La deuda: gasolina y a la vez problema del mundo

La deuda global se dispara un 17% durante la crisis y alcanzó el 286% del PIB mundial a mediados de 2014. Los Estados, los más endeudados.

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¿Se imaginan un mundo sin crédito? Piensen en primer lugar en los elementos más positivos: se acabaron las ejecuciones hipotecarias, los avales perdidos, los concursos de acreedores, las primas de riesgo, la especulación con bonos públicos, las sorpresas desagradables cuando se produce un cambio en el consejo de administración de una empresa… Ciertamente, la posibilidad de un mundo sin deudas parece algo muy deseable y no seremos nosotros quienes lo neguemos. Con todo, piense ahora en los proyectos que jamás hubieran nacido, en las infraestructuras que no se habrían construido, en los servicios que no podrían financiarse…

Desde luego, la deuda se encuentra permanentemente en el ojo del huracán. Por un lado, es evidente que un exceso de esta deja agota cualquier margen de maniobra y te deja completamente a voluntad de tus acreedores (véase Grecia). Por otro, no pocos experimentos económicos o empresariales de éxito nacieron precisamente tras un crédito o un préstamo sin más aval que la confianza. Esta doble lectura enfrenta igualmente a quienes sostienen que la deuda es el gran mal de nuestro tiempo y a los que aseguran que sin crédito no puede haber nunca crecimiento. Un informe de McKinsey&Company arroja un poco de luz sobre la cuestión.

La consultora norteamericana lleva muchos años midiendo la evolución del endeudamiento a nivel global y, de manera muy especial, a raíz del crac de 2008. Según sus datos, la deuda mundial alcanzaba el 269% del PIB del globo en el cuarto trimestre de 2007. Con el estallido de la última crisis económica comienzan a proliferar las voces que alertan sobre los peligros de las elevadas deudas de empresas, familias y estados. Lo conveniente, aseguran desde el BCE hasta la Fed, es retomar la senda de la consolidación fiscal y ganar solvencia con premura.

No obstante, las políticas que se llevarían a cabo a continuación no solo no contuvieron la deuda sino que la aumentaron de manera apreciable. Un proceso en el que la Fed tuvo un papel fundamental, ya que sus planes de flexibilización cuantitativa inundaron de liquidez los mercados y promovieron indirectamente la emisión de más y más deuda corporativa. En Europa, países como Grecia, Italia, Portugal o España no realizaron el más mínimo esfuerzo para controlar sus respectivas deudas públicas hasta bien entrado el año 2010 y aun así no se adoptaron medidas de calado. Entonces comenzaron los rescates.

La historia que siguió a continuación es por todos conocida: Grecia comenzó a recibir ayudas provenientes de Bruselas con el compromiso de realizar los ajustes necesarios para sanear su economía. No obstante, la deuda pública siguió desbocada y en la actualidad alcanza ya el 175% del PIB. Otro tanto ocurre con Portugal (128% de deuda respecto al PIB), Italia (127,8%), Irlanda (123,3%), Bélgica (104,5%) o España (96,8%), poniendo de manifiesto que nadie tiene intención de dejar de contraer nuevas deudas.

Por si todo esto fuera poco, el BCE acaba de presentar un programa de compra de bonos que recuerda poderosamente al puesto en marcha por Ben Bernanke en Estados Unidos. Sin duda, este plan provocará que el endeudamiento medio de la zona euro siga subiendo, como mínimo, hasta 2017. Salta a la vista que los gobiernos occidentales prefieren ahorrarse ajustes a base de mantener déficits excesivos y tratar de que sus ciudadanos no se inquieten en exceso. El triunfo de Syriza y las altas expectativas de Podemos evidencian el fracaso de esta política.

De este modo, se ha llegado a una situación límite en la que el citado estudio de McKinsey cifra la deuda global en el 286% de la riqueza (el endeudamiento casi triplica a la riqueza real del mundo). Observamos por tanto un incremento del 17% durante los años de la crisis, siendo la deuda pública la que más ha subido (a un ritmo del 9,3% anual desde 2007). Por el contrario, la deuda de las familias ha crecido un 2,8% al año durante los últimos siete ejercicios.

Es más, en países como España, Estados Unidos o Reino Unido los hogares han reducido sus deudas durante la Gran Recesión, demostrando que las familias sí que han sido conscientes de la necesidad de sanearse en tiempos difíciles. En cualquier caso, la gravedad de los datos recogidos anteriormente deberían invitar a una amplia reflexión sobre cuáles son las bases más seguras para lograr el crecimiento económico. Mientras tanto, la deuda sigue y sigue subiendo…

Vía: Gurusblog.com

Foto: geralt

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