¿Qué es la solvencia y qué papel juega en la economía?

La solvencia es uno de los parámetros clave para determinar la salud financiera de una empresa, institución o persona física. Su medición presenta distintos inconvenientes.

solvencia

Cuando decimos que una persona o una institución son solventes estamos haciendo referencia a que cuentan con disponibilidad de crédito suficiente como para hacer frente a todos sus gastos corrientes. Agudizando más todavía el análisis, podemos concluir también que las personas solventes tienen un remanente de capital disponible para asumir desembolsos imprevistos. No se trata de apreciaciones erróneas pero sí un tanto imprecisas de un fenómeno tan relevante en el funcionamiento de la economía como difícil de medir. Seguidamente, abordamos sus implicaciones y la metodología utilizada para saber si se es o no solvente.

La solvencia, un objetivo volátil

Por solvencia entendemos la capacidad efectiva de una empresa, institución pública o agente particular de corresponder las obligaciones de pago contraídas previamente. De este modo, la solvencia es una cualidad más que deseable para cualquiera y, en cierto sentido, es la que mejor define la salud financiera. Sin embargo, alcanzar los ratios de solvencia deseados no siempre es una meta que dependa de la práctica corporativa. Aspectos como los tipos de interés, las dotaciones extraordinarias o la acumulación de gastos imprevistos pueden derivar en una situación de insolvencia.

Con todo, conviene realizar ciertas matizaciones sobre el sentido de la solvencia, que comúnmente se vincula con la liquidez sin que ello sea del todo preciso. Una empresa solvente tiene la capacidad de generar recursos financieros por ella misma y utilizar estos para hacer frente a diferentes pagos. Ello no significa que disponga de liquidez, dado que esta viene determinada por la capacidad de contar con dinero líquido cuando se precise. Una empresa que cuente con activos suficientes como para acreditar su solvencia puede no disponer apenas de liquidez, algo más relacionado con la tesorería que con el valor real de la compañía.

Solvencia técnica y efectiva

Ligado a lo anterior, cuando la empresa es capaz de generar los recursos financieros que necesita en cada momento hablamos de solvencia técnica. En este caso, la compañía es plenamente autónoma en su funcionamiento. Cuando la empresa necesita acceder a vías ajenas de financiación poniendo como aval sus activos o modelo de negocio, hablamos de una solvencia efectiva. Realmente, la compañía no es solvente (porque no puede hacer frente a los pagos requeridos) pero sí que acaba disponiendo del dinero que necesita, por lo que no se produce la insolvencia de cara a los acreedores.

¿Cómo se mide la solvencia?

Además de la distinción entre solvencia técnica y efectiva, los analistas se sirven de distintos indicadores para evaluar la solvencia. En primer lugar, se trata de una información que solo puede extraerse ponderando todos los detalles de las cuentas de una empresa, institución o persona física. Cualquier parámetro puede influir en la capacidad para afrontar pagos y así debe considerarse. A partir de ahí, se establecen distintos ratios en función de si deseamos analizar la solvencia general o la de un determinado apartado.

Por ejemplo, la solvencia a corto plazo implica que la empresa está en condiciones de asumir sus pagos más inmediatos. Se trata de una situación en la que, habitualmente, la compañía dispone de sólidos niveles de liquidez al menos de manera inmediata. De cara a evaluar la solvencia a largo plazo se tomarían en consideración elementos como la capacidad de generación de capital en base a recursos propios. En el caso de una solvencia efectiva, el agotamiento de las líneas de crédito altera por completo dicha consideración. Precisamente, uno de los inconvenientes para medir la solvencia es su considerable volatilidad.

Los ratios de solvencia en la banca

Todos los sectores económicos están obligados a ser solventes para sobrevivir pero uno de los que se llevan más titulares en este sentido es la banca. Las entidades financieras con las grandes canalizadoras del crédito que llega a la economía y por tanto su solvencia (o insolvencia) acaba repercutiendo en el comportamiento general de la actividad productiva. Distintos protocolos internacionales han fijado objetivos de solvencia mínimos para los bancos, con desigual grado de cumplimiento por parte de estos.

En el caso español, la dura reestructuración acometida en la banca desde 2012 ha arrojado buenos resultados en materia de solvencia aunque no está claro que se alcancen las metas previstas. De este modo, Bankia sorprende al contar con una ratio de solvencia del 14,8%, la más alta entre las grandes entidades españolas. CaixaBank (13,4%), Santander (12,4%), BBVA (12,3%) y Sabadell (12,1%) irían justo detrás.

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