La Universidad de la vida (ociosa)

Una academia de Londres imparte cursos en defensa de la holgazanería, la existencia complentativa y el ocio como camino hacia la felicidad

En el contexto económico y social actual, parece que más que nunca se ha establecido un culto al trabajo, convirtiéndolo en la principal aspiración de todo ser humano. El trabajo es la nueva religión del pueblo, pero existe un irreductible grupo de agnósticos que no creen en las bondades de la jornada completa más horas extra como camino hacia la felicidad. Su líder espiritual es Tom Hodgkinson, un británico de 43 años que, harto del estilo de vida desenfrenado de la mayoría de mortales de las grandes ciudades, decidió fundar The Ilder Academy. Esta academia londinense se dedica a enseñar los beneficios del noble arte de la vagancia y a cómo huir de la esclavitud laboral.

Esta academia del hedonismo puede enseñarnos a vivir más allá del trabajo

Situada en un pequeño pero acogedor local de Notting Hill, en la escuela dirigida por Hodgkinson no se aprende nada de lo clásicamente entendido como útil para el trabajador. Aquí nadie habla con jerga corporativa, ni se redactan alegatos a la productividad ni se convocan interminables reuniones de crisis. En cambio, en la Ilder Academy se bebe vino, se discute utilizando el razonamiento y se organizan conciertos de música medieval, simposios de filosofía griega o talleres de reparación de objetos.

Sin embargo, la «Academia de la buena vida» no sigue una programación fija y con un criterio marcado. Lo que sí pretende su creador es huir de las modas new age y de los manuales de autoayuda. Esta doctrina de elevación del slow life, con una rutina libre de los apuros típicos del workaholic, ha atraído sobre todo a personas del mundo de las artes: literatos, músicos, artistas plásticos. La mayoría frecuenta el lugar con la esperanza de mejorar sus existencias, de huir de la mentalidad que descansa tras el engranaje capitalista, que nos fuerza a trabajar para disfrutar de unos pocos caprichos que nos empujen a trabajar más aún.

La academia tiene sus antecedentes en una revista anual que Hodgkinson y un amigo fundaron en 1993, The Ilder, dedicada al culto a la creatividad en contra de la esclavitud de los salarios. En sus páginas se presentaban artículos sobre cómo disfrutar de los placeres gratuitos o consejos sobre derecho laboral.

Tom Hodgkinson, aunque no lo parezca, no gasta su jornada diaria a la contemplación del cielo. También trabaja. Se dedica a tirar adelante una familia de tres hijos, editar la revista, escribir libros y una columna en el diario The Independent y a organizar la academia. De todos modos, para él lo más problemático de la crisis no son los terroríficos ajustes económicos, sino la desaparición de las fiestas y días libres en el calendario. Toda una tragedia, sin duda.

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