China: ¿resfriado o gripe?

La bolsa china acumula una caída de más del 30% después de seis meses de fuertes subidas. Al menos, el crecimiento interanual da un respiro.

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La economía china es una de las dos grandes patas sobre las que se sustenta la estabilidad financiera global. Representando algo más del 10% del PIB mundial, cifra solo superada por Estados Unidos, el gigante asiático es ya un actor de primer nivel cuyas acciones influyen, y de qué manera, en el resto de mercados. Por consiguiente, cada vez que llegan noticias de China estas son atendidas con suma atención por parte de los principales países, conscientes de que el más mínimo trastorno chino puede afectar a todo el mundo. La actual crisis bursátil china es uno de ellos.

En los últimos años, el Gobierno chino ha repetido en numerosas ocasiones que el país estaba preparado para asimilar un breve periodo marcado por tasas de crecimiento económico ‘bajas’ (por debajo del 7%). En la última década, China ha llegado a firmar variaciones interanuales por encima del 10%, niveles que difícilmente volverán a repetirse debido al menor margen de crecimiento de la economía china. En cualquier caso, esa ‘corrección’ debía hacerse de manera ordenada y con los menores episodios de incertidumbre posibles. No obstante, la economía asiática presenta un tamaño y unas características que dificultan su control.

A comienzos de año, la bolsa de Shanghái comenzó a experimentar un rally histórico, alcanzando una revalorización del 100% en seis meses. Se trataba de la respuesta lógica a las mayores facilidades ofrecidas por el ejecutivo de Xi Jinping para invertir en bolsa a los ciudadanos chinos. En este sentido, el boom bursátil se explicaría no tanto por la entrada de capitales extranjeros como por la iniciativa de la población china (de parte de ella, lógicamente). Por ello, hablamos de inversores con poca o nula experiencia en los mercados y quizá eso haya sido decisivo para el desplome de las últimas semanas.

En estos momentos, la caída bursátil acumulada ya supera el 30% y las autoridades chinas han anunciado que van a tomar medidas para investigar la supuesta manipulación bursátil llevada a cabo por algunas compañías. Esta postura, coherente con la filosofía del gobierno, es vista simplemente como una estrategia para hacer ver que los dignatarios del país actúan contra el supuesto ‘ataque’. En realidad, China está descubriendo poco a poco en qué consiste una economía de mercado, la cual requiere que quienes mueven capitales tengan unos conocimientos mínimos de inversión y del funcionamiento general de la economía.

Por todo lo anterior, resulta difícil establecer si la crisis bursátil esconde problemas más graves o si se trata de una corrección lógica por el fuerte sobrecalentamiento de las bolsas chinas en los últimos tiempos. Lo que está claro es que el termómetro de los parqués muestra una temperatura muy elevada que nubla considerablemente el horizonte del país. Si la simple constatación de la desaceleración china ya generó cierta inquietud, la presencia de episodios como el descrito no contribuye a serenar los ánimos.

¿Qué impacto puede tener la caída de la bolsa en el funcionamiento general de la economía china? En primer lugar, salta a la vista que el crecimiento económico chino ha convertido al país en un gigante económico cuyos límites hace tiempo que sobrepasaron la capacidad de intervención de las autoridades. Esto significa que no está nada claro que la acción del gobierno pueda devolver las aguas a su cauce como si nada. Es cierto que los resortes de control político son todavía inmensos en el país pero pierden eficacia por momentos.

Y como no todo son malas noticias, la Oficina Nacional de Estadística china ha confirmado que la economía del país ha superado las tasas previstas de crecimiento en el primer semestre del año. Concretamente, China repuntó un 7% interanual en los seis primeros meses del año, al tiempo que en el segundo trimestre se ha recogido un alza mayor del PIB que en el primero (1,7% frente a 1,4%). Este dato convierte en factible el objetivo de crecimiento previsto para todo 2015, también del 7%.

En definitiva, China es ahora mismo un factor de inestabilidad global por cuanto todavía no se sabe cuáles serán las ramificaciones últimas de su crisis bursátil. El año pasado, el país registró la tasa de crecimiento más pobre en casi un cuarto de siglo (un 7,4%, ahí es nada). La enorme cantidad de deuda soberana de distintos países que ha adquirido China o la fuerte inversión en grandes compañías internacionales propician que los estornudos chinos resfríen a todo el mundo.

Vía: elEconomista.

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