Lo heterodoxo no es sinónimo de éxito

Las políticas alternativas a la austeridad han creado una efímera sensación de mejoría que choca con la realidad.

Las declaraciones del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, criticando duramente las compras de bonos de deuda pública por parte del BCE han reabierto un debate que amenaza ya con ser una rutina diaria más. Defensores y detractores de las políticas de austeridad y consolidación fiscal han vuelto a blandir sus argumentos ya conocidos. En esta ocasión, han sido los intervencionistas quienes han llevado la voz cantante. Además de la defensa de la compra de bonos, se ha apuntado a que un repunte de la inflación no sería negativo. En este sentido, Italia, Francia y España han formado un frente cada vez más nítido contra la ortodoxia de Bruselas, evidenciando una profunda división europea.

La intervención de los bancos centrales, caso del BCE, ha permitido rebajar la presión de los mercados sobre los países con mayores problemas para financiarse. En ese sentido, España ha visto caer el interés de su bono a diez años del 7,5% marcado en julio de 2012 al 4,5% con el que cerraba ayer. Estas prácticas heterodoxas han tenido un efecto inmediato en la rentabilidad, que no obstante puede volver a subir con la misma fuerza con la que ha bajado. Ello se debe a que los países más afectados por la crisis no han mejorado lo suficiente como para ofrecer tanta tranquilidad a los inversores, necesitando que los bancos centrales respalden sus emisiones y compren su deuda. Esto no hace sino aumentar el endeudamiento de los países (agravado por los intereses) sin que el resto de indicadores macroeconómicos (especialmente la tasa de paro) mejoren.

Otra de las medidas más polémicas del BCE, la bajada sistemática de los tipos de interés de la zona euro, tampoco va a tener un impacto apreciable entre los ciudadanos europeos. Esto se explica porque serán los gobiernos quienes tengan mayores facilidades para acceder a créditos, esto es, para seguir endeudándose. Una espiral muy peligrosa que podría desembocar en una nueva burbuja. La mejora de los mercados laborales con problemas debe ir de la mano de la competitividad y no de la respiración asistida.

Fuente: El Economista

Foto: Magnus Manske

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