Obama hace balance económico de su presidencia. Los ejes de su gestión

El presidente aprovecha su último discurso sobre el Estado de la Unión para exhibir la recuperación económica. Su mandato ha estado marcado por la Gran Recesión.

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Barack Obama pronunció el pasado 13 de enero el que fue su último discurso sobre el Estado de la Unión (equivalente al debate español sobre el Estado de la Nación). Cuando resta exactamente un año para que el dos veces elegido presidente abandone la Casa Blanca, los balances de su mandato comienzan a proliferar en todos los frentes. Sin lugar a dudas, la economía ha estado muy presente en su actuación, muchas veces para pesar del líder demócrata. En líneas generales, su gestión se divide entre una primera legislatura de choque y una segunda de expansión.

El triunfo electoral de Obama frente a John McCain el 4 de noviembre de 2008 supuso el regreso de los demócratas a la presidencia tras la convulsa etapa de George W. Bush. El azar quiso que el primer presidente afroamericano de la historia estadounidense recibiera tan importante cometido justo cuando el país se adentraba en una crisis histórica. La Gran Recesión llegó a la economía norteamericana prácticamente junto al nuevo líder del país, condicionando así su agenda más inmediata. En 2008, el PIB había caído un 0,3%, el primer dato negativo desde 1991. Era solo el principio.

Durante el primer año de la Administración Obama, la economía se tiñó de rojo con una intensidad inusitada. El PIB cayó un 2,8% en 2009 al tiempo que el déficit público pasó del ya abultado 6,7% del año anterior a un insostenible 13,15% y el número de parados subió hasta los 14,5 millones (3,5 millones más que el ejercicio previo). La situación era pues dramática y el ambicioso programa con el que se había presentado a las elecciones tuvo que ser pospuesto indefinidamente. Con todo, trató de llevar a cabo la reforma sanitaria u ‘Obamacare’.

En 2010, el presidente se volcó en ampliar el alcance de la sanidad pública, una promesa con la que pretendía mejorar la calidad de vida de millones de estadounidenses. La respuesta política no fue ni mucho menos complaciente. El Partido Republicano en bloque se opuso y algunas facciones demócratas hicieron lo propio, al tiempo que el movimiento ‘Tea Party’ abanderó la reacción popular contra las supuestas injerencias del Gobierno. La reforma salió adelante pero no tendría la dimensión que se había previsto inicialmente porque en las elecciones de mitad de mandato (‘mid-term’) los republicanos se hicieron con la Cámara de Representantes.

Así las cosas, Obama enfilaba su campaña para la reelección en 2012 con una economía todavía maltrecha. Los indicadores estaban mejorando y la recesión se había superado ya en 2010, lo cual no evitaba que la situación del mercado laboral fuera delicada (11,6 millones de estadounidenses seguían en paro) y que las finanzas públicas estuvieran contra las cuerdas. De este modo, el presidente tuvo que echar el resto para imponerse a un Mitt Romney que estuvo a punto de desbancarle. Obama recibió una segunda oportunidad.

La segunda legislatura no tuvo nada que ver con la primera. La economía fue ganando velocidad y la tasa de paro cayó hasta el 5,3% en el tercer trimestre de 2015, al tiempo que el PIB avanzó por encima del 2% anual entre 2012 y 2015. Simultáneamente, el déficit se redujo hasta el 4,1% a la conclusión de 2014 (carecemos de datos definitivos para 2015) y la deuda norteamericana recuperó la máxima calificación crediticia de Moody’s y Fitch (Standard&Poor’s la mantiene en el segundo escalón desde 2011).

Durante todo su mandato, Obama ha contado con la complicidad de la Reserva Federal, encabezada desde 2006 por el republicano Ben Bernanke. La drástica bajada de tipos y, sobre todo, las distintas ediciones del ‘QE’, ampliaron la base monetaria e inundaron los mercados de liquidez. Desde 2014, Janet Yellen está tratando de corregir los desequilibrios heredados y ha aprovechado la fortaleza económica del país para endurecer la política monetaria. Sea como sea, la Fed ha respaldado al presidente en todo momento.

En definitiva, Obama se encargó de repasar todos sus logros en su mediático discurso (enfatizando las cifras de creación de empleo entre 2014 y 2015), pero no fue tan pródigo a la hora de entonar el mea culpa. El presidente depositó en la ‘temeridad’ de Wall Street toda la responsabilidad de la crisis económica, al tiempo que criticó la política laboral de las grandes multinacionales. Con sus luces y sus sombras, Obama ha enfrentado la mayor crisis desde la Gran Depresión y ha sobrevivido para contarlo.

Vía: Expansión.

Foto: Everett Collection / Shutterstock.com

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