¿Realmente necesitaba España una bajada de tipos?

Los tipos de interés de la eurozona se hunden hasta el 0,05%, un nuevo mínimo histórico que facilitará el endeudamiento soberano y la liquidez bancaria.

BCE

Acusado al mismo tiempo de pasividad y de agresividad, el Banco Central Europeo (BCE) ha tomado, para bien o para mal, más decisiones en los dos últimos años que en toda la Gran Recesión. Mario Draghi, hombre que nada permanentemente entre dos aguas, la de la austeridad defendida desde el norte y la de los estímulos pedidos por el sur, parece haber tomado decidido partido por esta última postura. Una vez más, y van ya unas cuantas, el BCE baja los tipos de interés de la zona euro.

Fijado en el 0,15% desde el pasado mes de junio, el interés legal del euro desciende hasta un paupérrimo 0,05%, lo que prácticamente equivale a decir que las entidades financieras contarán con barra libre de liquidez. Con esta medida, son ya tres las revisiones a la baja llevadas a cabo en menos de un año, pues a finales de 2013 se redujeron del 0,5 al 0,25%. Dicho de otro modo, los tipos de interés se sitúan ahora en la décima parte de su valor de hace un año.

Como viene siendo habitual, las mayores facilidades para que los bancos consigan liquidez tiene como objetivo mejorar la financiación de empresas y familias, un cometido loable pero que no está nada claro que se vaya a cumplir. Por el contrario, el ahorro sale especialmente perjudicado por el negativo impacto que los tipos bajos tienen siempre en depósitos y demás productos conservadores. En este sentido, el BCE aplicará tipos negativos del 0,2% a los bancos que guarden allí sus depósitos.

Con todo, es en el ámbito macroeconómico donde aparecen los mayores temores a los efectos secundarios de la medida. Es evidente que los países tendrán también más margen para endeudarse (a través de las entidades, quienes se benefician de los bajos intereses para adquirir bonos soberanos), lo que en el caso de España, Italia o Portugal puede tener consecuencias especialmente funestas. En definitiva, bancos y gobiernos (que no sociedades o ciudadanos) son los grandes beneficiados de la decisión del BCE.

Vía: ABC

Foto / JIP

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