La Democracia Liberal Y El Capitalismo

Sin duda alguna que uno de los libros más criticados de todos los tiempos fue «El Fin De La Historia Y El Último Hombre», del académico norteamericano Francis Fukuyama. La idea de que la democracia neoliberal era la última forma de organización del hombre, sencillamente no fue bien recibida por absolutamente nadie. Según él derechista académico, todo lo que fuera a suceder de ahora en adelante sucedería dentro del marco de la democracia capitalista, dado el aplastante triunfo de ésta con la caída del Muro de Berlín y del Bloque Comunista.

Sin duda alguna que uno de los libros más criticados de todos los tiempos fue «El Fin De La Historia Y El Último Hombre«, del académico norteamericano Francis Fukuyama. La idea de que la democracia neoliberal era la última forma de organización del hombre, sencillamente no fue bien recibida por absolutamente nadie. Según él derechista académico, todo lo que fuera a suceder de ahora en adelante sucedería dentro del marco de la democracia capitalista, dado el aplastante triunfo de ésta con la caída del Muro de Berlín y del Bloque Comunista.

Sin querer tomar el papel de abogado del diablo, personalmente encuentro en el libro de Fukuyama una tesis interesante, más profunda de lo que a simple vista parece, y más sustentada de lo que los críticos promueven que es. No es cierto que las ideologías se acabaron, que el único ideal que queda es la economía y que el hombre ahora tan sólo debe luchar por sobrevivir económicamente. Tampoco es cierto el valor universal de la democracia en todo el mundo, así como que este sea el único sistema con algún tipo de dinamismo.

No obstante lo anterior, la situación actual demuestra que estamos en un estado de estabilidad frente a las formas de organización humana. No se ve en el panorama actual nuevas ideologías o propuestas que vayan a reemplazar a la democracia, como el sistema más ideal del hombre. Cosa muy diferente es que en algunos lugares las personas en el poder, que se hacen llamar democráticos, ataquen los valores fundamentales de este tipo de organización política.

Y sin duda alguna que si por el lado de la ciencia política las cosas están definidas, el modelo económico sí que se halla establecido en nuestra sociedad. El capitalismo es absolutamente el modelo económico que rige y regirá nuestra vida. Igual que pasa con la democracia, el asunto radica en que hay una distorsión total frente a la clase de sistema que debería imperar. En conclusión, el problema no está en las ideas y filosofía que rigen nuestra organización como sociedad, sino en la manera que las aplicamos.


De la misma manera que hubo un intento por definir la nueva filosofía que regiría las instituciones políticas y las relaciones internacionales, hubo también intentos por tratar de desvelar cómo sería el mundo económico en un universo post-comunista. Uno de los más interesantes en ese sentido fue el de Michael Albert, “Capitalismo vs Capitalismo”, en el que declaraba cómo el mundo se iría a debatir entre el modelo anglosajón y el modelo europeo de capitalismo.

Decía el autor que la diferencia entre uno y otro radicaba principalmente en que, el modelo europeo promueve un sistema de libre competencia en medio de una economía de mercado, pero bajo la tutela de una reglamentación gubernamental que fomente la protección social y el empleo. Por otro lado, se encontraba el modelo anglosajón, que tiene como fin la total libertad del mercado, con poca regulación y, que acepta el costo de la flexibilización laboral, conviviendo con altas tasas de desempleo.

Al parecer, los hechos del último año han demostrado la inmensa capacidad de predicción que tuvo el libro de Albert, más cuando tenemos que fue en la década de los años noventas, cuando el mundo entero envidiaba y emulaba al sistema económico estadounidense, cuando se escribió la teoría de Michael Albert.

En la reunión de países europeos que se llevó a cabo en París, se concluyó que se debía consolidar un nuevo marco legal que supervise al sector financiero, dejando en claro que el modelo de economía social de mercado de Europa es más ventajoso que la desregulación que se vivía en los Estados Unidos. Igualmente importante, es la propuesta del Ministro inglés Brown, quien postuló que no sólo se hiciera una mayor regulación financiera, sino que propuso que la misma fuera de carácter mundial y encabezada por la ONU. Sumado a esto, la elección de Barack Obama en los Estados Unidos hace pensar que sin duda alguna, el mundo ha de insertarse en una economía de mercado a la europea, con mayor control e intervención sobre el mercado.

Lo anterior parece darle en cierto sentido, de manera muy parcial y concentrada en una parte del mundo, la razón a Fukuyama sobre sus ideas, y con mucho más peso y profundidad a Albert sobre las suyas. Cuando se presentó la crisis de 1.929, con la que constantemente se compara ésta, el mundo entero vio en el comunismo y en el totalitarismo dos ideales que funcionaban mejor para los momentos de crisis. La tentación por abandonar el mundo de la democracia liberal se hizo muy patente.

En el mundo desarrollado, hoy en día la situación no parece encaminarse en ese sentido. Habiendo vivido una catástrofe económica como la que se vivió, es de rescatar cómo las sociedades más afectadas por lo sucedido buscaron las soluciones dentro del marco de la legalidad, no siendo ni siquiera una opción la toma de poder por parte de líderes de facto, quienes son tan proclives a nacer en estos momentos. Frente a esto, es de recalcar que tanto en los Estados Unidos, como en Europa, un mundo por fuera de la democracia y del capitalismo no es posible, por lo menos en los próximos años. De nuevo, en algo tenía razón Fukuyama y mucha razón tenía Albert.

No obstante, la situación en el resto del mundo no parece la misma. En muchos lugares del planeta, las tentativas totalitarias han demostrado seguir teniendo gran encanto entre sus naciones, llegando en los últimos años al poder importantes personalidades, dignos representantes de los antiguos líderes del pasado que tanto daño le han hecho a la humanidad. La existencia de un gobierno tan totalitario como el del partido comunista en China, tan déspota como el de Kim Jong-Il en Corea del Norte, tan criminal como el del presidente Uribe en Colombia, y tan concentrador del poder como el de Chavéz en Venezuela, son muestras de que muchas lucha en pro de la democracia deben darse, alejándose totalmente del mundo que Fukuyama cree en el que ya estamos.

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