¿Cómo afecta la dieta a tu forma de trabajar?

Hablamos de las formas en las que la alimentación influye directamente en la manera en la que rindes laboralmente.

Aunque lo pienses, la comida que tomamos durante el día no es simple combustible para que podamos seguir trabajando o disfrutando de la vida. En realidad, aunque la analogía entre comida y gasolina es habitual, lo cierto es que no son elementos que tengan tanta relación como se pueda imaginar. Al fin y al cabo, piensa en algo muy sencillo: la marca de gasolina no influye en el rendimiento del coche, mientras que distintos tipos de comida sí que lo hacen en el tuyo.

A lo largo del día tenemos que comer. Eso lo sabemos. Nuestro organismo necesita ingerir alimentos y que así dispongamos de la glucosa necesaria para poder mantenernos activos y trabajar al máximo rendimiento. Cuando la glucosa se reduce y se agota, es cuando nuestro cerebro se comienza a distraer o esos momentos en los que bajamos el nivel de lo que estamos haciendo. Por ello, comer es imprescindible. Eso sí, hay grandes diferencias respecto a lo que comamos.

Cada tipo de comida influye en el rendimiento de una manera. Los alimentos que tienen una gran cantidad de grasas garantizan que la energía que nos proporcionarán será elevada y estable. El problema de estos platos es que le dan mucho trabajo al sistema digestivo y eso es algo que provoca que nos sintamos somnolientos y que, en ocasiones, solo podamos pensar en echarnos una siesta.

Pero, en contraposición a esto, hay otro tipo de comida que hace un efecto distinto: nos proporciona una inyección de energía a corto plazo que luego se va disipando hasta que nos produce un efecto de bajada. Esto es algo que ocurre con la pasta, que se trata de una buena opción para tener ese empuje en momentos de intensidad, pero siendo conscientes de lo que nos acarreará después.

Es importante que entendamos que la comida acaba siendo uno de los elementos más importantes en nuestro día a día para mantener un alto nivel de productividad. Si hacemos fasting, una técnica por la que han optado muchos profesionales debido al ahorro de tiempo que les proporciona, no beneficiamos nada ni al organismo ni a nuestra productividad. El motivo de ello es que estamos dejando a nuestro cuerpo sin ingerir alimentos durante demasiadas horas y llevando al organismo a un punto de quema en el que no recibe aquello que necesita para continuar. Eso provoca que la capacidad para trabajar, la creatividad e incluso la lógica e inteligencia, se reduzcan de forma considerable. Debido a ello, lo que estás ganando en tiempo al no comer y hacer fasting o incluso en dinero, lo estás perdiendo después al usar tus horas de trabajo a menor intensidad. ¿De verdad merece la pena deteriorar así tu cuerpo? Los expertos coinciden en que no.

Lo más recomendable es mantener una ingesta de alimentos a lo largo del día y, por otro lado, hacer pequeñas comidas que mantengan el circuito interior del cuerpo funcionando. Esas pequeñas comidas no deben ser snacks que sean perjudiciales para la salud, pero sí aquellos que resultan adecuados. Es el caso de los frutos secos, la fruta o la verdura. Es cierto que resulta más cómodo, y económico, comprar una bolsa de patatas fritas que tener unas manzanas a mano, pero a la larga el cuerpo será algo que agradecerá. El impulso energético que te proporciona la comida sana también es más eficiente, de forma que siempre es más recomendable optar por estos snacks saludables.

Otras recomendaciones pueden incluir cacahuetes, nueces o almendras en el caso de los frutos secos, siempre en cantidades razonables, o zanahorias para las verduras. Las verduras, el problema que tienen, es que no son cómodas de comer como snack. Por eso la zanahoria es una de las mejores opciones. Una vez la has pelado la puedes comer cómodamente y además tiene un buen sabor. Por supuesto, también te puedes apoyar en todo el catálogo de frutas habituales, si bien ten en cuenta que algunas manchan un poco y pueden ser problemáticas si estás trabajando al mismo tiempo en la oficina.

Algo que recomiendan los profesionales es que siempre hagas el pensamiento de lo que vas a comer lo antes posible durante la mañana, especialmente antes de que tengas hambre. Eso permitirá que mantengas una dieta saludable dentro de unos límites y que no acabes optando por los alimentos de peor calidad. Porque está demostrado que, cuando tenemos hambre y ya estamos desesperados por comer, solemos recurrir siempre a los alimentos de baja calidad, como hamburguesas y otros platos de comida rápida. Por ello, la planificación de la comida se tiene que hacer con tiempo.

Recordemos que todo lo que comemos no solo afecta a nuestra productividad, sino que también es clave para cuidar el organismo, el cerebro y evitar enfermedades a largo plazo. Si te cuidas no solo serás más productivo hoy, sino que podrás vivir una vida más larga.

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