¿Cómo proteger a los niños del gambling comercial?

Si reflexionamos, es posible que nos demos cuenta de que estamos exponiendo a los niños al gambling a una edad muy temprana.

La exposición al gambling de niños que todavía son jóvenes es un problema que todos los empresarios y profesionales deberían tener muy en cuenta a la hora de tomar decisiones. Las estadísticas no engañan ni encubren la verdad: más de un 80% de las personas adultas han hecho gambling en alguna vez y gran parte de ellas han apostado lo que no se podían permitir perder. Pero no solo eso, sino que hay estudios que demuestran que un 60% de los niños también se exponen al gambling de una u otra manera, ya sea por los medios convencionales (echar una moneda en una máquina de slot sin que nadie le detenga) o por medio de gambling encubierto dirigido a los más pequeños.

Llegados a este punto, la sociedad tendría que tomar conciencia de los problemas que existen con el gambling y de cómo puede llegar a marcar a un niño desde muy pequeño. Esos primeros contactos con el gambling exponen después a ese niño a que sea un adulto enganchado a las apuestas y a costumbres insanas en las que puede poner en riesgo su economía.

¿Cómo proteger a los niños del gambling? Hay países que, años atrás, tomaron la delantera y decidieron ponerse muy serios con este problema. Esto se reflejó en la eliminación de buena parte del gambling encubierto con el que se encuentran los niños en su día a día. Pero ni aun así se ha conseguido detener.

El problema es que hay muchas versiones del gambling y de lo que supone “apostar” para conseguir algo sin la seguridad de saber que lo vas a conseguir. Se puede creer que decir que las colecciones de cromos son gambling es algo extremo. Pero, en realidad, es un tipo de gambling encubierto. Los niños compran sobres cerrados en los que no saben qué les va a tocar. Es posible que los cromos que les toquen los tengan repetidos, lo que significa que han “perdido” su inversión. También es posible que les toquen cromos nuevos que no tengan, por lo que existe ese incentivo de “seguir probando”.

La filosofía del cromo lleva existiendo desde hace décadas en Europa o Estados Unidos. Siempre ha sido un negocio sólido, sobre todo en Europa. Se ha potenciado la separación del factor gambling de este producto por medio de la incorporación de iniciativas que ayudan a que la inversión de los niños no caiga en saco roto. Por ejemplo, incentivar al cambio entre amigos. Eso permite que esos cromos repetidos, al final, tengan valor, aunque será variable dependiendo de la antigüedad de la colección o de la cantidad de amigos que estén reuniendo los cromos.

También se ofrecen servicios de cromos faltantes, lo que ayuda a que los niños puedan acabar su objetivo, aunque sea comprando los cromos que les falten de una manera directa. No obstante, este sistema no es el ideal en términos de relación calidad-precio, por lo que solo se suelen pedir algunos cromos, los últimos por conseguir. Al final, el factor gambling sigue ahí y fruto de ello es que sea común que los niños terminen con montañas de cromos repetidos que no les sirven de nada. Si tienen suerte, podrían acabar la colección comprando menos sobres, si no la tienen, tendrán que invertir más.

Los cromos encuentran su equivalente en trading cards o cualquier otro tipo de colección similar. Esta idea del blind package también se ha extendido a juguetes coleccionables. Los niños compran un sobre cerrado y no saben qué modelo de personaje les va a tocar. Así, tienen que seguir comprando hasta que consiguen la colección o les toque el personaje que les guste.

Se puede crear debate sobre si bloquear la venta de estos productos sería una buena decisión o no. Es bien sabido que a los niños les gusta y que les emociona abrir los sobres e intentar completar la colección. También refuerza el tener voluntad de conseguir todos los cromos y les ayuda a relacionarse para cambiarlos. Algunos países, como Japón, impusieron normas años atrás para prohibir la venta de este tipo de producto.

Pero, al mismo tiempo, fomentaron la presencia de máquinas de gacha (en las que metes monedas para sacar una bola con un regalo aleatorio dentro), por lo que simplemente han cambiado la forma de gambling. Además, las marcas productoras de cromos y trading cards ya hace muchos años que han encontrado la forma de saltarse la prohibición: lo único que tienen que hacer es vender los cromos en sobres donde también se incluya un caramelo, un chicle o una chocolatina. De esa forma, el niño está pagando por el dulce, y obteniendo los cromos o tarjetas coleccionables de regalo.

Las marcas saben que así pueden esquivar las leyes y seguir fomentando el gambling entre los niños, creando conductas que, de mayores, podrían llevarles, o no, a experiencias de juego más complejas.

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