Los desafíos de una UE sin Reino Unido

La incertidumbre será la tónica predominante en la UE tras una hipotética salida de Londres. Las reformas serán imprescindibles y ello puede tener su parte positiva.

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El próximo miércoles 23 de junio, los británicos están llamados a decidir si su país abandona la Unión Europea (UE) tras más de cuarenta años de pertenencia a la misma. La pregunta es simple y las respuestas en liza todavía más: ‘Sí’ o ‘No’. Los análisis sobre la posibilidad de que se materialice el ‘Brexit‘ se han sucedido en las últimas semanas, casi en consonancia con el avance del ‘Sí’ en las encuestas. Sin embargo, el escenario que se abriría se caracteriza, principalmente, por la incertidumbre. Desde la perspectiva de la UE, ¿cómo sería el futuro sin Reino Unido?

Menos fondos, más contribuyentes netos

Es la primera consecuencia a tener en cuenta para dibujar la UE post ‘Brexit’. Reino Unido es la segunda economía más importante de Europa en términos de PIB y la undécima en lo que respecta a la renta per cápita (aunque tiene por delante a países como Liechtenstein, Mónaco y Luxemburgo). Ello convierte al país atlántico en un contribuyente neto, esto es, aporta bastante más a los fondos comunitarios de lo que obtiene de los mismos. Todo ello a pesar de que el Gobierno de Margaret Thatcher consiguió el llamado ‘cheque británico’, por el cual Reino Unido recupera parte de este déficit entre contribuciones y ayudas.

La ecuación aquí es sencilla. Si Londres abandona la UE, los fondos se reducen y el ratio para que un país sea receptor o contribuyente neto baja sensiblemente. Esto afecta especialmente a España, quinta economía comunitaria y que se mantiene todavía como beneficiaria de ayudas porque su renta per cápita es unos 8.000 € inferior a la media. Sin los números de Reino Unido, esta realidad cambia por completo y nuestro país puede pasar a contribuir con más dinero del que recibe mediante los distintos programas (principalmente, la Política Agraria Común o PAC).

¿Una UE más proteccionista?

Reino Unido ha sido históricamente el país que más impedimentos ha puesto a la integración económica de Europa, al avance hacia la moneda común y al aumento de las prerrogativas de la burocracia comunitaria. Es cierto que los Países Bajos, Austria o Finlandia también han mostrado sus reservas pero la mayor influencia de la economía británica le daba más visibilidad. Sin Londres, los países más proteccionistas, los del sur de Europa más Francia, tendrían mayores facilidades para hacer frente común contra los más liberales.

Un espejo para otros países

No es ningún secreto que Reino Unido es la avanzadilla de otros países que sopesan celebrar sus propias consultas para abandonar la UE o que, como mínimo, han mostrado públicamente su malestar con el actual estado de las cosas. Hablamos en todos los casos de los países más ricos, entre los que destacan los Países Bajos, Austria y Suecia. En los tres casos, hay una formación política euroescéptica con posibilidades reales de ganar las próximas elecciones, especialmente en los dos primeros.

Pero ahí no acaba todo. Alemania también está asistiendo al auge de un partido, Alternativa por Alemania, que pide romper con Bruselas y devolver más competencias al parlamento y el gobierno nacionales. El telón de fondo de estas disputas es principalmente la inmigración pero también la sensación de estar financiando la mala gestión de los países mediterráneos. Eso genera la curiosa situación de que Grecia celebrara un referéndum el año pasado que parecía romper con el euro y que ahora sean sus acreedores quienes planteen marcharse.

Lo positivo

La salida de Londres también puede tener algunos aspectos positivos que, si bien son bastante relativos en comparación con los negativos, pueden hacer más digerible el golpe. En primer lugar, la City perderá gran parte de su atractivo y no pocos inversores y empresas se trasladarán a otras plazas del Viejo Continente. Fráncfort y París se postulan como las más beneficiadas para recibir a estos exiliados financieros. Dublín, con una fiscalidad algo más generosa, podría ser también un posible nuevo destino para las empresas.

Segundo, el abandono de Reino Unido supondría la confirmación de que algo se ha hecho mal en el avance del proyecto comunitario. Sería el momento de replantearse ciertas características, como la burocratización o la pérdida de autonomía de los parlamentos nacionales, y ello podría beneficiar a los países que sigan formando parte de la UE. De igual manera, pasos en esa dirección podrían evitar el temido efecto en cadena. Eso sí, dejaría a Reino Unido en una posición bastante difícil.

Foto: Brexit vía Shutterstock

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