El complejo futuro de las grandes aerolíneas

Air France Airbus A320

En lo que parece haberse convertido en un clásico del verano en España, el sector del alquiler vacacional ha vuelto a enfrentarse a las críticas por parte de vecinos y Administraciones Públicas. Con especial encono en el caso de Barcelona, el debate en torno a la naturaleza de este tipo de actividades y su encaje en las normativas del sector turístico sigue lejos de resolverse. La polémica viene definida porque los hoteles acusan a los propietarios de los inmuebles de incurrir en competencia desleal mientras que estos creen que la Administración se sitúa al lado de las grandes cadenas hoteleras.

¿Cuál es la situación exacta del alquiler vacacional?

Como cualquier otra actividad económica consistente en la cesión del usufructo de una propiedad particular, el alquiler vacacional lleva mucho tiempo con nosotros. Sin embargo, ha sido merced al ‘boom’ turístico experimentado en los últimos años (con récord de pernoctaciones en 2015) que el número de viviendas puestas en alquiler ha aumentado de manera exponencial. Sobre el papel, estos pisos están obligados a registrarse como inmuebles turísticos para poder desempeñar esta finalidad. No obstante, una lectura más laxa de la normativa puede permitir sortear este paso si el propietario no es un profesional del sector.

Aquí es donde se produce el primer punto de tensión. Los propietarios pueden hacer constar su condición de particulares para alquiler sus inmuebles con unas condiciones fiscales diferentes. Los sectores directamente afectados -hoteles, principalmente- se quejan de que las principales plataformas de alquiler vacacional (caso de Wimdu, Holidu o HomeAway) sí que son profesionales pero no comprueban que todos los pisos estén debidamente acreditados. Paralelamente, también se denuncia que grupos de inversores llevan a cabo dichas actividades mediante la compra de apartamentos y su posterior arrendamiento.

¿Cuál es la postura de los propietarios?

Los propietarios de los inmuebles se defienden alegando que pueden dar el uso que consideren oportuno a sus pisos y que al tratarse muchas veces de un alquiler temporal no constituye una fuente de ingresos relevante. Piden que no se generalicen las acusaciones porque se trata de una práctica muy arraigada en las principales zonas turísticas (sobre todo, en el litoral) y que solo ahora se está poniendo el acento sobre los excesos de los turistas o el vacío legal. Creen que se trata de campañas dirigidas por los principales grupos hoteleros.

Se ha repetido en muchas ocasiones que 2016 se presenta como un año récord para el turismo español, que superará muy probablemente los históricos registros de 2015. Las compañías aéreas se benefician lógicamente de esta tesitura pero su futuro, en especial el de los grandes grupos, despierta bastante incertidumbre. Un concienzudo informe elaborado por Bank of America Merril Lynch analiza la situación real del sector a nivel mundial y ofrece una serie de datos que, como mínimo, despiertan inquietud. No en vano, las aerolíneas se enfrentan al difícil reto de mantener la rentabilidad en un contexto de sobrecapacidad.

El viento sopla a favor… por ahora

El desplome del precio del barril de crudo, imperturbable desde mediados de 2014, ha supuesto una notable reducción de los costes operativos de las aerolíneas. Aunque estas suscriben acuerdos de suministro a largo plazo para evitar grandes fluctuaciones en los costes, un periodo bajista tan largo como el que seguimos viviendo ya tiene su traducción en los balances de estas compañías. En cinco de los últimos seis trimestres, los costes de combustible se han reducido en mayor medida que los precios de los pasajes de avión, arrojando un saldo claramente favorable.

La reducción de costes ha llevado a las principales aerolíneas a incrementar sus líneas comerciales y su número de asientos, esto es, su capacidad total. Entre 2013 y 2015, la oferta de asientos ha crecido a un ritmo medio anual del 5,5% y esta dinámica se mantendrá sin cambios como mínimo hasta 2018 debido a los pedidos de nuevos aviones. Sin embargo, esta tendencia esconde otra más oscura y que ahora mismo es la principal preocupación de los grandes grupos. Si el mercado del crudo empieza a subir, ¿cómo podrán mantener la rentabilidad del negocio en un contexto de expansión de la oferta?

La rentabilidad ya se está resintiendo

Las alarmas han comenzado a dispararse porque los tres grandes grupos europeos (Air France-KLM, IAG y Lufthansa) ya están viendo cómo se deteriora su facturación en 2016. De acuerdo con la ratio que mide los ingresos por cada asiento y kilómetro recorrido, Air France-KLM pierde un 3%, Lufthansa un 6,6% y IAG un 7,2%. Idéntica situación se da en los ingresos por pasajero y kilómetro recorrido, lo que es sintomático de un agotamiento del actual modelo comercial basado en el aumento de la capacidad.

Foto: © santirf

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