Los guardianes de pisos, nueva tendencia de alquiler

La industria de la vivienda encuentra una nueva manera de enfrentarse a los okupas: alquilando a precios reducidos.

España es un país lleno de pisos vacíos. Antaño orgullosos constructores, el negocio del ladrillo siempre ha sido característico y se ha visto representado con el levantado de nuevas viviendas, casas, urbanizaciones y otros lugares de residencia. No obstante, en estos momentos nos encontramos con que una gran cantidad de esos espacios que se construyeron con tanta ilusión se encuentran vacíos. Los precios de los alquileres se han disparado, muchos apartamentos y casas que se usaban en Airbnb antes de la pandemia se han quedado vacíos y el mercado demanda cambios.

Si bien posiblemente lo que necesitaría el país sería una maniobra que permitiera a cualquier familia y ciudadano conseguir un alojamiento digno por un precio competitivo, lo que se va a introducir es algo distinto. Se trata del negocio de los residentes guardianes, alquilados que protegen pisos y espacios deshabitados para tener la seguridad de que los okupas no se meten en ellos.

Este negocio se ha estrenado en otros países y ha tenido mucho éxito, especialmente en lugares como Países Bajos. La idea no es mala, y posiblemente va a suponer la salvación para muchas personas que necesitaban un piso y un buen lugar donde dormir. Pero lo más probable es que se vaya a producir un choque importante con administraciones, asociaciones y empresas dedicadas al negocio de la venta y alquiler de inmuebles.

Esos choques no suelen impedir el progreso y la innovación, aunque suponemos que algún efecto habrá. Dicho esto, ¿En qué consisten estos alquileres a guardianes? El concepto, como decíamos, es simple. Se trata de poner a vivir a personas en lugares que sean sensibles de que acaben okupados. Normalmente son viviendas o edificios en zonas céntricas, ese tipo de lugares que se convierten en auténticos caramelitos para los okupas que buscan nuevos alojamientos donde instalarse.

A los guardianes se les hacen entrevistas personales y se analiza su información con la intención de tener la seguridad de que son candidatos que encajan con el perfil. Se buscan jóvenes, como personas que estén estrenando su primer trabajo, ahorrando para cualquier motivo, estudiantes o desplazados en otras ciudades que tratan de buscarse la vida. Si pasan ese tipo de preselección personal, los guardianes tendrán que comprometerse a cumplir con las exigencias del “puesto”.

No obstante, estas exigencias no son distintas a las que supone cualquier tipo de residencia en un piso de alquiler. Por ejemplo, no organizar fiestas, mantener un comportamiento social adecuado y avisar a la empresa que gestiona el inmueble si se produce algún tipo de avería. A quienes les sorprende el último punto tiene que ser porque nunca han estado de alquiler, ya que no hay duda de que se trata e una obviedad que coincide con todos los alquileres de pisos. En cualquier caso, esto ayuda a dejar claro que las condiciones para conseguir una de estas viviendas son muy reducidas.

A cambio de mantener estas exigencias, los guardianes tienen la oportunidad de vivir en espacios de calidad, bien situados y por unos rangos de precio que son de lo más asequibles. Se habla sobre unos precios de alrededor 200 euros al mes que ya incluyen los gastos correspondientes a los servicios, como es el caso del agua, la electricidad o el gas. Este tipo de propuesta supera con creces las mejores propuestas que se hayan podido ver en el mercado del alquiler.

Es cierto que no todas las veces se habla de pisos, sino que, en ocasiones, son espacios como un edificio de oficinas. Pero el propietario el inmueble hace ajustes y encerramientos interiores que permiten crear espacios de habitaciones con la separación y privacidad necesarias. Así, quienes están buscando un lugar de residencia temporal, lo pueden tener a buen precio.

Otra de las condiciones es que el periodo de aviso para abandonar la vivienda es de 30 días, lo que significa que nos pueden “echar” en un breve espacio de tiempo. Esto, no obstante, no debería ser un problema, en especial si la propia empresa que se dedica a ofertar pisos para guardianes tiene un plan B donde realojar a todos los inquilinos a los que ha “desalojado”.

En último lugar, se impone un periodo de estancia que va desde un mínimo de seis meses hasta un máximo de 3 años, resultando una propuesta de lo más irresistible. En otros países, como decíamos, este modelo de negocio para fomentar el alquiler de espacios que estarían deshabitados de otra manera, está funcionando bien. No sabemos qué ocurrirá en España y si se llegará a convertir en tendencia. Normalmente, lo que vemos en nuestro país es que se replican de forma bastante precisa los resultados de otros países europeos. A priori, da la sensación de que puede llegar a ser una iniciativa. Porque pagando esos precios… seguro que muchos okupas se lo piensan dos veces y optan por convertirse en guardianes de sí mismos.

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