La vida, la muerte y la importancia de recordar a todas las personas

Me cruzo con la vida y el recuerdo de una persona casi anónima, desconocida, a quien descubro y rindo homenaje.

A veces nos obsesionamos con nuestro trabajo, con nuestros proyectos como emprendedores, con nuestra empresa. Buscamos llegar alto, ser los próximos Steve Jobs, Mark Zuckerberg o Bill Gates. Es probable que no lo consigamos. Es posible que la vida pase ante nuestros ojos y que nuestra aportación al universo consista en haber tenido una buena vida, haber disfrutado de risas, lágrimas, pero, sobre todo, de felicidad. Cuando nuestra llama se apague, nuestra familia y amigos nos recordarán. Cuando ellos fallezcan, pasaremos a formar parte de un recuerdo mayor, el de la historia de la humanidad. Pero eso no significa que no tengamos derecho a buscar la inmortalidad de la memoria.

En realidad, todos deberíamos ser recordados. La humanidad, como sociedad, debería disponer de una gigantesca base de datos que rinda tributo a cada una de las personas que han pasado por la tierra en algún momento. No hablamos de sistemas de árboles genealógicos, o de Ancestry y demás plataformas, y ni mucho menos, de esas aplicaciones que te permiten animar fotos de personas fallecidas (siniestro). Hablamos de algo distinto, de una forma en la que todo el mundo perdure en el recuerdo global de la humanidad.

Todos deberíamos tener esa capacidad para, incluso después de fallecer, aunque hayamos sido una persona anónima, impactar en otras personas y presentarnos ante ellas de una manera natural. Cada vida vivida cuenta, cada experiencia pasada, es importante. ¿Te gustaría que se te recordara por los tiempos de los tiempos? ¿Qué personas que no te conocen te descubran y te envíen, estés donde estés, su energía? En Internet hay millones de personas fallecidas cuya memoria no está de más celebrar y homenajear.

Hace unas horas he conocido a Kenneth Alonzo Lary Jr., a quien sus amigos y familia llamaban “Chip”. No le conocí. Encontrarme con su nombre, fue una casualidad. Estaba mirando listas de películas en letterbox.com y, en una de ellas, alguien le agradecía a Chip el trabajo que había hecho antes de fallecer, dándole las gracias también por haberle animado a él. Ese comentario de despedida venía con una referencia al nombre de usuario de Chip en Letterbox.com.

Entré. Quería saber quién fue Chip y, si sirve de algo, demostrar que su vida tuvo un impacto y que continúa haciéndolo más allá del gran cariño que su familia debe tener por él. En su perfil de letterbox descubrí que sus películas favoritas eran La princesa prometida, Lawrence de Arabia, Tú a Boston y yo a California y Los Siete Samuráis. Buen gusto, sin duda. Y también descubrí que las últimas películas que vio antes de fallecer, fueron El Vermeer de Tim, Stake Land y Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 2, en ese orden.

Desde letterbox veo el enlace a su blog. Entro y descubro toda la historia que tenía con el libro “1001 películas que debes ver antes de morir”, del cual era admirador y que había comenzado a usar como referencia años atrás con la misión de ver todas las películas del volumen (aunque cada año se revisa y se añaden unas y se eliminan otras). En aquel entonces se encontró con un grupo de blogeros que se dedican a publicar críticas de las películas del libro, como un gran desafío en el cual todos van avanzando hasta que han cumplido con la meta de haber visto las 1001 películas de marras.

Ahí fue donde, según entendí, conoció a ese amigo con el que compartía su afición por el cine, el que le mencionó en el listado de Letterbox. Juntos se intercambiaban pequeñas listas de recomendaciones con el objetivo de que el otro las viera y luego publicara sus propios comentarios acerca de las películas. Era divertido y entrañable. Por algún motivo, me acuerdo de la película Paddleton, en la cual el personaje de Ray Romano está muriéndose, pero eso no le impide disfrutar de unas emotivas veladas de cine en casa con su amigo, interpretado por Mark Duplass. Me imagino a Chip con su amigo de Letterbox intercambiando opiniones de las películas y recomendaciones.

No obstante, parece que la enfermedad de Chip no era algo que viniera de lejos. Por los posts de su blog, se puede ver que tuvo dolores y problemas con la vesícula. En sus últimas publicaciones hablaba de cómo se estaba recuperando después de una intervención. Por desgracia, las publicaciones de su blog terminaron el día 16 de abril de 2016. Falleció el día 21 de abril.

Encuentro otro de sus blogs donde habla de cómo seguir las listas de películas, incluidas algunas de IMDB, y comentarios muy variados de todo lo que iba viendo. Era una eminencia en cuanto a cine. Según Letterbox, había visto más de 7.000 películas. En uno de sus comentarios mencionaba que no sabía si le iba a dar tiempo, pero posiblemente no estaba hablando de las películas del libro, las cuales lo más probable es que tuviera la oportunidad de ver sin problemas. O eso me gusta pensar.

En su blog también comenta que es un gran aficionado al senderismo, e incluso tiene una lista de todas las rutas que ha realizado con publicaciones en las que detalla la experiencia y comparte fotografías. Sorprende lo fácil que es conectar con una persona a la que no conoces, de un país remoto al tuyo y que falleció hace años. Pero, al mismo tiempo, resulta interesante y homenajear la memoria de esta persona fallecida no supone ningún esfuerzo, sino que incluso es algo que sienta bien. Las fotos que hacía Chip eran bonitas, preciosas en algunos de los casos. Le encantaban las plantas y la naturaleza. Cuenta que no publicaba tantas criónicas de senderismo como le hubiera gustado, porque se dedicaba a escribir de senderismo cada vez que terminaba una lista o categoría de cine, a modo de paréntesis.

Busco sus opiniones sobre algunas de mis películas favoritas. Sus opiniones coincidirán más o menos con las tuyas, pero están muy bien elaboradas. Habría sido un buen crítico de cine, aunque trabajaba como Project Manager, por lo que su profesión se alejaba de su afición. En cualquier caso, tenía unos buenos gustos. Descubro que era fan de Marvel y lector de cómics. Se quedó maravillado con la primera película de los Vengadores (¿Y quién no?) y le gustó Clerks, la mítica película de Kevin Smith.

Tras exprimir su blog, pongo rumbo hacia lo inevitable: el final. Descubro su nombre completo en ese momento, mismo instante en el que encuentro una foto de su lugar de descanso, con la lápida y la inscripción de su nombre. Es inevitable sentir un escalofrío, quedarte un segundo sin soltar el aire que habías inspirado antes, cuando estabas cargando la imagen en thumbnail dentro de Google Imágenes. En ese segundo, el cual parece una eternidad, es cuando tu cerebro razona que Chip era realmente una persona real y que falleció hace años. Se produce una oleada de sensaciones y emociones. Es imposible no emocionarse, porque durante unas horas, en esa exploración de su diario, de su afición por el cine y de sus comentarios, has conectado con él como si le hubieras conocido, aunque solo fuera un poco.

Veo su foto, sonriente, simpático, entrañable. En su blog solo se podía ver una foto de cuando era muy joven, pero en la página del obituario se puede ver el aspecto que tenía posiblemente en la época en la que falleció. Parecía buena persona. Nació el 14 de julio de 1964 y falleció en 2016, por lo que tenía 51 años. Nació en Waterville, en Maine, aunque creció en Vassalboro. Su padre se llamaba como él, Kenneth Alonzo y su madre era Barbara Jean Brown Lary.

Se graduó del instituto Cony en el año 1982 y después entró en la universidad Thomas College. Allí demostró sus aptitudes al graduarse summa cum laude. Trabajó en distintas empresas como analista y programador informático, como Bath Iron Works o Hathaway Shirt Company. Además del cine, otra de sus pasiones era la genealogía, lo que le llevó a escribir dos libros relacionados con la genealogía de Parkman, uno de los mayores historiadores de Estados Unidos.

Otras de sus aficiones, además del cine y el senderismo, incluían la música, la lectura y disfrutar del Arcadia National Park, el cual por lo que se veía en su lista de rutas, era su lugar favorito. En el momento de su muerte, su padre ya había fallecido, pero tuvo en todo momento a su madre, a sus hermanas, a sus sobrinos, sobrinas, primos y tíos. Su familia pidió que, en vez de enviar flores, sus amigos hicieran donaciones a la American Heart Association.

Kenneth, Chip, falleció. Dejó atrás un legado extenso que podéis encontrar en la red y que posiblemente seguirá online durante mucho tiempo, ya que su blog está alojado dentro de Blogspot. Dentro de Letterbox le podéis encontrar con el nombre de usuario tipsfromchip y, a partir de ahí, podréis llegar a todo lo demás de lo que he hablado.

He decidido no poner ninguna foto suya en el artículo porque mi intención no es generar una reacción lacrimógena en quienes estén leyendo este texto. Por respeto a su persona he decidido decorar el texto con una foto de cada una de sus cuatro películas favoritas. Sus fotos de paisajes y de él mismo las podéis encontrar visitando su blog. No sé dónde estará Chip, y qué opinaría de que alguien de un lugar tan lejano como España estuviera pensando en él años después de fallecer, pero esté donde esté, me gustaría decirle que su vida no fue anónima, que, seguro, marcó a muchas personas y que yo, al menos, no le olvidaré. Quién sabe, quizá algún día pueda recomendarme alguna película. A los que habéis leído este texto, no olvidéis lo preciosa que es la vida, así que por mucho que trabajéis, emprendáis y os superéis, disfrutarla.

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