¿Es sostenible la deuda española?

La deuda pública alcanza el 98% del PIB sin que se haya tomado ni una sola medida para reducirla o, al menos, contenerla.

deuda

En Empresayeconomia nos gusta analizar los asuntos más problemáticos y complejos con calma y en profundidad. Desde luego, el asunto de la deuda pública es uno de los que más entradas han llenado y, por desgracia, seguirá haciéndolo en el futuro. La semana pasada conocíamos que el endeudamiento de las administraciones públicas españolas cerró 2014 en 1,03 billones de euros (sí, ha leído bien, ya podemos hablar tranquilamente de billones). Dicho de otro modo, la deuda pública de España supone ya el 98% del PIB. Si se cumplen los objetivos del Gobierno, en 2015 alcanzará el 100,5%.

Con estos datos sobre el tapete, la pregunta que se hace cualquier lector es evidente: ¿es posible pagar toda la deuda acumulada? No olvidemos que, aunque la deuda pública sea la que ha registrado un peor comportamiento durante la crisis y la más peligrosa de todas, el endeudamiento privado también es considerable y debe tenerse en cuenta. De este modo, la respuesta inmediata debería ser no. Ahora bien, supongamos que decidimos abordar seriamente la cuestión y nos convencemos de que hay que hacer sostenible nuestra deuda, ¿cuál sería el camino a seguir?

En primer lugar, es prácticamente imposible reducir la deuda sin crecimiento económico. Dado que esta segunda variable se cumple en la actualidad y además lo hace a niveles cada vez más intensos (España crecerá entre un 2 y un 2,5% en 2015 según la gran mayoría de analistas e instituciones), hemos dado un paso muy importante para atajar el endeudamiento. El segundo escalón es armonizar gastos e ingresos, esto es, conseguir, como mínimo, el déficit cero (lo ideal sería un superávit pero es poco realista pensar en ello). Actualmente, el número de países en esta situación es muy reducido, pero contamos con los ejemplos de Alemania y Noruega.

Logrado el equilibrio presupuestario perfecto, la deuda ya no tendrá opción de subir por la vía de los gastos ordinarios y solo podrá hacerlo si se renegocian las letras y los bonos ya colocados en el mercado en términos desfavorables al Estado, es decir, aumentando los intereses comprometidos con los inversores. En cualquier caso, esto apenas tendría incidencia en la deuda en términos absolutos, por lo que nunca debería aceptarse como excusa para justificar el aumento del endeudamiento. No hay que olvidar que, al suprimir el déficit, no hay necesidad de emitir más deuda.

Con todo, el Tesoro, y por ende el Estado, se encontrarían con una grata sorpresa si se pusieran manos a la obra en este sentido. En la actualidad, cada vez son más los títulos de deuda pública que cotizan en niveles negativos, por lo que el Gobierno puede encontrarse con que sus letras a muy corto plazo (uno o varios meses) se coloquen con tipos de interés negativos, reduciendo, muy ligeramente, la deuda total. Además, un país comprometido con rebajar su deuda generaría todavía más confianza en los mercados.

Sea como sea, todo lo dicho hasta aquí carece de sentido sin un compromiso creíble del Gobierno de turno con la cuestión. Ello implicaría corregir numerosas partidas presupuestarias, lo que desembocaría en una fuerte contestación social. No olvidemos que, aunque se dé por sentado que los primeros gastos en suprimirse serían los superfluos, resultaría inevitable revisar las dotaciones de los ministerios de Sanidad y Educación. Introducir criterios de racionalidad para que ambas carteras ajustaran sus gastos a los ingresos del Estado sería prácticamente un suicidio político.

¿Significa esto que la deuda es impagable? Sensu estricto, no. Simplemente decimos que es extremadamente poco probable que un partido político, del color que sea, se atreva a llevar a cabo las actuaciones necesarias para dejar la deuda en niveles soportables (entre el 50 y el 60% del PIB). Esto no evita que el devenir de los acontecimientos empuje a España a acometer dichos ajustes tanto si quiere como si no. En este sentido, basta contemplar el caso de Grecia para entender a qué nos referimos.

Sí, el espejo griego no sirve para ver cómo el país ha reducido sus deudas por la presión externa, dado que esta ha subido desde 2010. No obstante, quizá en un futuro la mayor prioridad de la zona euro sea reducir las deudas, máxime cuando se detecte la incapacidad de los Estados para seguir financiándose a base de nuevas emisiones. En suma, ¿es sostenible la deuda española? No ¿Es posible reducirla a corto o medio plazo? Parece bastante claro que tampoco.

Vía: Elblogsalmon.es

Foto: niekverlaan

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