¿Hacia el fin del dinero en efectivo? Motivos para suprimirlo y para conservarlo

Los defensores de su eliminación se escudan en la lucha contra el fraude y en la mayor seguridad, mientras que los más escépticos cuestionan la pérdida de autonomía.

euros

¿Podría llegar el día en que un consumidor vaya a comprar el pan y abone el importe de la compra mediante algún sistema de pago electrónico? Técnicamente, se trata de una posibilidad que ya es real (siempre y cuando la panadería acepte el pago con tarjeta de crédito) pero que podría convertirse en la única opción disponible en el futuro. La supresión del dinero en efectivo parece una tendencia más o menos clara pero ello no evita que exista un intenso debate entre los partidarios y los detractores de dar el gran paso. Veamos qué ganaríamos y qué perderíamos.

La lucha contra el fraude

Este es uno de los grandes caballos de batalla de los defensores del fin del dinero físico. La inexistencia de monedas y billetes complicaría, según su opinión, la continuidad de la economía sumergida o la propia ocultación de capitales. Es cierto que a los defraudadores más imaginativos se les ocurrirían nuevas formas de seguir efectuando pagos y cobros no declarados pero es igualmente evidente que su tarea sería bastante más difícil. No en vano, todas las transacciones electrónicas dejan un rastro más sencillo de seguir.

¿Mayor seguridad?

Esta ventaja está puesta un tanto en cuarentena. Sobre el papel (valga la paradoja), la realización de todas las transacciones financieras por la vía digital acaba con la posibilidad de sufrir un robo de la cartera. De igual modo, también se eliminan los riesgos inherentes al transporte de grandes cantidades de dinero. Por el contrario, es de esperar que la actividad de los ‘hackers’ no tarde en hacer su aparición con refinados sistemas para suplantar identidades o conseguir claves secretas. En cualquier caso, esto no es algo que dependa tanto de la utilización de sistemas electrónicos como de las medidas de seguridad que estos ofrezcan a los usuarios.

La utilidad

Es otro de los aspectos clave. Si el dinero físico desaparece es porque los sistemas de pagos digitales son más prácticos en la mayoría de casos pero, ¿es esto cierto? Algunos expertos afirman que está claro que las grandes transacciones sí que serán mucho más sencillas sin mediar fajos de billetes. De igual modo, las pequeñas compras pueden acabar incorporando estos sistemas sin gran dificultad. Los grandes marginados serían las personas con muy bajos recursos y quienes carezcan de nociones mínimas de manejo de las nuevas tecnologías.

¿Un monopolio para la banca?

Si la lucha contra el fraude es el gran argumento de los defensores de los pagos digitales, los más escépticos centran su atención sobre el poder que adquirirían los bancos. Si no existiera dinero en efectivo, las personas perderían su principal alternativa al almacenamiento de sus capitales en una entidad financiera. Sí, existen otras formas de conservar riquezas de manera física (con lingotes de oro, por ejemplo), pero estas no ofrecen la liquidez inmediata que sí que brinda el dinero físico.

El joven economista Philipp Bagus es uno de los más críticos con esta perspectiva. A su juicio, también los Estados tendrían mayor capacidad para controlar las finanzas de los ciudadanos, en tanto ya cuentan con el monopolio de la creación de dinero (a través de los bancos centrales). Curiosamente, no solo los liberales muestran sus dudas, también los más proteccionistas piden cautela al respecto. De acuerdo con esta visión, y enlazando con lo dicho en el anterior epígrafe, el pago electrónico maniataría a los pequeños comercios.

Los ejemplos más destacados

Examinar la situación de los países en los que el dinero en efectivo está en franca retirada es una de las mejores formas de comprobar lo que podría suceder si desapareciera por completo. Suecia es uno de los países en los que este proceso está más avanzado, contando con el citado ejemplo de que muchas iglesias luteranas realizan sus colectas sirviéndose de sistemas de pago virtuales. Algunos bancos suecos ya no aceptan dinero en efectivo y las estimaciones contemplan que en 2030 ya no exista dicha forma de pago.

También Dinamarca o, en menor medida, Alemania, están dando pasos en ese sentido. Los daneses realizan más del 70% de sus compras mediante sistemas electrónicos, razón por la cual muchos restaurantes ya no aceptan pagos en metálico (y el Gobierno llegó a contemplar prohibirlo en según qué casos). En Alemania, por su parte, el Deutsche Bank ha insistido en que el dinero físico es ‘caro e ineficiente’. Su destino parece estar bastante definido.

Foto: dinero vía Shutterstock

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