La crisis al otro lado del charco

El crecimiento moderado de la economía estadounidense responde a una incierta perspectiva a tenor de los resultados del último trimestre del año, salpicados por la crisis de la deuda europea y diezmados por los datos del mercado de trabajo que no acaban de remontar. Los tipos de interés se mantienen artificialmente bajos en aras de insuflar gasolina a una economía que roza el estanacamiento, aunque a la espera de un repunte del consumo que haga salir a la mayor potencia mundial del largo letargo en el que entró hace ahora tres años, cuando las hipotecas llamadas ‘subprime’ dinamitaron el mercado financiero y sucumbieron el banco más importante de América.

Y es que hace diez años nadie hubiera vaticinado la caída de Lehman Brothersy mucho menos que su desaparición arrastraría a todo el sistema económico mundial hacia la recesión. Inicialmente, la crisis se bautizó como la fallida del sistema de las ‘hipotecas subprime’, pero la rápida extensión de la misma pronto traspasó las fronteras corporativas, hasta convertirse en una crisis de liquidez global. Auna sí, cabe recordar cómo empezó todo: el empacho financiero de ladrillo de las grandes corporaciones estadounidenses, auspiciadas por las agencias de la calificación y las aseguradoras.

Ben Bernanke, expresidente de la FED

Las hipotecas subprime fueron sin duda el detonante de la crisis financiera en Estados Unidos, aunque no el único factor. La falta de regulación sobre los productos financieros provocó una estampida de compraventa de títulos de naturaleza dudosa catalogada bajo el paraguas de los ‘productos variables’. En este sentido, las hipotecas subprime fueron transferidas a fondos de inversión o planes de pensiones, en la mayoría de los casos sin información acerca del verdadero riesgo asumido.

En 2007 la chispa saltó a raíz de la subida de los tipos de interés por parte de la Fed, que hicieron aumentar exponencialmente las cuotas de dichos créditos. La medida se propagó entre acreedores y deudores, y multiplicó los impagos de los créditos subprime, que había mutado a un sinnúmero de diferentes productos financieros a ambos lados del charco. El elevado apalancamiento financiero de Estados Unidos, esto es, el grado de sometimiento de los activos bancarios a la deuda, hizo estallar por los aires la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, que pronto se convertiría en una crisis financiera que salpicaría a ambos lados del Atlántico.

Actualmente Estados Unidos intenta recuperarse poco a poco de la crisis de la que Obama ya vaticinó en su día que sería ‘más larga de lo esperado’. Wall Street apenas coge aire pese a los buenos datos macroeconómicos del Departamento de Trabajo, que anunciaba recientemente el descenso significativo de las solicitudes de ayuda al desempleo. Auna sí, la excesiva deuda de las instituciones financieras y la dependencia de Europa continúan cayendo como una losa en la primera economía del mundo.

Foto: Smallman12q en Wikimedia Commons

Valora esta noticia: 1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (0 votos, media: 0,00 de 5)
Loading ... Loading ...