El barco atacado de Greenpeace

La noche del 10 de julio de 1985 unos miembros de Greenpeace se dirigían a Francia en su barco ‘Rainbow Warrior’ (Guerrero del Arcoíris) con la intención de protestar contra los ensayos nucleares que llevaba a cabo el gobierno francés, presidido por François Mitterrand, pero algo salió muy mal. A partir de esa noche, se produjo un cambio en la ONG, en el gobierno y en el periodismo de investigación francés.

Rainbow Warrior

El Rainbow Warrior III, estrenado en 2011

La intención de los protestantes era manifestarse contra las pruebas nucleares que llevaba a cabo el gobierno francés en el Atolón de Mururoa, en el sur del Océano Pacífico. Ahora bien, en Auckland, una ciudad de Nueva Zelanda, el barco fue atacado con una bomba. Muchos de sus marineros estaban acostados cuando ocurrió este hecho, pero se despertaron sobresaltados creyendo que habían sido golpeados por algo o alguien.

Muchas de las personas que se encontraban dentro escaparon del barco, sobre todo cuando explotó una segunda bomba. Pero Fernando Pereira no. El fotógrafo portugués murió por ese incidente. El capitán Pete Willcox no se lo podía creer, ya que muchas veces Pereira pasaba la noche fuera del barco, en el pueblo. Pero sin embargo su cuerpo fue encontrado en un torrente de agua provocado por la segunda explosión. Había muerto ahogado intentando recoger las cámaras de su camarote, cuando hacía poco tiempo que había cumplido los 35 años. El barco estaba en tan mal estado que era imposible reconstruirlo. Finalmente, en 1987 fue trasladado a las islas Cavalli (en el norte de Nueva Zelanda) donde fue hundido para crear un santuario para la fauna marina.

Los habitantes de Auckland se despertaron al día siguiente con la incertidumbre de si habían vivido su primer ataque terrorista de la historia. Sin embargo, el periódico ‘L’Express’ se encargó de investigarlo todo y sacó a la luz unas informaciones que beneficiaron mucho a Greenpeace y poco al gobierno francés, causando mucho impacto además en la opinión pública.

Según el reportaje de investigación, fue el gobierno francés el que autorizó este ataque con la intención de reprimir la organización ecologista por sus protestas contra sus programas nucleares. Tras la gran presión social que sufrió, aproximadamente un año después, Laurent Fabius, el primer ministro, se vio obligado a afirmar públicamente que los agentes secretos del Estado efectivamente habían estado implicados en el ataque.

Por exigencias de las Naciones Unidas, el gobierno pagó a Greenpeace. Con ese dinero, la organización pudo costearse la construcción del segundo ‘Rainbow Warrior’. Además, por la gran presión de los ecologistas, en 1995 Francia abandonó sus ensayos nucleares y aprobó un tratado en el que se prohibían completamente estas pruebas. Desde entonces, además, la popularidad de Greenpeace fue creciendo cada día más, como su influencia en la sociedad.

Foto: Greenpeace Finland en Flickr

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