El BCE presenta un QE de 1 billón de euros para la zona euro hasta 2016

Draghi desoye las presiones de Alemania y supera las expectativas creadas al anunciar un plan de compras mensuales por valor de 1,1 billones de euros.

mario draghi

Ni las presiones de la cancillería alemana, ni las amenazas de estar sobrepasando los límites de su mandato, han conseguido que Mario Draghi dé marcha atrás en la que está llamada a ser la mayor iniciativa llevada a cabo durante su presidencia. El pasado jueves el Banco Central Europeo (BCE) anunciaba un Quantitative Easing (QE) para Europa en toda regla, guardando notables semejanzas con el antiguamente aplicado por la Reserva Federal (Fed) en los Estados Unidos. El QE para la zona euro dispara el presupuesto anticipado por la mayoría de analistas, medio billón de euros, hasta 1,1 billones.

Sí, el BCE se gastará la friolera de 1 100 000 millones de euros durante los dos próximos años a razón de compras de activos mensuales por valor de 60 000 millones de euros. En este punto, el programa se queda bastante por debajo de los parámetros de los QE de la Fed, que alcanzaron los 100 000 millones de dólares al mes. Sea como sea, el conocimiento de la cifra definitiva generará sin duda un enconado debate (más si cabe) entre liberales y keynesianos o, si lo prefieren, entre el norte y el sur de Europa.

Las razones que Draghi esgrime para poner en marcha el plan, y dotarlo de semejante capacidad de compra, son de sobra conocidas. Por un lado, el banquero italiano da por sentado que el crecimiento económico de la eurozona no va a despegar por sí mismo a corto o medio plazo, lo que exige fuertes inversiones para evitar que Europa se quede todavía más rezagada respecto a naciones plenamente recuperadas como Norteamérica. De igual modo, el BCE entiende que lo incierto del contexto internacional va a generar muchas dudas entre los inversores. Este programa se presenta como una inyección de confianza.

No podemos esconder tampoco que, si la discusión sobre la conveniencia o no del QE europeo se reducía a un pulso casi personal entre Draghi y los halcones del BCE, el economista italiano no estaba dispuesto a permitir que le ganaran la partida. El presidente se sabe con el respaldo del sur de Europa, que pide a gritos ayuda para asumir su desorbitada deuda (que piensan, sin embargo, seguir incrementando), lo que le permite presentarse como una suerte de ‘salvador’ de los más débiles. Por el contrario, Alemania, Países Bajos o Finlandia son los grandes derrotados.

Hasta aquí los principales argumentos del BCE para efectuar semejante huida hacia adelante. Ahora, veamos la réplica liberal a giro expansivo de la institución. Aunque las primeras reacciones al programa no han sido demasiado sonadas, es de esperar que en los próximos tiempos se multipliquen las críticas sobre la predilección de Draghi por apoyar a los malos gestores. Esta es la piedra de toque de la artillería liberal: con este tipo de planes se castiga a los administradores rigurosos y se premia el despilfarro.

Cabe señalar que el método escogido por el BCE para conseguir la recaudación necesaria para su QE ha tratado de apaciguar los ánimos de los halcones. Las aportaciones de cada país serán proporcionales al peso económico de estos en la zona euro, por lo que Alemania volverá a ser, una vez más, el Estado que más dinero tenga que poner sobre la mesa. Por lo que respecta a España, nuestro país deberá hacerse cargo del 8,84% de las compras totales, a pesar de lo cual seguiremos siendo claramente beneficiarios del plan.

En cuanto a la respuesta de los mercados, las bolsas europeas han abierto con fuertes subidas. Al cierre de esta edición, el Ibex-35 se anotaba un 1,43% tras rebotar un 1,7% en la sesión del jueves nada más conocerse la decisión del BCE. El Eurostoxx subía un 1,64% (el jueves creció un 1,62%), el Dax alemán se elevaba un 1,44%, el Cac francés un 1,66%, el AEX de Ámsterdam un 1,25% y el FTSE de Milán era el más beneficiado con un 2,44%.

En el mercado de renta fija la respuesta era igualmente notable. La prima de riesgo española caía hasta 91,8 puntos básicos, la italiana hasta 114,3, la portuguesa hasta 177 y la griega era la única que se desentendía de esta tendencia y se quedaba en 851,7 puntos (recordemos que el BCE no comprará bonos griegos). El bono español a diez años se situaba en el mínimo histórico del 1,31%.

Vía: ABC

Foto: World Economic Forum

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