Muere Miguel Boyer, el primer ministro de Economía de Felipe González

Ministro de Economía, Hacienda y Comercio, Boyer llevó a cabo el primer gran paquete de medidas liberalizadoras de la economía española en democracia.

El mes de septiembre toca a su fin y se despide con lo que ha venido siendo la tónica habitual de estos treinta días, el fallecimiento de un personaje ilustre de la economía española. Tras Emilio Botín e Isidoro Álvarez, el pasado día 29 nos dejaba Miguel Boyer, primer ministro de Economía en un Gobierno del PSOE. Su muerte llega después de haber superado distintos problemas de salud bastante graves, incluyendo un duro ictus en 2012. Por el momento tan crítico en que asumió una de las carteras ministeriales de más peso, la trayectoria política de Boyer influyó decisivamente en el devenir del país.

Nacido y criado en el exilio francés tras la Guerra Civil, Boyer pertenecía a una familia relativamente acomodada que había apoyado decididamente la causa republicana. Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid, Boyer pasó a disfrutar de un cómodo puesto en la Escuela de Ingenieros de Telecomunicación y como miembro de la Junta de Energía Nuclear. Fue entonces cuando afloraron sus primeras inquietudes políticas, bastante más moderadas que las del resto del socialismo clandestino pero igualmente comprometidas con la oposición antifranquista. Precisamente, esta actividad le llevaría a la cárcel y le empujaría a su principal vocación, la economía.

Boyer se licenció efectivamente en Ciencias Económicas tras pasar varios meses en prisión. Sus méritos serían reconocidos por la dirección del PSOE, que incorporaría al joven economista en su comité ejecutivo. Las profundas desavenencias con algunos compañeros, no olvidemos que en los sesenta las facciones marxistas del PSOE seguían siendo muy influyentes, motivaría su salida del comité. Para entonces, Boyer ya trabajaba en el Banco de España y tenía el firme convencimiento que el futuro de la economía española debía incluir necesariamente un largo proceso de liberalización que por entonces chocaba con la línea oficial del partido.

Con la llegada de la democracia, Boyer rompió con el PSOE de cara a las elecciones de 1977. Tras el fracaso de su modesta candidatura independiente para llevarse un escaño por La Rioja, regresó a las filas socialistas justo a tiempo para vivir el movimiento ideológico que llevaría al partido a la Moncloa. En 1979 el PSOE renunciaba al marxismo tras su segunda derrota electoral y comenzaba su viraje hacia la socialdemocracia. La apuesta fue firmemente defendida por Boyer, candidato por Jaén, y cosechó un éxito electoral sin precedentes. En las elecciones de 1982, el PSOE consiguió 202 diputados.

El socialismo que había logrado semejante apoyo por parte de la ciudadanía no contaba con ningún precedente en España, por lo que la incertidumbre sobre en qué quedaría finalmente su ambicioso proyecto reformista era notable. Miguel Boyer fue designado por González ministro de Economía, Hacienda y Comercio, responsabilidades que le valieron el sobrenombre de ‘superministro’. Desde el primer momento, Boyer prescindió de cualquier atisbo de carisma o concesión mediática y rara vez se le veía sonreír, en claro contraste con González o Guerra.

El momento culminante de su carrera política llegaría en 1983 y por sorpresa. El Ministerio del que él era titular anunciaba la expropiación inmediata de Rumasa, un holding de empresas sobre el planeaban distintas acusaciones de opacidad, manipulación de información financiera y elevada exposición a inversiones de riesgo. Boyer apreciaba por tanto que la familia Ruíz-Mateos se negaba sistemáticamente a facilitar las inspecciones del Banco de España y sospechaba que la situación financiera del grupo era mucho peor de lo que alardeaban sus responsables. Aquel episodio conferiría al ministro una gran popularidad pero también fuertes críticas.

Otro gran momento de su carrera se vivió cuando desoyó la presión sindical (hasta entonces UGT y PSOE habían ido siempre de la mano) y aprobó sus primeras medidas liberalizadoras. Además de avanzar hacia el contrato temporal y acabar con una de las principales rigideces históricas del mercado laboral español, liberalizó los horarios comerciales para facilitar la actividad de las grandes superficies y mejorar los datos de consumo y ocupación. Consciente de la dificultad de cuadrar las cuentas de la Seguridad Social, defendió también el retraso en la edad de jubilación.

Contrariamente a lo que cabría suponer, no fueron sus roces con los miembros más izquierdistas del PSOE lo que precipitó su caída. En 1985, el vicepresidente Alfonso Guerra frustra las aspiraciones de Boyer de convertirse en vicepresidente económico, episodio que desembocará en la dimisión del economista. Una vez fuera del Gobierno, su distanciamiento se haría cada vez más patente, llegando a convertirse en patrono de la fundación FAES, próxima al PP.

Vía: El País

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