Técnicas básicas para renegociar préstamos e hipotecas con los bancos

Los expertos dicen que es el momento de lanzarse a la aventura de renegociar las hipotecas y otros préstamos, y que para ello el consumidor debe de ser consciente de que el director del banco es como un vendedor de mercadillo al que hay que regatear sin miedo.

Más que un indicador financiero, para los ciudadanos el Euribor se ha convertido durante los últimos años en una auténtica amenaza económica. Hace más de dos años que no para de subir. Sólamente en marzo de este año subió un 4,58%, encareciendo aún más las hipotecas. Aparte de ello, la luz, la gasolina, el pan, el agua, y la leche amenazan las economías domésticas. Pero ¿qué posibles soluciones hay para salir al paso de la crisis económica?. Los expertos debaten cuál es el perfil del consumidor inteligente estos días en Madrid.

A día de hoy, el 85% de los españoles ya se está planteando renegociar las condiciones de sus préstamos, pero son pocos los que se deciden a actuar. La mayoría de los consumidores compra caro y paga más caro aún; viven por encima de sus posibilidades. Y es que si hay algo claro a día de hoy para los analistas es que España no es precisamente un país modelo de ahorradores.

La mayoría de los jóvenes que han contratado hipotecas en los últimos años han sido víctimas del engaño de los bancos y cajas de ahorros, que los han sometido a hipotecas de cuenta vieja. Es decir, con optimismo y una cuota creciente, «un modelo perfecto para gente joven», decía el márketing. Este modelo se basa en que los primeros años el cliente pague poco, y con el paso del tiempo, según vaya mejorando su economía, pueda permitirse ir pagando más.

Otra de las causas de la subida de la vivienda es también la forma de tasar los pisos. Los expertos coinciden en señalar que durante los últimos años, a los nuevos hipotecados se les ha tasado la vivienda a un precio muy superior al que realmente debía ser, lo cual ha favorecido la especulación.

Además, se han concedido hipotecas a diestro y siniestro, muchas de ellas acaparaban casi un 80% de las rentas de las familias – al contrario de lo que los medios de comunicación decían y el Banco de España desaconsejaba -.

Durante los últimos dos años, cada nueva hipoteca se ha encarecido una media de 600 euros.

Los expertos dicen que es el momento de lanzarse a la aventura de renegociar las hipotecas y otros préstamos, y que para ello el consumidor debe de ser consciente de que el director del banco es como un vendedor de mercadillo al que hay que regatear sin miedo.

Pero antes de presentarse en la oficina habitual, para evitar sobre todo hacer el ridículo, es conveniente tener bien resueltos una serie de datos que al cliente le serán de suma utilidad a la hora de renegociar sus préstamos.

Casi el 90% de los españoles declara sin tapujos que desconoce las condiciones concretas de su préstamo hipotecario. Esto es un dato muy en contra del consumidor, que se ve así a merced de lo que su entidad bancaria decida imponerle cuando y como quiera. Es necesario dedicar un día libre al menos a sacar todos los papeles que se han firmado y leerlos y releerlos de arriba a abajo, para conocer los derechos y deberes al detalle.

No importa cuántos años hemos sido clientes de nuestra entidad, ni la antigüedad de nuestros padres o familiares. El consumidor debe de tener bien presente que de ninguna manera debe de adoptar una actitud sumisa ni de agradecimiento ante el banco. No hay porqué caerles bien. Una hipoteca es un intercambio de servicios, en donde ellos dan dinero porque siempre van a recibir más.

Una vez se ha tomado conciencia de la actitud que hay que tomar para renegociar los pagos, hay que asegurarse de que el director de la oficina habitual estará en su puesto de trabajo cuando se vaya a asistir. Nunca se debe de ir a la oficina habitual a renegociar la hipoteca sin haber pedido antes una cita con el director, ya que de otra manera será tiempo perdido.

Es evidente que nadie regalará nada al consumidor, ya que la entidad bancaria estará siempre reacia a obtener menos beneficios de lo esperado. Por ello es necesario ofrecer los argumentos con claridad y contundencia, pero sin levantar la voz ni hacerse la víctima formando un espectáculo delante de quienes allí estén. Hay que dejar claro que no se quiere una rebaja de hipoteca porque no se pueda pagar, sino porque se es un buen cliente, la casa vale más y hay ofertas mejores.

En ocasiones, y aunque parezca mentira, los expertos aseguran que puede compensar más pasar la hipoteca a otra entidad en lugar de mantenerla en la misma en que se contrató. En el mercado español hay más de 200 tipos de hipotecas diferentes. Cada banco adapta las condiciones al tipo de cliente. Por tanto, es necesario comparar y no conformarse con la primera oferta que llegue a las manos.

Habitualmente las entidades financieras tratan de «colocar» a los incautos un tipo de hipoteca a la que en principio rara vez dan salida: la de cuota creciente. La cuota creciente es muy atractiva siempre y cuando los tipos se mantengan. En los periodos alcistas, como el que vivimos en la actualidad, el efecto de crecimiento de la cuota siempre se multiplica.

Otra táctica de los empleados de banca para atemorizar al cliente y acobardarlo es empezar a utilizar un discurso repleto de palabras técnicas para marearlo y acabar toreándolo a placer. El consumidor nunca debe de dejarse avasallar por este tipo de lenguaje. Si no se entiende algo, no hay que tener ningún miedo en preguntar qué es.

Si se ven en desventaja, lo más seguro es que aparentemente cedan y pongan sobre la mesa nuevos papeles que harán firmar. No hay que firmar absolutamente nada. Se puede estar firmando la solicitud de una nueva hipoteca, con lo que se sufragarían más gastos para el estudio de la misma.

El cliente tiene también armas para presionar al banco. No hay que regalar la domiciliación de la nómina. Cuando se tiene una hipoteca en un banco, no hay porqué suscribir todos sus productos. La domiciliación de pagos es un arma de negociación, siempre.

Finalmente, a la hora de reclamar algo, hay que tener bien presente que toda queja que no vaya por escrito no tiene validez alguna.

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