El papel de la banca después de la crisis financiera mundial

Se ha dado un paso importante para la banca mundial, dado que el riesgo inmenso al que se vio abocada la economia mundial después de la crisis inmobiliaria, obligo a repensar la posición del gobierno sobre las intervenciones economicas.

Hace aproximadamente 4.000 años, en Mesopotamia, se custodiaban en sus templos lo que se podría considerar hoy en día los dineros públicos: mercancías, granos y bienes preciosos. Las personas iban a estos lugares y una vez depositados sus bienes en los templos, los encargados de cuidarlos emitían un recibo a sus propietarios, que les permitía volver por sus posesiones. Es de recalcar que la escogencia de los Templos se daba porque estos contaban con la seguridad y la confianza necesaria para este trabajo por parte de sus depositantes.

Varios años después, en la Edad Media, un grupo de personas funcionaban como cambistas en las ferias donde se reunía todo el pueblo. Este gremio tenía en sus obligaciones el cambiar, recibir y contar el dinero de las personas que iban a las centros de comercio de la época. Esas personas estaban vigiladas por la autoridad, y fueron las que dieron unos de los nombres a una de las instituciones más importantes de nuestra época: la banca, puesto que estos permanecían sentados en una de ellas mientras trabajaban.

De la misma manera que se les dio el nombre a la banca gracias a que estos personajes ejercían su profesión sentados en una de ellas en un lugar seguro, también les dio el nombre a uno de los fenómenos económicos menos queridos por todos. Cuando estos agentes no cumplían con sus obligaciones y abusaban de su poder, los funcionarios públicos iban hasta sus lugares de trabajo y lo destruían, dejándoles la banca-rota.



En ese sentido, es importante ver que desde sus principios hasta nuestros días, es la confianza en el sistema financiero lo que lo mantiene como el guardián de los dineros públicos. Gracias a esto, la banca tiene la capacidad de prestar los dineros que los depositantes dejan a su encargo, para de esa manera ganar y al mismo tiempo poder servir como intermediario en la economía nacional.

Por otra parte, es esa confianza en los bancos lo que permite que toda la economía avance y se desarrolle, puesto que se está en capacidad de dar créditos para las inversiones y el consumo necesario. De esa forma, los bancos logran ejercer la función más importante de cualquiera de los actores de una economía, al ser quien guarde el dinero de todos los ciudadanos, preste el capital necesario para las empresas y otorgue el dinero requerido para comprar los bienes y servicios de su aparato productivo.

Sabiendo lo anterior, es casi catástrofico encontrarnos en una coyuntura en la que el sistema financiero más poderoso del planeta se encuentra en una de sus mayores crisis, la que habrá de cambiar de manera estructural su funcionamiento. La crisis inmobiliaria de ese país desató una tormenta financiera, llegando a afectar a los bancos más importantes y grandes de la mayor potencia económica del mundo, lo que sin duda alguna tendrá efectos muy duraderos.

El asunto es tan crucial en estos momentos, que el economista Joseph Stiglitz se ha pronunciado diciendo que: «la caída de Wall Street es tan importante para el capitalismo como la caída del Muro de Berlín para el comunismo«. Lo anterior recuerda mucho a la frase dicha hace casi ocho años por el prestigioso director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, «la crisis en Argentina es tan profunda para el neoliberalismo como lo fue la caída del Muro de Berlín para el comunismo«.

Debido a lo anterior, y a la gravedad del asunto, debemos repasar las lecciones que estas crisis nos dejan, dado que es la única manera en la que se puede evitar que las mismas se repitan.

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta en esta crisis, es que no hay razones para entrar en pánico generalizado frente al clásico negocio de la banca, puesto que el mismo ha logrado mantenerse a flote en este momento tan duro. El que las instituciones más tradicionales a nivel mundial como Bank of America o Deutsche Bank se mantengan en pie y sin problemas, es una señal muy positiva. Por otra parte, también es importante ver que la Reserva Federal de Estados Unidos ha dicho que tanto las inversiones del público, como sus ahorros se encuentran actualmente protegidos y asegurados.

Las personas dicen que dos cosas se han quebrado casi de manera permanente en esta crisis financiera: el sistema como tal y la ideología neo-liberal. El que haya tenido que ser el gobierno, tanto en Europa como en Estados Unidos, el ente encargado de solventar esta crisis demuestra, según quienes ven en las teorías de Milton Friedman un gran error, que el neoliberalismo económico ha hecho añicos.

En ese sentido, estoy seguro que primará de nuevo el punto medio y habrá de nuevo una regulación más fuerte por parte del gobierno sobre el manejo que los bancos den a sus depositos. Igualmente, se debería volver a primar el negocio de la captación de recursos y la entrega de préstamos sobre los demás posibles negocios de inversión de la banca.

La razón radica en que los bancos no son sólo un negocio, sino el corazón de todo el sistema económico por el que pasa toda la liquidez que la economía necesita. Por muy ambiciosas que sean las utilidades que los negocios de alto riesgo puedan prestarles, no justifica que los depósitos del país se arriesguen de esa manera. Una crisis como la que vivió Estados Unidos, en caso de no haber contado con la ayuda del gobierno central, podría haber afectado de manera concluyente todo el sistema económico del mundo.

Estos hechos demuestran que es falsa que la intervención del Estado es un error, que solo contrae ineficiencia, burocracia y corrupción. De ser así, serían ineficientes los más de 300.000 millones de dólares que el gobierno de los Estados Unidos ha entregado para solventar la crisis, y también serían muy ineficientes los 700.000 millones que piensa otorgar.

A futuro no será extraño ver un sistema financiero mundial más tradicional, con unas ganancias más someras para sus accionistas, pero con la confianza necesaria para todos los actores económicos.

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