La gestión de Hollande y el Partido Socialista sufre un nuevo varapalo electoral

La derecha logra una incontestable victoria en las elecciones departamentales, confirmando el renacer de la UMP y el fuerte peso del Frente Nacional.

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En tiempos de crisis, las urnas se convierten en termómetros muy precisos sobre el estado de ánimo de la población y la valoración que realiza de la gestión económica de un gobierno. Al margen de otros condicionantes como la corrupción, la confianza o la política social o la exterior, es evidente que los asuntos de índole económica son de los más determinantes a la hora de depositar el voto. El pasado domingo, el Partido Socialista francés sumó un nuevo toque de atención por parte de la ciudadanía.

Las elecciones departamentales han confirmado los peores augurios del Ejecutivo presidido por François Hollande. La sociedad francesa parece certificar un giro radical a la derecha tras tres años de mandato del PS, confiando a la conservadora Unión por un Movimiento Popular (UMP) el 45,2% de los sufragios. Los socialistas se consuelan muy parcialmente al hacerse con el 31,9% de los votos y conseguir la segunda posición. Ello evita que el ultraderechista Frente Nacional avance respecto a sus máximos niveles históricos de apoyo electoral, aunque logra un 22,3%.

Con este panorama, la aritmética ideológica parece clara. La derecha (tanto la liberal como la extrema) consigue el 67,5% de los votos, esto es, más de dos tercios de las papeletas. Cabe destacar que, por las características del sistema electoral galo, a la segunda vuelta de las elecciones solo acceden los dos o tres partidos que mejores resultados obtuvieron en la primera. Esto ha supuesto que en no pocos escenarios los candidatos de la UMP hayan recibido el apoyo de socialistas y comunistas para frenar al FN.

¿Qué consecuencias tendrán estos resultados? De entrada, se certifica la escasa popularidad del presidente de la República, que muchos temen que arrastre en su caída a un PS que pareció resucitar en 2012 tras diecisiete años de lenta agonía. En la otra orilla, Nicolás Sarkozy emerge como el gran candidato de la derecha. Eso sí, tuvo un gesto bastante feo al no pedir a sus simpatizantes que votaran al PS en sus duelos con el FN.

Vía: El País

Foto: Jean-Marc Ayrault

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