España pierde en la guerra de patentes

El español no consigue entrar en la nueva Ley de Patentes: solo inglés, alemán y francés

Más del 40% de las patentes dentro del marco de la Unión Europea tienen su origen en Alemania. Una cifra de la que cabe tener envidia si la comparamos con el irrisorio 1,26% de nuestro país. ¿Nos faltan ideas? ¿Nos faltan medios? ¿Nos falta motivación? Puede que un poco de todo esto. Pero ahora, a nuestro pesimista panorama se nos une un obstáculo más: la lengua. Y es que España ha perdido la guerra que mantenía junto con Italia para que el castellano fuese incluido como lengua oficial dentro del nuevo sistema de patentes europeo. Una ley que, tras 35 años de lucha, por fin se autoproclama unificada. Sin embargo, esta unificación atañe tan solo a alemanes, británicos y franceses… puesto que solamente estas tres lenguas son las autorizadas para ser utilizadas en todo lo referente a los requisitos administrativos y judiciales que tengan que ver con las patentes.

Más gastos en traductores a la hora de registrar patentes.

Según el portal CincoDias.com, una de las razones por las que el proceso de patentes se ha alargado tanto es por el requisito de la unanimidad que se había impuesto desde el principio. Tanto España como Italia se encontraban en desacuerdo con el borrador de la Ley, pero aún así ésta ha salido adelante gracias a la «cooperación reforzada«. Esto es, un mecanismo que permite que una medida salga adelante cuando un mínimo de nueve países así lo desean, pese a que el resto se encuentre en desacuerdo.

La exclusión del español supone dos grandes handicaps a la hora de gestionar las patentes. El primero de ellos es el judicial. A la hora de defenderse en hipotéticos litigios, las pyme españolas han de contratar los servicios de intérpretes y traductores para su defensa. La segunda de las desventajas son los costes. De los 18.000 euros que cuesta una patente aprobada en 13 países de la UE, 10.000 están destinados a pagar las ingentes traducciones. Una cifra que resulta escandalosa si atendemos al coste de una patente en los Estados Unidos, que no supera los 1.850 euros. Diez veces menos que en un país europeo donde no se hable inglés, francés o alemán.

Foto por inga_beretta en Flickr

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