¿A qué nos expone sufrir un alto nivel de estrés?

El estrés tiene una mayor influencia en nuestro estado de salud de lo que podamos imaginar, por lo que hay que mantenerlo a raya.

El estrés es uno de nuestros mayores enemigos. Nos persigue y nos acosa de una forma tan constante que es imposible olvidarse de él. Cuando mejor estamos es cuando más oportunidades tiene de aparecer y estropearnos la buena racha. Por ello, hay que estar preparados ante cualquier indicio y bloquear la amenaza del estrés antes de que se convierta en un problema mayor del que debería ser. Porque, por desgracia, el estrés es una de las causas principales que nos llevan a sufrir serios problemas de salud.

Ataques al corazón, presión arterial alta u otros problemas de salud están provocados por el aumento en los niveles de estrés. Debido a ello, hay que ponerle remedio lo antes posible y equilibrar nuestro estado de ánimo de forma que el estrés no vuelva a ser algo relevante en nuestra vida.

Es posible que pienses que tu circulación sanguínea es normal y que no hay nada de lo que preocuparse. Pero, lo que no sabes, es que todos esos incidentes de estrés que vas acumulando y que te dejan agotado después de sufrirlos, están influyendo en que poco a poco tu salud se deteriore. Lo que hoy puede ser algo que no notas, es posible que, en 10 años, termine como una hipertensión que ya te acompañe durante toda la vida. También es algo que puede afectar al corazón, desarrollando enfermedades y problemas que no se pueden solucionar con una simple toma de medicación.

Dicen algunos estudios que el estado de salud del corazón está muy relacionado con lo que ocurra en nuestra cabeza. Es decir, que los sentimientos positivos y negativos que enviamos desde el cerebro pueden llegar a influir en el estado de salud del corazón, llevando a que podamos sufrir más o menos enfermedades dependiendo de cómo nos sintamos en la cabeza. Por ello, el estrés es un factor que tiene muchas posibilidades de afectar negativamente al estado de salud del corazón.

Las conclusiones positivas que se sacan de los estudios demuestran que, no obstante, la conexión que existe entre la mente y el corazón es bidireccional. Esto significa que, si bien el estrés, la ansiedad, la frustración o la depresión, pueden derivar en sufrir enfermedades del corazón, también se produce el efecto contrario. Por lo tanto, ser felices, transmitir vibraciones positivas a nuestro cuerpo y estar en plenitud, hará que nuestra salud mejore y que el corazón se encuentre más sano. No hay un momento en el cual se impida seguir influyendo sobre la salud del corazón, por lo que, sin importar la edad, hay que comenzar cuanto antes e intentar que nuestro corazón esté lo más sano posible gracias a la influencia que le proporciona nuestro estado de ánimo.

Los estudios que investigan la relación del estrés con los problemas del corazón se concentran en el análisis de varias hormonas que son las que reaccionan a nuestro estado de ánimo. Así, cuando sufrimos estrés, se modifica la acción de las siguientes hormonas: cortisol, epinefrina, norepinefrina y dopamina. Los niveles de estas cuatro hormonas aumentan de manera considerable mientras estamos sufriendo ataques de estrés, frustración u otros sentimientos negativos. Se estabilizan en el momento en el que nos hemos relajado, pero algunas de ellas pueden permanecer elevadas durante cierto periodo de tiempo. Todo ello nos expone a problemas de salud como la ya mencionada hipertensión, en especial cuando el aumento de las hormonas se prolonga demasiado tiempo en nuestro organismo.

¿Qué hacer para blindarnos ante el riesgo para la salud?

Seguro que hay quien nos diga, en nuestro círculo cercano, “pues no te estreses”. Pero está claro que las cosas no son tan sencillas. Sabemos que tenemos que evitar el estrés, los problemas que nos generan ciertas situaciones y la frustración y otras emociones negativas. Pero no siempre es fácil ponerle remedio ni enfrentarse a este tipo de situación.

No obstante, hay que intentarlo. Una de las formas de no estresarnos es no exponiéndonos a aquello que nos produce el estrés y que es muy probable que sepamos identificar. Por ejemplo, si siempre que discutimos con un compañero de trabajo acabamos estresándonos, resoplando en nuestra mesa de la oficina y deseando no trabajar más con esa persona, es recomendable que evitemos esos casos. Normalmente sabemos cómo va a terminar una conversación de este tipo antes de que comience. Por lo tanto, ¿por qué exponernos a ello? Realmente no merece la pena.

Lo mismo se puede aplicar a muchos otros contextos. Por ejemplo, hay personas que discuten con mucha contundencia con su pareja y que saben que, al final, todo va a solucionarse de una manera u otra. Muchos especialistas recomiendan evitar la confrontación directa con el ser amado. Es más productivo, en el momento de mayor tensión, retirarse de la discusión y volver a hablar, con más calma, pasadas unas horas. Al evitar ese momento de mayor crisis se están reduciendo de forma considerable los niveles de estrés. En este caso también ayuda saber que todo se solucionará más cordialmente una vez se hayan calmado los ánimos, lo que impide que el nivel de estrés crezca de forma problemática.

Es crucial que, ante todo, sepamos cómo impedir que el problema pase a mayores en el momento en el cual estemos sintiendo que nuestro cuerpo se comienza a estresar. Tenemos que detectar ese factor de activación y reaccionar a tiempo para que todo lo negativo que estamos sintiendo se convierta en algo positivo. Lo más importante es reaccionar con rapidez y transformar aquello que podría causarnos problemas de salud en una sensación neutral que no genere ningún tipo de inconveniente.

¿Qué métodos se pueden usar para ello? Cambiar los pensamientos negativos y pasarlos a que sean algo neutral o positivo no es fácil. Hay personas que lo que hacen es tener un pensamiento positivo al que pueden aferrarse en cualquier tipo de momento como si se tratase de un salvavidas. Este pensamiento positivo puede ser cualquier tipo de idea, imagen o recuerdo. Por ejemplo, un ser querido, una mascota, un momento, una sensación o incluso un olor que recordemos y que nos transmita paz y serenidad.

Otra de las formas en las que podemos superar esos sentimientos de estrés y frustración son mediante la práctica de actividades que nos relajen. El yoga sigue estando entre las actividades de mayor demanda. Participando en sesiones de relajación con yoga llegaremos a sentirnos en plenitud y a liberarnos de esas sensaciones de estrés y malas emociones. No hay que hacer largas sesiones, sino que con practicar yoga de una manera habitual en momentos clave podremos sentirnos mejor. Junto a ello, la meditación es otra de las mejores maneras de dejar que la mente libere todos esos pensamientos negativos que tenemos a nuestro alrededor y que podemos estar sufriendo debido a circunstancias ajenas a nosotros.

Las respiraciones profundas también funcionan. Hay que contar hasta 10 cuando comenzamos a sentir que el estrés se apodera de nosotros y que podemos llegar a tener una reacción negativa a todos los niveles. Relajémonos y hagamos una pausa en todo lo que estamos haciendo. Eso nos permitirá recuperarnos y encontrarnos mejor para continuar con fuerza y un buen ánimo. El estrés puede ser un gravísimo problema, pero la buena noticia es que nosotros mismos podemos ponerle freno para tenerlo controlado y nunca dejar que se extienda más de lo que le permitamos.

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