¿Qué no hay que hacer nunca en una entrevista de trabajo por teléfono?

Os contamos cuáles son las cosas que no tenéis que hacer durante una entrevista de trabajo telefónica si queréis garantizar los buenos resultados.

En los tiempos en los que estamos viviendo nos estamos acostumbrando a una manera distinta de participar en entrevistas de trabajo. Las videollamadas y sesiones de Zoom o Skype son fundamentales, pero también hay otros sistemas que cada vez tienen más aceptación. Un buen ejemplo de ello es el teléfono, con las entrevistas telefónicas ganando cada vez más terreno para convertirse en uno de los métodos preferidos por parte de reclutadores del mundo entero.

Lo problemático de las entrevistas de trabajo es no prepararlas en condiciones y, sobre todo, no estar preparados para todo lo que puede ocurrir durante las mismas. La falta de experiencia durante las entrevistas es lo que nos puede llevar al fracaso. Por ello, es conveniente que tengáis en cuenta una serie de consejos que os vamos a dar para que evitéis las situaciones menos recomendables. ¿Qué es lo que no tenéis que hacer cuando participéis en una entrevista de trabajo?

No aprovecharte de la situación

Este es un gran error. Recuerda que tienes una ventaja a tu disposición: el reclutador no te va a ver. Eso no significa que tengas la posibilidad de hacer la entrevista en pijama (aunque si quieres hacerlo, nadie te lo va a impedir), sino que puedes tener notas y materiales a mano que puedas consultar. Nunca sabes qué puede ocurrir durante la entrevista y qué tipo de información puedes llegar a necesitar o refrescar. En una entrevista en persona nunca podrías tener apuntes o notas, y esto tampoco podrías hacerlo en vídeo, porque al final, te acabarían viendo. Pero por teléfono, la flexibilidad es enorme.

Te recomendamos tener el currículo, notas personales sobre el trabajo, información corporativa y otros datos que te puedan ayudar a dar la mejor impresión durante la entrevista. También puedes tener una serie de recursos anotados que te puedan ayudar en momentos en los que no sepas qué decir o en los que te puedas sentir un poco atascado.

No tomártelo en serio

Vas a hablar con un reclutador, una persona que podría definir tu futuro laboral. Por ello, no te relajes en exceso. Si te tumbas en el sofá, en ropa interior, con una bebida refrescante en tu mano, lo que harás será modificar tu forma de afrontar la entrevista hasta el punto en el que es posible que metas la pata. Es mejor que no te relajes tanto, porque eso aumentaría tus posibilidades de sufrir algún error a lo largo de la entrevista.

Además de no relajarte demasiado, también tienes que asegurarte de no tener distracciones ni elementos molestos que puedan interrumpir la conversación. Las mascotas, los niños pequeños o las televisiones de los demás miembros de la casa, deberían estar bajo control.

No estar preparado para los problemas

Es muy frecuente que puedan producirse problemas técnicos durante la conversación. Por ejemplo, la señal de la llamada podría verse afectada o quizá tu batería se agote. Lo cierto es que al reclutador no le importan las cosas que te estén pasando y que hagan que la conversación se vea afectada. No te quiere escuchar entando en pánico ni tampoco disculpándote por lo que esté pasando. Lo que quiere es que la entrevista siga y que no se alargue durante una eternidad.

Por ello, tienes que prepararte para las posibles situaciones que se puedan producir. Eso te evitará problemas que no sepas cómo solucionar en el momento. Piensa en todo lo que puede pasar durante la llamada y busca una solución por adelantado para cada una de ellas. Asegúrate de tener el software actualizado, la batería llena, distintas opciones de conexión u otras alternativas.

Hablar demasiado rápido

Con una entrevista telefónica difícilmente tu responsabilidad es la de convencer al reclutador. Si el reclutador te ha incluido en su lista y te ha llamado, es porque ya ha visto algo en ti y sabe qué es lo que está esperando. Por lo tanto, no necesitas convencerle de nada. En lo que te tienes que concentrar es en disfrutar de una buena comunicación, de mantener una conversación fluida y hacer tu parte para que la entrevista llegue a buen puerto por parte de ambas partes.

Uno de los factores clave es que hables de una manera calmada, a un ritmo inferior al habitual, porque el reclutador no puede ver tu lenguaje corporal y eso reduce mucho las posibilidades de comprensión. Por ello, es necesario que te lo tomes con calma y que, sobre todo, dejes hablar a la otra persona. Intenta no saltar al trapo antes de tiempo, porque esas interrupciones que se producen habitualmente por teléfono son bastante incómodas y no te ayudan durante la entrevista. Y si hablas poco, no te preocupes. Es mejor la calidad que la cantidad.

Despedirte con rapidez

Intenta no acabar la entrevista a máxima velocidad como si estuvieras intentando escapar de ella. No se trata de eso. Eso sería lo mismo que, si estuvieras en una entrevista presencial, dieras la mano de forma inesperada y te despidieras. Nadie quiere ver ese tipo de comportamiento, tampoco oírlo. Además, al hacer eso lo más posible es que te dejes con el pensamiento de haber dejado la entrevista en un mal estado y eso generará en dudas y dolores de cabeza que se prolongarán durante días.

Es recomendable que, si te encuentras cerca del final de la entrevista y ya notas que el tema se está agotando, le preguntes al reclutador si está interesado en saber algo más. Así demostrarás un buen nivel de confianza, interés en la persona que se encuentra al otro lado y una personalidad abierta y comunicativa que normalmente le gusta a todo el mundo.

Exagerar

Si pensamos en proporción, estamos más acostumbrados a hablar con amigos, familia o con la pareja a través del teléfono, y no tanto en situaciones profesionales. Por ello, es posible que tengamos la costumbre de adoptar un punto de vista comunicativo distendido, desenfadado, en el cual quién sabe, quizá solemos tomarnos las cosas medio en broma o tendemos a exagerar. Esto, por supuesto, es un riesgo que se extiende hacia el momento de la entrevista.

La exageración no es algo que le gusta a nadie y que, por otro lado, suele ser algo fácil de detectar. Cuanto menos exageremos, mejor. Hay que intentar mantenerse dentro del marco de lo real, porque, como decíamos antes, si ese reclutador ha mostrado interés por ti es porque realmente tienes posibilidades para conseguir el puesto de trabajo.

Agobiar al reclutador

Por último, evitar someter al entrevistador a una ronda de preguntas de esas que agobian y que nadie quiere escuchar venir de la persona a la que se está valorando para contratar. No te obsesiones con cuándo vas a recibir respuesta a la entrevista de trabajo, o no preguntes cuántos candidatos hay, las personas que están respondiendo a esta misma entrevista o si hay varios reclutadores en el proceso. Si te muestras muy obsesionado y un poco paranoico, hasta el extremo de agobiar al reclutador, lo que va a ocurrir es que le des serios motivos para tacharte de la lista de candidatos firmes al trabajo.

Muéstrate sereno, con entereza y sin estar desesperado, porque esos son rasgos que nadie busca en un trabajador, en especial cuando se trata de determinados puestos.

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