Un informe para condensar el éxito económico de Suecia

La economía sueca es puesta como ejemplo en infinidad de ocasiones pero no siempre se conocen los detalles que explican su fortaleza y estabilidad.

Sweden Economy Concept

En las últimas semanas, el mundo académico y también en cierta medida el periodístico ha vivido un interesante debate en torno a un informe muy completo sobre la evolución de la economía sueca en las últimas décadas. El autor, el economista alemán Stefan Fölster, es un profundo conocedor de las peculiaridades del bello país escandinavo y ha realizado una evaluación que no ha dejado a nadie indiferente. Mientras que los economistas socialdemócratas han puesto el acento sobre la capacidad sueca de tejer una economía verdaderamente social, los más liberales han incidido en las últimas reformas. Sea como sea, Suecia bien merece un análisis exhaustivo.

El punto de partida

A la altura de 1970, Suecia se había convertido en uno de los países más ricos del mundo si atendemos a la renta per cápita (concretamente, era la cuarta economía más rica de la OCDE). Esto no fue sino el resultado último de un intenso periodo de crecimiento económico que se remontaba a mediados del s. XIX. Ni siquiera la independencia de Noruega en 1905 o los distintos ciclos bélicos que asolaron Europa en la primera mitad del siglo XX truncaron este ascenso. Suecia se había comprometido con la neutralidad en materia internacional y solo estaba interesada en exportar.

En la década de 1960, el Gobierno sueco encabezado por el Partido Socialdemócrata (casi hegemónico desde la Segunda Guerra Mundial) comenzó aumentar de manera ostensible el gasto público, incluyendo una fuerte contratación de trabajadores públicos. Los impuestos también crecieron muy significativamente hasta que, a la altura de 1980, Suecia era uno de los países con mayor carga fiscal de Europa. La economía sueca recortó notablemente sus tasas de crecimiento, que entre 1975 y 1985 se situaron exactamente a la mitad del dato medio de la OCDE (1,6% frente a 3,2%). Simultáneamente, la deuda pública no dejó de crecer.

La reacción reformista

En 1990, la economía sueca seguía presentando una situación notablemente mejor que la de mayoría de países desarrollados pero ello no impedía que los datos siguieran empeorando. De entrada, la renta per cápita del país nórdico había caído hasta el puesto 14º del ranking de la OCDE, diez posiciones por debajo de su registro de dos décadas antes. La llegada al poder de una coalición conservadora encabezada por Carl Bildt supuso la reversión de parte de las tendencias de las décadas anteriores.

El impacto de las medidas de bajadas fiscales y recorte del gasto público se hizo notar de manera casi inmediata, lo cual se explica por el elevado grado de dependencia que la economía sueca tenía ya respecto al Estado. En 1993, el gasto público equivalía al 70,5% del PIB, lo que suponía que siete de cada diez coronas suecas que generaba el país se dedicaban a sufragar las partidas presupuestarias del Estado. En 1997, la cifra se había reducido muy significativamente hasta el 59,2%.

La reforma de las pensiones, un espejo para todos

Al margen de las reformas que afectaban a la fiscalidad y al gasto del Estado, los gobiernos suecos (incluyendo los socialdemócratas que sucedieron a los conservadores) realizaron otras apuestas valientes. La más importante fue la que modificó el sistema público de pensiones para garantizar su sostenibilidad. Curiosamente, el formato que se había quedado obsoleto era el que se emplea actualmente en España, consistente en que las pensiones actuales se pagan a través de las cotizaciones de los trabajadores actuales.

Lógicamente, este sistema está llamado a colapsarse cuando la fuerza laboral se reduce mientras que el número de pensionistas se mantiene o incluso aumenta. El Gobierno de Suecia cambió este mecanismo para optar por un sistema mixto, esto es, una parte de la pensión es contributiva (vía cotizaciones) y otra es privada (vía capitalización directa). De este modo, parte de las pensiones de los suecos se pagan gracias a los ahorros de los mismos beneficiados, que van destinando a un fondo específico durante su vida laboral.

Una política monetaria rigurosa

Si hubiera que definir la economía sueca actual con una sola palabra esta sería rigor. El Banco de Suecia ha jugado un papel esencial en la consecución de un sistema financiero estable y relativamente al margen de las burbujas del entorno europeo. Los tipos de interés se subieron notablemente en los noventa para atajar la inflación y desalentar el endeudamiento tanto público como privado. En el actual escenario cuasi deflacionista, el IPC sueco se sitúa en el 1,1%.

Foto: © eabff

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