La energía solar se afianza como una inversión de futuro

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Finiquitada la época dorada de las constructoras y del ladrillo, los inversores buscan ahora en el horizonte nuevos mercados donde obtener la más alta rentabilidad. Dentro de esta búsqueda, la apuesta por las energías `limpias´ y, sobre todo, por la energía solar fotovoltaica empieza a acaparar el interés de bancos, inversores, empresas, fondos de capital riesgo y promotores más importantes del país.

Según datos de la Asociación de la Industria Fotovoltaica (ASIF) la evolución de este tipo de energía en España esta aumentando exponencialmente año tras año. Así, en el año 2000 había instalados 2,7 megavatios (MWp) de producción eléctrica fotovoltaica; en 2004 existían 28,8 MWp y a finales de 2006 ya eran 156 MWp.

Aunque estas cifras son insignificantes si las comparamos con Alemania, que en la actualidad ostenta la mayor producción de energía fotovoltaica del mundo con más de 3.000 MWp o lo que es lo mismo, prácticamente la mitad de la potencia fotovoltaica del mundo, según los datos aportados por la Asociación Europea de la Industria Fotovoltaica (EPIA).

Las cifras de la patronal europea indican que a finales de 2006 había en todo el mundo 6.500 MWp. EIPA también estima que para el año 2030 habrá 6,5 millones de empleos dependientes de este tipo de energía y que supondrá el 9,4% de toda la demanda eléctrica mundial.

Llama la atención que el país germano (con muchísimas menos horas de sol al año que España, por ejemplo) sea junto a Japón, uno de los líderes mundiales de este tipo de energía. Aunque una razón lógica en el desarrollo de este tipo de energía se debe a las contínuas y firmes políticas de fomento implementadas por el Gobierno alemán hasta no hace muchos meses.

Una creencia falsa sobre este tipo de energía es que a mayor calor o temperatura mayor producción energética. Los agentes y técnicos del sector afirman que las zonas más productivas no son necesariamente las que están situadas más al sur o en las que más calor hace, sobre todo porque el material del que están compuestas las placas solares (silicio) no funciona demasiado bien con exceso de calor, es más, una placa a diez grados bajo cero produce más que una a cuarenta grados, según dicen los expertos.

Así, al instalar las placas fotovoltaicas, además de medir la radiación solar, también se mira la posibilidad de que sea una zona no demasiado calurosa, porque sino en verano la producción se vería considerablemente disminuida.

Visto el filón que supone este tipo de producción energética, ya hay bancos que apuestan claramente por este u otro tipo de energía `limpia´, incluso financian hasta el 80% de la inversión con créditos a 10 años. Aunque no sólo los bancos hacen esta función. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la energía (IDAE) viene otorgando préstamos de hasta el 70% del valor de la instalación a bajo interés. También en el terreno laboral este terreno tiene tirada, con lo cual cada vez es más la demanda para hacer, por ejemplo, un curso de energía solar para ser un auténtico especialista.

Dada la actual desaceleración del mercado inmobiliario, bancos y cajas de ahorros han reducido notablemente su inversión inmobiliaria y buscan nuevos mercados y objetivos donde su dinero adquiera una alta rentabilidad. Con esta perspectiva poco dinamizadora a nivel nacional, las inmobiliarias españolas se han lanzado al mercado exterior y duplicaron su facturación en 2007 en el extranjero hasta alcanzar los 6.200 millones de euros. Según la consultora DBK, para este año esperan obtener algo más de 9.500 millones de euros.

Sin embargo, aparte de la inversión inmobiliaria en el extranjero ¿porqué los inversores miran ahora hacia el sol? Aunque el objetivo ético y ecológico queda muy bien de cara al público (cada kilovatio/hora generado con energía solar fotovoltaica evita la emisión a la atmósfera de, aproximadamente, un kilogramo de CO2), los inversores apuestan por este tipo de energía por la alta rentabilidad que esperan obtener, ya que las posibilidades de la energía solar fotovoltaica son extraordinarias, más aún con los elevados precios del crudo. El marco regulatorio existente en España ofrece una rentabilidad muy interesante, adecuada para conseguir que el país adquiera el tejido empresarial que le permita mantener posiciones de liderazgo mundial.

Actualmente, la inversión en este tipo de energía no supone un alto riesgo y, a cambio, ofrece una rentabilidad anual entre el 8 y el 12%, garantizando una fuerte y prolongada remuneración durante los primeros 25 años y amortizando la inversión realizada entre los 10 y 15 primeros años.

Empresarios y expertos del sector, indican que ahora es el momento de invertir en energía solar fotovoltaica porque, entre otros factores, el Gobierno ha facilitado medidas para que se pueda invertir más facilmente en este sector. En esta sentido, se ha creado un marco regulatorio que promueve un escenario que permite el crecimiento de las energías renovables.

Según lo publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE), desde el pasado 26 de mayo de 2007 se garantiza (a través del Real Decreto 661/07) que las instalaciones de entre 0,1 y 10 megavatios (MPWp) recibirán 41 céntimos por kilovatio (Kw) producido durante los primeros 25 años. Después, el precio desciende a 33 céntimos por Kw producido, mientras que el precio real por producir un Kw ronda los 25 céntimos. Esto deja bien a las claras que durante los primeros 25 años existirá una plusvalía del 43,2% por cada Kw producido, y del 24,2% en los años restantes, lo que se traduce en un suculento botín para los inversores.

No todo son beneficios o facilidades a la hora de explotar o crear una planta de energía solar fotovoltaica. Los principales problemas a los que tiene que hacer frente el emprendedor vienen de la mano de la burocracia tediosa en forma de permisos y licencias. Así, para plantar una instalación solar hay que `pelearse´con la Administración Local (el ayuntamiento debe recalificar un terreno rústico como industrial), con un gestor de red (para que las placas estén conectadas a la red y la electricidad pueda ser vendida), con el órgano competente de cada Comunidad Autónoma y con la Delegación de Hacienda para darse de alta en el Impuesto de Actividades Económicas (IAE) y obtener el Código de Actividad y Establecimiento (CAE).

En definitiva, un enredo burocrático que puede durar entre tres meses y dos años.

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