Polémica postura del FMI sobre las consecuencias de la deuda pública

El organismo financiero internacional publica un estudio en el que se relativiza el impacto de la deuda en la salud económica de los países.

deuda

La semana pasada se publicó un estudio llevado a cabo por el Fondo Monetario Internacional (FMI) cuyas conclusiones son tan ambiguas como, precisamente por ello, controvertidas. A pesar de recabar la opinión de numerosos economistas sobre un asunto tan complejo como el de la deuda pública, el informe no es capaz de ofrecer unos principios consensuados sobre el particular. En cualquier caso, sorprende notablemente la indulgencia con la que el FMI trata el sobreendeudamiento público y su tendencia a relativizar los efectos de esta situación.

Los economistas consultados coinciden en que la deuda es un problema pero, acto seguido, comienzan a matizar sus apreciaciones y acaban concluyendo que muchos países con ratios de deuda sobre el PIB muy elevados todavía tienen margen para seguir incrementando su pasivo. Bien, lógicamente, no podemos colocarnos al mismo nivel que los reputados académicos que figuran en el estudio, aunque nos gustaría enriquecer el debate con algunas opiniones propias. En primer lugar, la deuda siempre es un problema cuando se acerca o supera el 100% del PIB independientemente del país.

El manido argumento que afirma que un país muy endeudado no tiene por qué preocuparse de nada si su economía es muy potente (porque se presupone que puede devolver lo que le han prestado) es una gran falacia. Precisamente, los países económicamente más solventes deben ser los primeros que contengan su endeudamiento. Si su crecimiento económico corre parejo del de la deuda, cuando este se detenga o desaparezca, la deuda generada seguirá estando ahí. Si algo ha demostrado la última crisis es que nada es demasiado grande para caer.

También se defiende que, en contextos de economías estancadas, el endeudamiento contribuye a incrementar la actividad económica. Esto es rotundamente falso porque el periodo de nuestra historia reciente en el que más ha crecido la deuda, entre 2009 y 2012, coincide con el desplome de la economía española y la destrucción masiva de puestos de trabajo. Visto desde el presente, aquel endeudamiento solo puede calificarse como una temeridad que no amortiguó la caída y que hoy nos atenaza.

Vía: Elblogsalmon

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