Consejos para conseguir triunfar con tu negocio

Si estamos emprendiendo y no tenemos muy claro a qué nos exponemos, habrá algunos consejos que nos ayudarán a empezar con buen pie.

Comenzar un nuevo negocio no es fácil. Cometemos muchos errores y aunque algunos solo nos retrasan, otros se pueden convertir en un serio dolor de cabeza que nos acompañe durante años. Nadie nace aprendiendo a nada y, en especial con los negocios, todo es aún más complicado. Por ello queremos intentar echaros una mano en la medida de lo posible para que tengáis un poco de guía, un punto de apoyo en el cual podáis ver reflejadas algunas de las preocupaciones a las que nunca hay que dar la espalda.

Toma buenas decisiones

Qué fácil es decirlo, ¿verdad? En realidad, todos tenemos en nuestro interior, en un rinconcito de la cabeza, una voz, como la de Pepito Grillo, que nos suele decir que tiremos para adelante algo o que lo dejemos pasar. El problema es que, por lo general, ignoramos a esa voz y la dejamos tan oculta en nuestra mente, que al final no acaba sirviendo de nada.

Una de las cosas que nos dice esa voz es que no tomemos ciertas decisiones, que no tratemos de avanzar con un negocio determinado para el cual las posibilidades de éxito son reducidas. Pero ¿Qué ocurre? Que suele ser ese negocio “casi imposible”, el que más nos convence y llama la atención. Es el que queremos probar de todas las formas posibles, el que nos apetece, el que nos da la vida y que nos ilusiona cuando nos imaginamos trabajando en ello.

Pero ¿Sabéis qué? Lo recordamos de nuevo: las posibilidades de éxito son reducidas, y las de fracaso… altísimas. Al mismo tiempo, tenemos otra idea. Una idea que no nos entusiasma, pero que tenemos claro, por mucho que nos moleste, que va a tener éxito. Éxito dentro de la medida de lo aceptable, al menos. Explicándolo de una manera que resulte más fácil de entender: el primer proyecto nos hará perder dinero y, el segundo, nos lo hará ganar (cuánto ya es otra cosa, no esperemos estar hablando de ideas millonarias). La cuestión es que, sin alguien que nos lo recuerde, lo más probable es que probemos el primer plan y acabemos escaldados. ¿A quién no le ha pasado?

A veces hay que apretar un poco los dientes, suspirar si queréis (a nadie le va a pasar nada porque lo hagáis) y poneros a trabajar en lo que os va a ayudar a comer. Porque al final, lo importante es que el flujo de ingresos fluya de una manera adecuada. Pensemos que, si la idea tiene éxito, luego tendremos más presupuesto para invertir en el proyecto que más nos motivaba inicialmente. Quizá, con ese presupuesto añadido, se convierta de una idea “casi imposible” en una “casi posible”.

Concéntrate en lo que tienes que hacer

Uno de los problemas de muchos emprendedores radica en la forma en la que invierten su tiempo de manera desmesurada en tareas que no son tan necesarias como podrían imaginar. ¿Por ejemplo? Es común pasarse horas y horas diseñando un logo, eligiendo la fuente con la que se publicará el texto de la página web o seleccionando otros pequeños detalles a los que posiblemente el 99% de nuestros clientes o de los curiosos no les dará ninguna importancia.

Podemos pasarnos 2 días trabajando de forma intensa en el logo, pero nos ralentizará tanto de nuestros objetivos y se convertirá en una losa tan grande, que los problemas se acumularán. Iremos retrasados, invertiremos recursos de tiempo, esfuerzo y energía que son muy valiosos y, en general, avanzaremos sin, en realidad, estar avanzando. Por mucho que nos pasemos horas y horas con el logo y, por mucho que lo terminemos, de nada servirá si no hay un negocio con el que ponerlo en marcha.

Aprende a hacer outsourcing

Otro de los problemas del emprendedor, sobre todo del que está empezando a intentar sacar adelante su negocio, es que trata de hacerlo todo por sí mismo. Y cuando decimos todo, es todo. Lo problemático en este caso es que para afrontar la mayor parte de tareas, este profesional no tiene ningún tipo de conocimiento o, como mucho, algunas ideas generales sobre lo que debe hacer.

Es decir, que lo que tiene que llevar a cabo “le suena”. Y piensa que, partiendo de esas referencias que tenga en su cabeza y, con esfuerzo, podrá hacer cualquier cosa. En cierta manera, sí podría ser posible. ¿Por qué no? Con esfuerzo todo se puede. Lo que haciendo esto no estaremos viendo será que estaremos invirtiendo muchísimo tiempo y esfuerzos, así como atención, en algo que deberíamos dejar para que lo hiciera otra persona. Ahí es cuando entra en juego el outsourcing.

Cuanto antes entendamos que el outsourcing es la solución y que nosotros no podemos hacer todo lo que se nos ocurra, antes comenzaremos a ser más productivos. Y, por otro lado, con outsourcing tendremos claro que los resultados que obtendremos estarán a la altura de lo que necesitamos, porque si lo intentamos resolver por nosotros mismos…. los márgenes de éxito son más o menos contenidos. Conseguiremos algo que se le parezca a la idea que busquemos, pero no será lo que queríamos de ninguna de las maneras.

Aquí el problema, para el outsourcing, es que tengamos presupuesto suficiente para hacerlo. Para que nos salga barato podemos recurrir a plataformas de freelancers. Ahora, con Internet y el acceso global que hay con personas del mundo entero trabajando en conjunto, no es que sea complicado encontrar a alguien que posiblemente podrá hacer lo que necesitamos y que no nos cobrará tanto como nos habríamos imaginado. Solo hay que dar con las personas adecuadas.

Trabaja en un proyecto, solo en uno

Por supuesto, no podía faltar el otro inconveniente principal que ocurre con quienes intentan triunfar con su negocio: enfocarse en distintos proyectos al mismo tiempo. Siempre comenzamos con algo, trabajamos en ello, nos ponemos a tope, pero mientras estamos inmersos en el proceso, se nos ocurre otra cosa y empezamos a redirigir cierta parte de nuestra atención a ella.

Así se nos dividen las fuerzas y los esfuerzos, la atención, la concentración, lo que tenemos que hacer para poder conseguir triunfar con el proyecto. Es un problema, uno muy gordo. Lo que va a ocurrir es que ese segundo proyecto se hará con nuestra atención, nos cautivará y acabaremos saltando hacia él. Invertiremos recursos, de nuevo, tiempo, de nuevo, y esfuerzo, de nuevo. Cuando ya llevemos un tiempo trabajando en él o quizá antes de lo que podáis imaginar, otra idea se nos pasará por la cabeza. Y será una más, no la última, ni mucho menos.

Algunas de estas ideas serán buenas, otras malas y algunas terribles. Como no vamos a terminar de desarrollar ninguna, no hay mucho misterio ni interés en darle vueltas a lo que podríamos encontrarnos en el otro lado si dejamos la idea en la que estamos trabajando y saltamos hacia la siguiente. ¿Qué recomendamos en este caso? Es difícil decirle al cerebro que no piense. Es una máquina que, si está bien engrasada, puede encontrarse en movimiento constante dando ideas y proporcionando muy buenas propuestas que podrían llegar a darnos buenos resultados.

Pero si estamos ocupados, estamos ocupados. Por ello, es conveniente tomar nota de todas las ideas en un cuaderno y recurrir a él en el momento en el que ya hayamos terminado el trabajo con la idea anterior y estemos libres para entablar el siguiente proyecto. Ojo, hablamos de acabar lo que tuviéramos entre manos. No busquéis excusas o auto-justificaciones para dejarlo a medias, porque somos muchos los que ya nos hemos visto en esa tesitura y sabemos de qué va la cosa.

Planifica a fondo

Se podría pensar que dedicar tiempo a la planificación no es algo que vaya a terminar beneficiándonos, porque encajaría en ese tipo de tarea que nos distraería de lo verdaderamente importante. Pero se trata de una de las excepciones a la que siempre hay que dar tiempo. Porque si planificamos, vamos a tener un hilo conductor sobre el cual movernos y avanzar, lo que nos ayudará a mantener la concentración y a que, en definitiva, perdamos mucho menos tiempo en general.

Es recomendable planificar en periodos pequeños, como el trabajo que se realizará a lo largo del día, pero también hacer una planificación media de un mes y otra del proyecto completo en el que nos hayamos puesto a trabajar. Si siempre tenemos esa planificación a nuestro alrededor, lograremos sacar adelante proyectos que en otros tiempos habríamos pensado que serían imposibles para nosotros.

Y cuando te encuentres planificando, intenta ser preciso y detallar todos los pasos que tendrás que llevar a cabo. Cuanto más organizado y atado lo dejes todo, más fácil será seguir la senda y no salirnos del camino mientras perdemos tiempo en otras cosas.

Socializa con moderación

No os decimos que os encerréis en una burbuja y que desconectéis el teléfono. Pero sí es conveniente que tengáis en cuenta la importancia de manteneros concentrados y de dejar a un lado las distracciones. Hoy día una de las mayores distracciones se encuentra en las redes sociales. Que no nos sorprenda si estamos enganchados a ellas, puesto que es lo que ocurre en la mayoría de los casos con personas del mundo entero. Lo difícil está en dejarlas y apartarlas.

Si sois de los que entra en sus perfiles del social media cada hora, o incluso en menores periodos de tiempo, estaréis invirtiendo unos recursos de tiempo y atención que reducirán mucho vuestra efectividad en el trabajo que estéis realizando. Por ello, hay que estipular unos horarios o periodos de tiempo del día para conectarnos a las redes sociales y no volver a ellas salvo en esos momentos.

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