¿Hay futuro para la industria de los videojuegos triple A?

Hay dudas sobre si el mercado del gaming puede mantener los presupuestos que requieren los juegos triple A.

Los últimos años han sido críticos para el mercado de los videojuegos. Hemos visto cómo la cantidad de juegos en producción disminuía de manera sensible. Al mismo tiempo, también hemos apreciado el auge de los juegos online, un mercado que, en el pasado, era de nicho, pero que ahora se ha convertido en uno de los focos principales de ingresos. Con todos estos cambios, lo que parece es que los grandes perjudicados van a ser los juegos de categoría triple A. Algunos expertos apuntan a que no hay futuro para ellos y que, si todo sigue de la misma manera, su presencia irá siendo cada vez menor.

De ello ha hablado recientemente Shawn Layden, antiguo CEO de PlayStation, que en los últimos tiempos se ha sentido tan quemado que tuvo que abandonar su puesto. Para él, el camino que está siguiendo la industria es totalmente insostenible. No cree que puedan seguir llevándose a cabo producciones triple A que cuesten 200 millones de dólares como está ocurriendo en PlayStation 5. Además, piensa que estos presupuestos cada vez van a ir a mayor.

Cuenta que, en PlayStation 4, el presupuesto medio de los juegos, de las grandes super producciones, se estimaba en unos 100 millones de dólares. Con PlayStation 5 ya han aumentado a 200 millones y la cantidad, si algo no cambia, seguirá en aumento.

Eso supone que las empresas tendrán que replegar sus producciones y sus iniciativas más arriesgadas para concentrarse solo en aquellas marcas que saben que van a poder rentabilizar. Pone el ejemplo de franquicias como Call of Duty, que seguirán adelante porque justificarán su inversión. Pero todo el mundo se concentrará en esos juegos y dejará producciones más originales de lado, de manera que no será rentable invertir en ellas.

El segundo grupo de juegos que cree que perdurarán serán los online que ya están establecidos o aquellos que partan de conceptos similares a los que tienen fama. Asegura, no obstante, la obviedad de todo esto: que al final se quemará el mercado, porque todos los juegos serán demasiado parecidos entre sí. Títulos como Fortnite y PUBG se mantienen y les salen muchas copias, pero otros juegos no tienen la misma suerte. Para muchos especialistas, el auge de los juegos online y cómo se han convertido en la regla para el gaming, es lo que está acabando con el sector y obligándole a evolucionar.

Al fin y al cabo, hay más jugadores que optan por dedicar su tiempo a títulos como Fortnite o Rocket League, no solo porque sean gratuitos, sino porque son de competición online. Pero eso está haciendo que las producciones triple A, las campañas individuales y los juegos de calidad, desaparezcan cada vez más. Está claro que, ahora mismo, no es lo que quieran los jugadores. Los jóvenes no parecen tan interesados en el videojuego como lo entendemos quienes nacimos en los 80 o 90, sino que buscan otro tipo de experiencia que genere menos implicación y que simplemente les ofrezca partidas cortas con amigos.

La cuestión es qué ocurrirá si el mercado, al final, les da la espalda a los juegos triple A. Lo más probable es que las grandes empresas cierren estudios, que hagan despidos y que reajusten sus planificaciones. Otra cuestión es saber si podrían llevarse a cabo ese tipo de producciones de gran categoría con presupuestos inferiores. ¿Realmente se está usando todo el dinero de la mejor manera posible o hay margen de ahorro dentro de las empresas?

Pase lo que pase, la realidad es que a los jugadores les quedará el mercado del juego indie. En el sector independiente se han llegado a ver algunas producciones que no tienen nada que envidiar a los títulos triple A. Sí es cierto que el mercado del gaming no se puede sostener únicamente con juegos online y juegos indie, pero al menos da cierta tranquilidad saber que siempre quedarán las producciones independientes. Por otro lado, en el otro extremo del espectro está Nintendo. La compañía del fontanero hace juegos triple A que no requieren el nivel de inversión al que llegan muchas de las compañías occidentales. No se obsesionan con la tecnología ni los gráficos como ocurre en Occidente, lo que les permite mantener los presupuestos más controlados. Por ello, es muy probable que Nintendo se mantenga ajena a esta crisis o que, al menos, consiga surfearla sin tantas consecuencias drásticas.

No sabemos lo que ocurrirá, pero lo que esperamos es que no lleguemos a un punto en el cual el mercado del videojuego dependa únicamente de juegos online sin sustancia. Porque a todos nos gusta pegar unos tiros en Fortnite o competir en partidos de coche-fútbol como en Rocket League, o pasar horas haciendo construcciones en Minecraft, pero los videojuegos han sido y deberían seguir siendo, experiencias con una historia, un principio y un final y juegos que lleguen a aportar algo más a nuestra cultura personal.

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