El balance económico de la década de Angela Merkel

La canciller alemana aprovechó la base dejada por las reformas de Schröder para impulsar la economía, mejorando todos los parámetros macroeconómicos e influyendo en Bruselas.

merkel

El pasado 22 de noviembre se produjo una efeméride que pasó relativamente desapercibida por la más apremiante actualidad informativa sobre la guerra contra el Estado Islámico y la amenaza terrorista que planea sobre Europa. Se trata, precisamente, de asuntos en los que nuestra protagonista tendrá, como siempre, un papel destacado. Lógicamente, nos referimos a la canciller alemana Angela Merkel, quien acaba de cumplir diez años al frente de la primera economía europea. Una década que deja a Alemania con una influencia en los asuntos europeos casi inédita pero también con más responsabilidades y desafíos.

En noviembre de 2005, una desconocida política conservadora llegada de la extinta República Democrática alemana tomaba el relevo de Gerhard Schröder al frente del país pero con un matiz importante. La ajustadísima victoria de la CDU (35,2% de los votos frente al 34,3% del SPD) obligó a las dos grandes formaciones a firmar una ‘Gran Coalición’. Merkel saltaba a escena en un momento en el que el grueso de las duras medidas llevadas a cabo para modernizar la economía alemana ya habían sido tomadas. La nueva canciller tuvo que dejar las potentes carteras de Finanzas y Asuntos Exteriores en manos del SPD.

Sus primeras decisiones de calado fueron la oposición al salario mínimo interprofesional reclamado por la izquierda porque entendía que condenaba al mercado laboral a mantener elevadas tasas de paro. También se opuso a la entrada de Turquía en la Unión Europea (UE), postura que más tarde matizaría aunque las negociaciones estén ahora mismo encalladas. Esto está relacionado con otra de las preocupaciones iniciales (y actuales) de la canciller: evitar la llegada masiva de demandantes de empleo de los países del sur y este de Europa. En cualquier caso, durante su primer mandato no se aprobaron demasiadas restricciones.

La reelección de Angela Merkel en 2009 tuvo como telón de fondo la mayor crisis económica vivida por Europa en décadas. La popularidad de la canciller se resintió en consecuencia pero su victoria electoral resultó muy plácida gracias al batacazo de sus socios de gobierno: 33,8% de los votos frente al 23% de los socialdemócratas. Se iniciaba entonces una legislatura en la que los conservadores tendrían como aliados a los liberales, un pacto mucho más «natural» y que permitiría acometer más reformas en la economía. Sería precisamente en este periodo cuando la solidez económica alemana se haría patente.

Entre 2009 y 2013 el Ministerio de Finanzas pasó a estar encabezado por el que se convertiría en uno de los rostros más populares en los debates sobre el déficit público y los objetivos comunitarios, Wolfgang Schäuble. El político conservador abanderó (y abandera) la ortodoxia económica en Bruselas frente a las tentativas de mayor flexibilidad. Entretanto, la economía alemana aumentó considerablemente la brecha respecto al resto de países de la UE. La renta per cápita germana pasó de 30.000 euros en 2009 a 34.400 en 2013.

Paralelamente, los índices de desempleo se alejaron de los niveles del lustro anterior y se contagiaron de la positiva evolución del resto de indicadores macroeconómicos. La tasa de paro caía hasta el 5,1% en 2013 y el salario medio subía hasta los 44.700 euros mientras países tan importantes como España o Italia coqueteaban con la bancarrota. Precisamente, el capítulo de los rescates fue el más importante a nivel comunitario en esos cuatro años. Grecia, Irlanda y Portugal pidieron ayuda y, mientras estos dos últimos mejoraron, los griegos se hundieron todavía más.

En este contexto, las elecciones de 2013 llegaron en un momento de gran popularidad de la canciller, a la que los alemanes veían como una gestora eficaz y como la salvaguarda de sus intereses en Europa. De hecho, Merkel se quedó muy cerca de lograr la que hubiera sido la primera mayoría absoluta en el Bundestag desde la década de 1950. El incontestable 41,5% de los votos no evitó que se reeditara la ‘Gran Coalición’ con los socialdemócratas, que se habían quedado a años luz en la urnas (25,7%).

Esta tercera legislatura, actualmente en curso, había avanzado sin excesivos sustos hasta la crisis de refugiados y los atentados de París. Únicamente la aprobación de un salario mínimo interprofesional a petición del SPD modificó la política económica de la canciller. En 2014, Schäuble exhibía orgulloso que Alemania había cerrado el año con un superávit en sus cuentas públicas. El contagio de la crisis china es la gran incertidumbre actual en materia económica.

Vía: Deutsche Welle.

Foto: 360b / Shutterstock.com

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