China capea la desaceleración económica con fuertes estímulos

La notable inversión pública en infraestructuras y la expansión monetaria apuntalan el crecimiento económico chino y todo apunta que se alcanzarán las previsiones.

China investment

En muchos aspectos, 2016 apuntaba a ser sinónimo de incertidumbre y empeoramiento económico en buena parte del planeta. Al margen de cuestiones como el ‘Brexit’ o la crisis migratoria europea, China volvía a posicionarse como un factor de desestabilización global tras el crítico shock bursátil de agosto de 2015. Aunque aún es pronto para rubricar balances excesivamente optimistas, justo es reconocer que la sangre no ha llegado al río. El gigante asiático ha respondido mejor de lo previsto y su desaceleración está siendo sorprendentemente tranquila.

La Oficina Nacional de Estadísticas de China confirmó recientemente que la economía había registrado en el tercer trimestre del año la misma tasa de avance que en los dos anteriores, esto es, un notable 6,7%. Cabe recordar que cuando los datos del segundo trimestre batieron ligeramente las expectativas ya se celebró como un síntoma de que la desaceleración económica de la segunda economía mundial no iba tan rápido. Eso sí, el Gobierno de Pequín anunció en marzo que esperaba crecer entre un 6,5% y un 7% este año.

Para quedarse dentro de esa horquilla, el hermético Ejecutivo chino ha tenido que sacar a relucir buena parte de la artillería de emergencia. Por un lado, el Banco de China ha sido sumamente generoso a la hora de regar la economía con recurrentes compras de bonos e inyecciones de liquidez. Por otro, el propio Gobierno ha disparado las inversiones públicas con objeto de apuntalar la actividad de sectores como la construcción, con gran incidencia en el empleo. Así, el gasto público en infraestructuras ha crecido un 19,4% interanual entre enero y septiembre.

Estas medidas de choque, que constatan que la economía se habría deteriorado de manera más intensa de no haberse aprobado, ofrecen sin embargo la tranquilidad de saber que Pequín se ha tomado en serio evitar un aterrizaje demasiado duro. Esto es un alivio para todos por cuanto las empresas occidentales están cada vez más presentes en China y las inversiones chinas en el exterior son igualmente reseñables. El principal temor, que estalle la gran burbuja inmobiliaria.

Vía: El País.

Foto: © baurka

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