Guerra interna en las oficinas de Star Wars

Los fans de Star Wars están presionando para que se produzca un cambio de presidencia y que el control se vaya de las manos de Kathleen Kennedy.

En los últimos años, la productora Kathleen Kennedy ha conseguido poner de acuerdo a todos los fans del universo Star Wars, incluso a los más pendencieros que suelen llevar la contraria en todo. El motivo de ello ha sido simple: lo mal que lo ha hecho como productora y capitana del barco de los jedi. Y eso, teniendo en cuenta su historial previo, ha sorprendido, puesto que Kathleen realizó un trabajo fantástico en sus primeros años produciendo enormes éxitos de taquilla, como Jurassic Park o Gremlins.

Su vida cambió por completo cuando, en el año 2012, se convirtió en una de las principales ejecutivas de Lucasfilm junto al propio George Lucas. Ese mismo año, el efecto carambola del destino llevó a que la entidad fuera vendida a Disney. Y la empresa del ratón Mickey Mouse vio una oportunidad perfecta para tener una presidenta que liderase con buena mano y con ideas frescas. Así, la convirtieron en presidenta y en capitana de un barco que, en manos de Disney, podía llegar muy alto.

Pero Kathleen Kennedy no hizo lo que Kevin Feige hizo con Marvel. En vez de trabajar para darles a los fans unas películas espectaculares, puso sobre la mesa una serie de medidas que harían que Star Wars conectase con la agenda política de Hollywood.

Eso derivó en una serie de películas y trabajos que han generado decepción constante entre los seguidores de la franquicia de George Lucas. Los fans han criticado que cambiara el estilo de la saga, que alterara los valores de Star Wars y que les diera a las historias un toque excesivamente feminista mientras, al mismo tiempo, eclipsaba a personajes y conceptos de la historia que habían sido de una forma exacta desde hace décadas.

En la tercera trilogía, iniciada con Star Wars: El despertar de la Fuerza, le dio el protagonismo a la actriz Daisy Ridley, que se ponía en la piel de una nueva jedi que haría historia, pero no para bien. Con las dos secuelas, Star Wars: Los últimos jedi y Star Wars: El ascenso de Skywalker, se mantuvo esa misma línea. Pero, al mismo tiempo que se daba más escena a los nuevos personajes, se aprovechaba para retirar a los clásicos, para bien o para mal, con unas secuencias que, en la mayoría de los casos, decepcionaron a los fans. El final de la trilogía fue igualmente decepcionante.

En paralelo, Kathleen Kennedy también produjo Rogue One: Una historia de Star Wars, que tenía a Felicity Jones como personaje protagonista. La agenda de la productora se veía a la legua. Después, incluso en Solo: Una historia de Star Wars, una película que obligatoriamente debía concentrarse en el personaje de Han Solo, movió las cartas para tener una coprotagonista que robara protagonismo al héroe principal. ¿Quién iba a fijarse en Alden Ehrenreich como Han Solo cuando tenías a una actriz infinitamente mejor como Emilia Clarke en el papel secundario? Muchos fans se quejaron del poco carisma de Ehrenreich, incomparable al de Harrison Ford en sus tiempos mozos.

Todo esto fue mermando la confianza de los fans, que vieron que el gran esfuerzo que había hecho George Lucas a lo largo de los años, se había comenzado a derrumbar. Y, cuando se comenzaba a encontrar el gusto incluso en los últimos trabajos capitaneados por Kennedy, llegó algo que lo cambió todo: el estreno de The Mandalorian. Con el maestro Jon Favreau como creador y máximo responsable, esta serie de televisión para Disney Plus revolucionó el mundo de Star Wars.

En poco tiempo, The Mandalorian se convirtió en la serie que todo el mundo veía y que conseguía que incluso los fans de Star Wars que habían quedado horrorizados con las películas, se quedaran encantados con el espectáculo que tenían ante sus ojos. ¿Cómo podía ser que alguien hubiera conectado tan bien con la trilogía original? Porque The Mandalorian estaba tan bien preparada, tan bien hilado todo y presentado con tanta delicadeza y cariño por el universo de los jedi, que hasta superaba el resultado regulón de la segunda trilogía (la de las precuelas).

Por eso, algo comenzó a sonar en las oficinas de Lucasfilm y Disney: el posible cambio de presidente. Y así comenzó la guerra interna. Una guerra en la que parece que todo está preparado para que Kathleen Kennedy encuentre su salida y pueda alejarse de la empresa de una vez por todas. Los fans lo piden y solicitan que quien termine obteniendo todo el poder y el control en el entorno de la compañía sea Jon Favreau. Algo quizá, excesivo, ya que el cineasta tiene una carrera variada que no sabemos si estaría dispuesto a sacrificar por volcarse en el trabajo de todo el universo Star Wars.

No obstante, si al final se cumplen los rumores, está claro que podría ser lo que mejor le podría pasar a Star Wars. Si pensamos que el actor que en Marvel interpreta a Happy (el amigo de Iron Man, ahora en las películas de Spider-Man), ha sido capaz de revolucionar Star Wars, resulta cuando menos curioso. El futuro galáctico tiene una pinta excelente.

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