¿Sale más caro el delivery que comer en el restaurante?

Tras la pandemia, los servicios de delivery se podrían encontrar cara a cara con una crisis que sería difícil de superar.

La pandemia produjo un incremento de popularidad de las empresas de delivery, sobre todo en el sector de la restauración. La comida a domicilio se convirtió en el salvavidas de muchas personas, quienes suplieron el confinamiento pidiendo a restaurantes y, al menos, teniendo la felicidad que les daba recibir comida que no tenían que preparar por sí mismos. Eso llevó a que empresas como Just Eat o UberEats aumentaran su volumen de beneficio de manera extrema. Pero ¿Cuánto durará?

Lo cierto es que, según especialistas, la crisis del delivery ya ha comenzado. La salida de la pandemia, la desaparición de las mascarillas de las calles y la recuperación de las terrazas, está fomentando que todo el mundo tenga unas ganas enormes de salir e ir a los restaurantes. Eso está derivando en que los pedidos de comida a domicilio se reduzcan.

Además, los ciudadanos están teniendo ese tipo de sensación en la que, después de un largo periodo encerrados, abren la ventana y se dan de bruces con la realidad. Y lo que se encuentran son varias cosas. Una de ellas: el peso que todos hemos ganado durante la pandemia. Para combatir el malestar por no salir a la calle, hemos recurrido demasiado al delivery y ese tipo de comida, de forma tan habitual, nos ha pasado factura a la figura. Por otro lado, también nos hemos dado cuenta de que, incluso sin salir de casa, no hemos ahorrado tanto como nos gustaría. Y, si miramos los movimientos bancarios, apreciaremos que uno de los factores responsables es el delivery.

Pedido en pedido, aunque individualmente puedan no parecer demasiado, ya que la media se estipula entre 20 y 30 euros, la factura se ha ido acumulando y ha acabado creciendo de forma notable. Por ello, se produce un rechazo instintivo y generalizado al delivery que está llevando a que la cantidad de pedidos en estos momentos se reduzca de forma considerable. Esto, que es malo para las empresas de delivery, y supondrá un quebradero de cabeza para los riders que dependen de ello, posiblemente no vaya a cambiar en los próximos meses. Así, es posible que se produzca la rotura de la burbuja de la que se lleva tanto tiempo hablando en el mercado.

Uno de los motivos por los que el delivery está flojeando es que el consumidor se ha dado cuenta, finalmente, por obligación o por todo lo dicho antes, de que se trata de un servicio caro. O, dicho de otra manera, un servicio que le sale caro. En comparación a disfrutar de la misma comida en el restaurante, el precio crece de forma exponencial, tanto por el pago de las comisiones o de los gastos de envío como por el propio volumen de coste que tienen los platos en las aplicaciones.

Aunque esto depende de cada restaurante, lo más habitual es que haya bares y locales que cobren unos precios más altos en el caso de la comida que sirven en las aplicaciones de delivery. Esta es una manera con la que se cubren las comisiones que ellos tienen que pagar a las plataformas de reparto y donde también se da a entender que se obtienen más ingresos con los que sufragar el pago a riders y otros aspectos relacionados.

Estudios recientes han comparado lo que supone pedir el mismo tipo de comida en distintas aplicaciones o de forma directa al restaurante. El descubrimiento al que se ha llegado es muy concluyente, puesto que se confirma que con Deliveroo hay un incremento del coste del 31%, con UberEats del 25% y con Just Eat el 7%.

Dicen desde Deliveroo, que ellos animan a los restaurantes a poner en su aplicación los mismos precios que tienen en el local, pero saben que no son quienes tienen la última palabra. Luego se justifican diciendo que las comisiones que ellos cobran las reinvierten en el negocio, en pagar a los riders, en el servicio de atención al cliente y en la mejora de los servicios que les dan a los restaurantes.

En el caso de Just Eat, se trata de la empresa de delivery que ofrece unas mejores condiciones para el cliente final. El motivo de ello es que ofrece una doble posibilidad a los restaurantes: que sean ellos quienes pongan el servicio de rider o que se apoyen en sus propios repartidores. Eso se materializa en que, el cliente, puede llegar a hacer pedidos sin pagar la comisión de reparto si es el restaurante el que la paga tal y como ha ocurrido “siempre” en los repartos a domicilio.

Y UberEats dice que su misión es tener la mejor selección de restaurantes, por lo que no parece tan preocupada en las tarifas ni comisiones. Ellos, por su lado, ofrecen al cliente una suscripción que les permite hacer pedidos ilimitados sin pagar el servicio de reparto, lo cual tampoco es una mala estrategia para ellos.

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