DNA 11, no todo estaba inventado en el mundo de la decoración

Una ‘startup’ norteamericana factura 9 millones de euros al año elaborando obras de arte inspiradas en la secuencia de ADN o las huellas dactilares de los clientes.

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Es sabido que en Empresayeconomia.es nos gusta especialmente promocionar las ‘startups’ más originales o interesantes que van surgiendo en España. Los datos del sector en 2015 no dejan lugar a dudas sobre la creciente importancia económica de este sector. Con todo, no podemos evitar mirar hacia el exterior para descubrir ideas empresariales inverosímiles pero que han cosechado considerables éxitos. Hoy analizamos a fondo DNA 11, una ‘startup’ estadounidense especializada en la creación de obras de arte inspiradas en la secuencia de ADN de los clientes.

Sí, una especie de arte genético, por así decirlo. En 2005, dos grandes amigos, Adrian Salamunovic y Nazim Ahmed, tuvieron la idea de dar rienda suelta a su creatividad artística para ofrecer un producto verdaderamente único a cada cliente. DNA 11 echó a andar con un capital inicial de apenas dos mil dólares pero rápidamente se encontró con una fuerte demanda en el mercado. No en vano, los usuarios se quedaron muy asombrados ante la posibilidad de disponer de cuadros, marcos y todo tipo de artículos de decoración con su secuencia genética impresa.

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Lógicamente, el proceso de creación, aunque sencillo de formular, requería de profundos conocimientos tanto médicos como artísticos. Salamunovic, graduado en Genética Molecular, y Ahmed, especializado en diseño gráfico y marketing, construyeron un equipo perfecto para realizar las pruebas pertinentes y dar salida a los primeros encargos. Para poder elaborar las obras de arte, el equipo de DNA 11 solo precisa de una muestra de la saliva del cliente. Posteriormente, un análisis en el laboratorio despliega el mapa genético del usuario y este es plasmado sobre el lienzo con vivos colores.

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Las formas más habituales para representar la secuencia de ADN son las barras de vivos colores. A pesar de las numerosas similitudes apreciables a simple vista, obviamente no hay dos cuadros iguales. También elaboran lienzos con las huellas dactilares y con la marca de un beso. Cabe destacar que los trabajos no son demasiado caros (un cuadro de tamaño medio cuesta unos 1.200 euros). En 2014 facturó cerca de 9 millones de euros.

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Vía: DNA 11.

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