¿Por qué aliarte con un socio puede acabar en fracaso?

¿Qué puede llevar a que se rompa la relación que tienes con el socio con el que has llevado a crear tu propia empresa?

Es muy frecuente que, en el mercado empresarial, varios socios decidan lanzarse al ruedo de los negocios con el objetivo de llevar a cabo iniciativas conjuntas. Por ejemplo, es muy común que dos amigos compartan una idea y quieran convertirla en una empresa con el trabajo conjunto. No obstante, la historia ha demostrado cómo estas uniones y colaboraciones, suelen terminar en desastre. A veces funcionan, pero en la mayoría de los casos lo que suele ocurrir es que uno de los dos socios sigue con el proyecto, mientras que el otro se termina desvinculando del mismo.

¿Cuáles son los motivos de esto? ¿Qué es lo que lleva a que esa unión que parecía tan fantástica y tan prometedora llegue un momento en el cual ya no funciona?

Hay que pensar en la unión de dos socios en una empresa como una pareja, una formación que, a largo plazo, tiene muchas posibilidades de estar condenada al fracaso. Ocurre con los matrimonios, ¿Por qué no debería ocurrir también con las colaboraciones profesionales? Que dos personas pasen juntas toda su vida es algo complicado. Incluso las parejas de cómicos sufren ese tipo de separaciones a lo largo del tiempo tal y como han demostrado Martes y Trece o Cruz y Raya. En general, es difícil permanecer en sintonía durante tantísimos años trabajando juntos y tomando decisiones.

Diferentes niveles de ambición

Este es uno de los principales problemas que se suelen producir entre distintas personas que comparten un mismo negocio. Uno de los dos socios es posible que llegue un momento en el que haya bajado el ritmo después de haber alcanzado una serie de objetivos. Eso hará que se acomode y que no tenga esa rabia y hambre del pasado por comerse el mundo. Significaría que, en cierta manera, ya se encuentra satisfecho con lo que ha conseguido.

Pero, al mismo tiempo, el otro socio aún estaría insatisfecho y querría llegar más lejos. Es posible que esa persona nunca quiera dejar de crecer, de superarse y de conseguir nuevas metas. Por lo tanto, habría una clara fricción entre ambas partes. En este caso, quien terminaría abandonando el negocio sería quien ha perdido la chispa, porque seguramente con una gran cantidad de dinero por su parte de la empresa ya tendría más que suficiente.

Distintos momentos de la vida

Otro de los problemas entre los socios puede encontrarse en que llegue un día en el que se encuentren en distintos momentos de la vida. Por ejemplo, ambos es posible que comiencen en un periodo de edad similar, alrededor de los 20 años, sin responsabilidades. Pero, quizá, en un periodo de 5 años uno de ellos ya tenga una familia, hijos y otros factores que le impidan, por ejemplo, pasar toda la noche trabajando de lunes a viernes sin pasar por casa salvo para una ducha y dormir unas horas.

Eso llevaría a que se descuadrase la relación entre ambos profesionales y que uno de ellos mantuviera el ritmo que habían establecido hasta ese momento, mientras que el otro se quedaría en un puesto más pivotante y de soporte. Esto no significa que esa relación empresarial se vaya a romper, pero lo más probable es que tenga que evolucionar y cambiar de una manera que refleje el esfuerzo que está haciendo cada uno de ellos para continuar llevando la empresa hacia adelante.

Que no os necesitéis

Esta es otra de las situaciones problemáticas que se pueden producir. ¿Y si ya no nos necesitamos? No puede haber nada peor para una pareja laboral que llegar a un punto en el cual ya no es necesario que os tengáis el uno al otro. Eso es algo que puede ocurrir, pero que siempre se puede combatir de distintas maneras, sobre todo creando una dinámica de trabajo en la que el apoyo constante siga siendo una necesidad con el paso del tiempo.

La necesidad de tenerse el uno al otro no se debe ver como una dependencia nociva, sino que se trata más de una situación de apoyo en la cual se delimita lo que cada miembro de la empresa le proporciona a la otra persona. Se responde así a la pregunta de ¿Por qué comenzasteis a trabajar juntos para llevar a cabo este proyecto? ¿Sigue vigente lo que lo justificaba en el pasado? Es necesario que exista una buena unión y una sólida colaboración por ambas partes.

Tener distintos objetivos

Al inicio de un negocio ambos miembros tienen muy claro cuál es el objetivo que se desea alcanzar. No hay duda de ello, porque si la hubiera, simplemente no existiría razón de ser para crear la empresa. Pero con el paso del tiempo, esos objetivos pueden haber cambiado. Es importante que, no obstante, se mantengan alineados por parte de las dos personas, ya que de esa forma es como se tendrá la seguridad que seguir adelante trabajando sin descanso será algo que hará que ambas personas queden satisfechas.

Por eso, si en algún momento se pierde la compenetración en el objetivo a alcanzar, habría que hablar seriamente de cuáles serían los pasos a tomar a continuación para que no se lleguen a producir problemas en el funcionamiento del negocio. Algunas personas pueden tener como objetivo seguir creciendo. A otras les interesará hacer cuanta más caja sea posible y quizá hay quienes buscan mejorar la empresa día a día para después realizar la venta de la misma. Es necesario que tengamos claro lo que queremos y que, con el tiempo, sigamos coincidiendo con nuestro socio.

Falta de confianza

Confiar en tu socio significa que, cuando lo necesites, podrías dejar de ir a la oficina durante días, semanas o incluso un mes, y cuando volvieras todo estaría funcionando tan bien como cuando te marchaste. Hay casos especiales, situaciones extremas y momentos críticos en los que tienes que saber que la empresa está protegida gracias al esfuerzo que realiza tu otra mitad empresarial.

Si no confías en tu socio y crees que cuando tú quites la vista del negocio durante unos días se va a ir a pique, entonces no hay ningún tipo de duda de que tienes un problema. Esto mismo se aplica a si esa persona no te proporciona seguridad en la forma en la que trabaja. Si tienes que estar siempre recordándole cómo trabajar, cómo gestionar el negocio, cómo reducir los gastos o cómo hacer que todo vaya sobre la seda, quizá no estés disfrutando de tu emprendimiento tanto como lo podrías hacer en solitario. Llegado cierto punto hay que plantearse muchas cosas acerca de si estamos satisfechos y contentos con lo que tenemos o si estamos con la persona adecuada en el trabajo.

Tener valores opuestos

La cultura corporativa dice mucho de la forma en la que trabajas, de lo que quieres y de lo que harás para conseguirlo. A veces, al iniciar un negocio, pensamos en lo que queremos conseguir y partimos de unas ideas que nos permitirán llegar a ello. Pero no nos complicamos a pensar en cómo será la cultura empresarial de la que haremos uso, lo que en el futuro podría suponer un problema. Por ello es mejor intentar definir todo lo posible los objetivos que tenemos, pero también cuál va a ser la línea a través de la cual los vamos a tratar de conseguir.

Si llega un momento en el cual estos valores hayan cambiado entre los socios y lleguen a ser opuestos, será otro punto de inflexión desde el cual plantearse qué deberíamos hacer para restablecer el orden y que así el negocio pueda avanzar con una identidad más sólida.

Falta de capacidad

Un motivo por el cual muchas parejas profesionales se rompen es porque uno de los dos miembros comienza a trabajar sin mucha involucración, sin esforzarse y sin dar el 100% de lo que podría hacer. Este cambio puede estar generado por una crisis, un problema de motivación o algún otro tipo de obstáculo que haya llevado a que esa persona se encuentre en una situación de tener menos ganas de trabajar que antes.

La mayor parte de estas situaciones se solucionan con facilidad gracias a la comunicación. Nunca hay que olvidar que comunicarse de una manera adecuada con tu socio es uno de los pilares que garantizará que se pueda progresar y crecer con éxito. El otro socio, el que sigue trabajando a máximo rendimiento, puede tomarse la situación de una forma crítica y con molestia, estresando y agobiando a su compañero para que recupere el ritmo cuanto antes. Pero ese es un comportamiento abocado al fracaso que no tiene ningún tipo de justificación si nos preocupa el futuro del negocio.

Lo que hay que hacer, en su defecto, es tratar de hablar, de preocuparse y de ver qué es lo que está ocurriendo para, entre los dos, encontrar una solución que le permita a esa persona que ha bajado el ritmo, recuperar de nuevo la chispa que tenía en el pasado.

Distintos niveles de riesgo

Por último, queríamos hacer especial hincapié en otro aspecto que no se comenta demasiado, pero que ha llegado a disolver muchas relaciones profesionales. Nos referimos a las diferencias que se pueden generar respecto a la aceptación de los niveles de riesgo. O, dicho de otra manera, el margen de valor que pone cada uno de los miembros sobre la mesa para seguir apostando por el negocio e incluso tomar decisiones que puedan parecer un poco locas, pero que resultan necesarias para alcanzar los mayores niveles de éxito.

Porque un socio puede querer invertir en cierta novedad, producto o servicio que podría elevar la empresa al siguiente nivel, afrontando con ello un riesgo elevado, mientras que al otro le puede parecer una locura y una medida con la cual se expongan a un posible fracaso. Si cada socio está en uno de esos lados de la balanza, es difícil que el negocio avance, ya que siempre estará sometiéndose a presión para que se desarrolle de la forma en la que prefiere cada uno de los miembros.

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