El Parlamento Europeo pone sus condiciones al Tratado de Libre Comercio con Norteamérica

La Eurocámara insiste en que el acuerdo blinde la actividad de determinados sectores económicos, comportamiento imposible de conciliar con el libre comercio real.

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El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP, por sus siglas en inglés) ha acaparado muchas páginas en los medios y muchas horas de debate pero, a pesar de tanta expectación, la desinformación sobre el contenido del tratado sigue siendo generalizada. No puede ser de otro modo si el propio Parlamento Europeo ha publicado, a estas alturas de las negociaciones, un decálogo de condiciones que el TTIP debe cumplir para que esta cámara dé su visto bueno. Empleo y transparencia son los principales puntos de fricción.

La Eurocámara interpreta que la firma de un tratado que realmente avale el libre intercambio de bienes y productos y la libre circulación de personas puede ser interpretado entre algunos colectivos europeos como una amenaza para sus economías. De ahí que, en lugar de echar mano de la pedagogía para explicar el alcance del posible acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea, el Parlamento Europeo haya optado por fijar sus propias líneas rojas. La principal petición es que se asegure por escrito que no se perderán puestos de trabajo.

Para cualquier lector mínimamente versado en el comportamiento del mercado laboral, pedir que se fije por ley el no despido de trabajadores o la certeza de que no va a escasear el trabajo es poco menos que un disparate. Las causas de la destrucción de empleo, al igual que las de la creación del mismo, son tan variadas y obedecen a tantos factores que resulta prácticamente imposible medir si un cierre de negocio se debe a la competencia estadounidense, a la presión fiscal o la mala gestión.

Lo que Europa está tratando de hacer es proteger a una serie de sectores productivos que sin el riego regular de subvenciones y ayudas comunitarias no se tendrían en pie. Las consecuencias de este comportamiento afectan a todos los consumidores europeos, en tanto que están obligados a adquirir unos productos en concreto. En definitiva, las condiciones de la Eurocámara no hacen sino confirmar el temor político ante la posible reacción social. Así no vale la pena firmar nada.

Vía: Cinco Días.

Foto: mcruetten

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