Recomendaciones para gestionar los ataques de ira y salir airoso de ellos

La ira puede ser algo que derive en serios problemas de salud, por lo que hay que ponerle remedio de forma saludable.

La ira es algo que todos sabemos que no es bueno y que debemos evitar sentir por todos los medios posibles. Pero, por desgracia, hay momentos en los que es inevitable. En ese tipo de situaciones, lo que marca la diferencia es cómo gestionemos la ira, la cual se puede manifestar de distintas maneras y estar provocada por una amplia serie de razones.

Dicen los expertos, que sentimos ira porque, de manera directa o indirecta, nos sentimos provocados o amenazados. El concepto, por supuesto, es amplio y ambiguo. La ira se materializa en distintos grados e incluso una sensación de irritación más o menos contundente, se puede considerar como ella. En los peores casos, la ira se apoderará de nuestra mente e incluso la nublará, dirigiéndonos a un estado de rabia del cual nunca se sabe qué puede llegar a salir (pero normalmente, nada bueno).

La ira puede tener consecuencias devastadoras para nuestra salud, siendo una de las causas que derivan en posibles ataques al corazón o incluso enfermedades cardíacas crónicas. Por ello hay que hacer todo lo posible para que no nos encontremos en una situación que nos enfrente a ello. Pero como sufrir ira en alguna ocasión es algo que no se puede evitar, lo mejor que podemos hacer es aprender a gestionarla y que así su efecto no nos pase factura de una manera grave.

Respira hondo

Seguro que te suena de películas en las que sus personajes han participado en terapias del control de la ira. De forma popular todos sabemos que lo que hay que hacer cuando nos encontramos en ente tipo de situación es respirar hondo y esperar.

La respiración debe durar, al menos 10 segundos, y tiene que ser profunda. Los efectos que se producen en el organismo cuando nos enfadamos y entramos en ira incluyen aumentos drásticos tanto en la presión sanguínea como en el ritmo cardíaco. Respirando hondo, lo que estaremos haciendo será regular esos factores para que nos podamos encontrar bien de nuevo. Lo mejor es tomárselo con la mayor calma posible, relajarse y contar todos los segundos que podamos.

Al terminar la respiración, seguro que nos encontramos mejor. Pero no hay que conformarse con eso. Es recomendable que realicemos alguna sesión de meditación y relajación. Por ejemplo, que practiquemos yoga después de haber tenido este coqueteo con la rabia más impulsiva. Eso nos ayudará a relajarnos del todo. Si el yoga no es lo nuestro, también podemos llenar la bañera, poner unas sales relajantes y descansar un poco dentro del agua a una temperatura que nos resulte agradable. Hay muchas formas de dar la puntilla a este momento de relajación con respiración que hemos utilizado.

Saca la ira que tienes dentro

Es necesario y casi obligatorio, que saques la ira que estás sintiendo. Si la dejas dentro y te la comes, lo que harás es que esa ira se convertirá en algo peor. El resultado puede ser variado, desde que la ira te produzca un ataque al corazón hasta que se convierta en el detonante de problemas psicológicos que te entorpezcan a diario en distintas acciones.

Por eso, tienes que sacar la ira fuera. Dicen los profesionales que una buena forma de hacerlo es reconduciendo la ira hacia algo productivo. Es decir, se trata de transformar la ira y todo lo malo de esta, en algo que resulte positivo para nosotros. Hay personas que, cuando sienten ira, son más eficaces en su trabajo, doblando la tasa de esfuerzo y rendimiento que aplican. En otros casos, la ira es la moneda que se tiene que pagar para alcanzar los mayores niveles de imaginación y genialidad. Así, hay muchos artistas que, por ejemplo, han realizado sus mejores trabajos tras sentir severos sentimientos de ira.

No compartas tus malos sentimientos

Normalmente, si estamos tristes, al hablar con alguien nos sentimos mejor. Todo se trata de compartir la carga que llevamos y así intentar que resulte un poco más sencilla de cargar. Pero, con la ira, no es algo que esté recomendado. El motivo de ello es que, al hacerlo, no estamos dejando la ira en segundo plano como hemos recomendado antes, sino que la estamos poniendo en primero e incluso estamos cayendo en el error de mantener la llama encendida por nuestra propia cuenta.

Porque mientras contamos lo que nos ha pasado, estaremos reafirmando esas malas vibraciones. Quizá la otra persona haga algo que nos ayude a relajarnos, pero es poco probable que sea suficiente. Por ello, es recomendable que si nos vemos en este tipo de situación comencemos a compartir esos sentimientos y que los intentemos solucionar por nuestra propia cuenta.

Cambia lo malo por lo bueno

¿Y si luchamos el fuego con calma y amor? Esa es otra de las mejores cosas que podemos hacer. Mientras estamos sintiendo toda esa ira y rabia, podemos refugiarnos en los brazos de una persona a la que apreciemos. Por ejemplo, nuestra pareja, nuestros padres, hermanos o incluso buenos amigos. Un buen abrazo en el momento oportuno puede ayudar a que se reduzca mucho nuestro nivel de estrés y que pasemos a encontrarnos mejor en poco tiempo.

También son un buen refugio para nuestros sentimientos las mascotas, a las que también podemos recurrir en busca de cariño y de un abrazo. Otras opciones alternativas incluyen intentar reír viendo o leyendo algo que nos haga mucha gracia o entretenernos con algún tipo de contenido que nos haga sentir bien. Nadie olvida cómo, por ejemplo, tras el ataque del 11 de septiembre, los videoclubs de todo Estados Unidos agotaron con rápidamente los DVD de la película de Jim Carrey que estaba de moda en esos momentos.

No te desfogues físicamente

De forma popular se cree que esta es una de las mejores formas de enfrentarse a los ataques de ira. Pero, en realidad, se trata de un error. Hay prisiones en las que permitían que los presos enfadados y que estuvieran de mal humor golpearan puñetazos a un saco de boxeo. Pero esto, por ejemplo, es un error, puesto que lo único que hace es reforzar la relación que existe entre sentir ira y el contacto o la violencia física. Por ello, es recomendable que no nos dejemos llevar de una manera física por reacciones adversas.

Todos hemos visto alguna vez a una persona que ha reaccionado de forma violenta a un sentimiento de rabia. Por ejemplo, portazos, golpes en la mesa, golpes en la pared o hasta emborronarse tu mente de forma que lanzas tu teléfono móvil al suelo sin pensar que, posiblemente, lo vas a romper. Tampoco es recomendable salir a correr o ir en bicicleta, puesto que el cansancio y el aumento del ritmo cardíaco juegan en contra de la calma de esos malos sentimientos.

No ignores la ira

Tampoco es conveniente que ignoremos esos momentos de ira y que no hagamos nada para remediarlos. Al final, uno por uno, irán sumando y sumando hasta que lleguemos a una situación en la que nos afecte de forma muy negativa. Además, al ignorar el problema lo que estaríamos haciendo sería condenarlo a apalancarse con el paso del tiempo y a reactivarse cada vez con más fuerzas cuando nos vuelva a ocurrir algo similar. Porque no olvidemos que, por muy bonito que sea el mundo, siempre habrá cosas en un momento u otro que serán capaces de generarnos altos niveles de ira y enfado.

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