La UE tampoco se fía de la troika

La UE y el FMI se intercambian reproches mientras arrecian las críticas sobre la eficacia de las intervenciones de la troika.

Jeroen Dijsselbloem

«Una casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie» (Mateo 12:25). La conocida cita del Nuevo Testamento encaja a la perfección con la situación interna de la troika, el organismo encargado de velar por el cumplimiento de los planes de ajuste y demás directrices comunitarias. Si hace escasas semanas era la comisaria de Justicia, Viviane Reding, quien dejaba unas duras declaraciones sobre el ente formado por el FMI, el BCE y la CE, ahora el asunto llega al más alto nivel institucional. Jeroen Dijsselbloem, presidente del consejo de gobernadores del MEDE y del Eurogrupo, ha aceptado las críticas y avanza una posible reformulación de la troika.

Según se desprende de las declaraciones de Dijsselbloem y otros altos cargos, las actuaciones del FMI están siendo enormemente perjudiciales para la recuperación económica europea. Los errores sistemáticos en las previsiones económicas y la ineficacia de muchos planes de ayuda para las naciones con más problemas lastran sobremanera la imagen de la troika. Por ello, la UE se estaría planteando desvincularse del organismo financiero dirigido curiosamente por una europea, Christine Lagarde. La situación parece lejos de serenarse, habida cuenta de que el FMI no solo no reconoce sus errores sino que acusa a los gobiernos europeos de no estar comprometidos con la política de austeridad. Con la deuda española en máximos históricos y el mastodóntico aparato administrativo sin recortar lo más mínimo, hay que reconocer que Lagarde no yerra del todo en sus disparos.

En cualquier caso, en Bruselas tienen muy claro que debe seguir existiendo un vigilante permanente que haga cumplir las recomendaciones comunitarias. La institución que se haría cargo de este cometido sería el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad), compuesto por un representante de cada país miembro de la UE. Ocurre sin embargo que la CE y el BCE tienen la última palabra sobre todo aquello acordado en el MEDE, pudiendo retrasar e incluso detener una iniciativa contraria al FMI. Y es que, a pesar de la desconfianza mutua, las tres caras de la troika siguen decididas a cooperar muy estrechamente.

Fuente: elEconomista.

Foto / Partij van de Arbeid (PvdA)

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