Qué es el riesgo y cómo afecta a la economía

El riesgo es uno de los factores más relevantes en el funcionamiento de cualquier sistema económico, afectando a las inversiones y a la actividad en general.

riesgo

Miedo, pánico, temor, dudas, incertidumbre, desconfianza… Términos igualmente poco halagüeños y que en la actualidad económica se utilizan de manera genérica para referirse al riesgo. El riesgo es uno de los factores que más influyen en el funcionamiento de la economía. No en vano, las decisiones más importantes se toman siempre ponderando pros (ventajas) y contras (riesgos), siendo absolutamente determinante de cara a definir tendencias alcistas o bajistas. Hoy nos detenemos en este concepto para tratar de ver cuál es su fundamentación teórica, qué implicaciones tiene en la economía y cómo puede observarse en la actualidad.

El riesgo no necesita aclaraciones

Por riesgo entendemos cualquier perspectiva de perjuicio tanto determinado como indeterminado. Dicho de otra manera, todas las eventualidades que pueden afectarnos de manera negativa se concentran bajo el paraguas del riesgo, con independencia de su probabilidad. Evidentemente, cuando la certidumbre del daño económico resulta más evidente se habla de un mayor riesgo, mientras que de cara a evaluar activos considerados seguros se los cataloga como de bajo riesgo. A decir verdad, se trata de una palabra muy recurrente en todos los ámbitos de la vida y por ello sus implicaciones son de sobra conocidas.

¿Cómo se clasifica el riesgo?

Aceptando que el riesgo es inherente a cualquier actividad económica, el interés de inversores, empresarios y consumidores en general radica en disponer de información veraz sobre el grado de peligrosidad. Las agencias de calificación de deuda cumplen esta función en el caso de los bonos y las letras de Estados y empresas. En este escenario, se encargan de ponderar distintos parámetros relacionados con la solvencia del emisor (volumen total de la deuda, disponibilidad de liquidez, contexto internacional…) y las califican en función del riesgo. Para ello, utilizan una escala alfabética con orden descendente (AAA, AA, A, BBB…).

No obstante, hay una larga serie de categorías para encuadrar el riesgo. Podemos hablar de riesgos reales o especulativos en función de si el perjuicio económico será inevitable (únicamente se duda su alcance) o si está totalmente en el aire. Aquí suelen tenerse en cuenta cadenas de causalidad, como que suceda A para que afecte a B y a su vez esto tenga un impacto, o no, en C. También se refiere al riesgo puro cuando este puede o no materializarse pero siempre será muy negativo si finalmente sucede.

Los empresarios e inversores ante el riesgo

No exageramos lo más mínimo al afirmar que una de las tareas más importantes de cualquier empresario o inversor es detectar el riesgo y evaluarlo de la manera más precisa posible. En el caso de la gestión de una actividad económica, el empresario que sea capaz de ver e interpretar los factores de riesgo tiene mucho adelantado para mantener el rumbo de su negocio o modificarlo de manera preventiva. Por poner un ejemplo, si los datos macroeconómicos de una determinada economía parecen apuntar a una contracción, quizá sea interesante no tomar posiciones en la misma.

En cuanto a los inversores, en su caso el riesgo no tiene por qué ser un elemento disuasorio. El empresario que pilota una compañía suele tender a minimizar los elementos desestabilizadores, salvo imprudencias tristemente conocidas. El inversor, en cambio, puede ver en el riesgo la posibilidad de aumentar los réditos de una operación. En el mercado de deuda, por ejemplo, un bono a 10 años que ofrezca un interés del 5% puede implicar un riesgo serio de insolvencia por parte del emisor. No obstante, si finalmente esta no se produjera, el inversor obtendría unas ganancias muy superiores a la media del mercado.

El riesgo en la actualidad

A día de hoy, se habla de manera recurrente de numerosos factores de incertidumbre que atenazan o amenazan a la economía mundial. Uno de los grandes riesgos globales es que la desaceleración de China sea más grave y repentina de lo esperado, lo que tendría consecuencias en numerosos mercados. Otra nota de desconfianza la localizamos en el entorno de los países emergentes, si bien su impacto mundial es, por fortuna, más limitado.

Acercándonos a casa, en Europa la incertidumbre tiene un nombre: ‘Brexit’. La salida británica de la Unión Europea presenta una serie de implicaciones de especial gravedad para los países europeos. A las pérdidas económicas podrían sumarse riesgos políticos como el auge del populismo o la salida de otros países de la UE. Por ahora, el impacto está siendo limitado.

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