de equipamiento o material que solo esté accesible en su lugar de trabajo original. Es decir, lo que no está haciendo la empresa es facilitar esos traslados, lo que en cierta manera tiene sentido.

Así, por ejemplo, si un empleado trabaja usando un ordenador determinado que tenga la mayor potencia del mundo y que suponga un problema trasladar o un gran gasto replicar, ese profesional tendrá que seguir haciendo su trabajo allí donde esté el ordenador en cuestión.

Pero, como indicamos, se han aprobado el 85% de las peticiones, lo que significa que Google no ha querido poner problemas a los empleados y, para olvidar la polémica, ha preferido aceptar todos los casos posibles de peticiones de traslado o teletrabajo. Sin duda, una buena decisión.

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