La recuperación española es puesta en cuarentena

Mads Koefoed (Saxo Bank) rebaja la euforia sobre la evolución económica y condiciona la recuperación a la mejora de la financiación y de la competitividad.

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La euforia, mejor para más adelante. Esta es la conclusión que extrae Mads Koefoed, estratega de Saxo Bank, de la última hornada de datos macroeconómicos de España. Koefoed considera que, con experiencias pasadas en la memoria, no resulta en absoluto descartable un escenario de estancamiento e incluso empeoramiento económico a corto plazo. Se trataría por tanto de una evolución económica en forma de «V», con importantes vaivenes que limitan el alcance de la recuperación. Como no podía ser de otro modo, el índice de desempleo (26,26%) es el parámetro que más preocupa a Koefoed. Con todo, no debe pasarse por alto el elevado volumen de negocio que mueve la economía sumergida.

Un empleo no declarado que da sustento a numerosos españoles y que, en última instancia, ha permitido mitigar los estragos de la crisis. Lógicamente, es imposible justificar este mercado paralelo con cifras fiables. En cualquier caso, el experto de Saxo Bank cree que la combinación de un mercado laboral incapaz de crear puestos de trabajo estables con una política gubernamental de austeridad seguirá afectando sensiblemente a las familias. El difícil acceso de las pymes a fuentes de financiación estables es otro de los aspectos que conviene mejorar. Koefoed reconoce sin embargo que existen datos para la esperanza, especialmente los relacionados con el mercado exterior. La mayor competitividad de los productos españoles y la fuerte presencia de empresas españolas en el extranjero deben ser un puntal para la recuperación. No obstante, también señala que la competitividad española todavía tiene margen de mejora.

Considerado como un efecto colateral de la crisis, el auge del empleo autónomo es otra noticia positiva, si bien conviene esperar para ver el éxito de estas nuevas empresas. Menor fiabilidad expresan los mercados, pese a lo cual su mejora resulta innegable. La fuerte dependencia de decisiones externas (elecciones, decisiones de la Fed y del BCE…) ponen en duda la solidez del Ibex-35, al tiempo que impiden establecer los principales soportes de la prima de riesgo. En definitiva, las sensaciones son positivas pero queda un largo camino por recorrer.

Fuente: elEconomista.

Foto: montuno

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