7 cosas que quizá desconocías sobre los estímulos del BCE

El Banco Central Europeo ha utilizado distintos instrumentos para dotar de mayor liquidez a la economía europea, la mayoría de ellos en los últimos años.

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La semana pasada se vivió una pequeña tregua en los mercados que permitió que índices como el Ibex-35 cerraran su primera semana en positivo de 2016. El detonante de ese paréntesis fue un viejo amigo de los inversores, el gobernador del Banco Central Europeo (BCE) Mario Draghi. Con su anuncio de posibles nuevos estímulos a partir de marzo, el banquero central italiano sumaba una nueva página a los generosos programas para inyectar liquidez en los mercados y los Estados. Veamos qué se ha hecho, qué no y cómo.

1. Si Trichet levantara la cabeza…

Los planes de estímulo del BCE tuvieron algunos conatos en 2009 y 2010 pero el grueso de los mismos llegaría a partir de 2011, tras el acceso de Draghi a su máxima dirección. Jean Claude Trichet se cerró en banda a tales concesiones, desmarcándose de los vientos en que navegaba la Reserva Federal de Bernanke. Es más, mientras la mayor parte de Europa seguía en recesión o registraba tibios crecimientos, el BCE procedió incluso a subir los tipos para responder a la preocupación alemana por el repunte de la inflación vivido a finales de 2010. En 2011 los subió en dos ocasiones.

2. ¿Los rescates son estímulos?

En 2010, el BCE dio un paso inédito al avalar el rescate a Grecia junto al Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Comisión Europea (CE), dando origen a la troika financiera. Posteriormente, Irlanda (2010-2013) y Portugal (2011-2014) también solicitaron ayuda a este polémico organismo, mientras que España precisaría de su asistencia para recapitalizar su banca (2012). Aunque los rescates financieros no constituyen un programa de estímulos propiamente dicho, pusieron en circulación centenares de miles de millones de euros. Hasta la fecha, el único rescate que no se ha dado por concluido es el de Grecia.

3. La QE europea, un reconocimiento póstumo a Bernanke

Desde luego, el mayor programa de estímulos puesto en marcha por el BCE es la llamada QE europea (Quantitative Eassing). A comienzos de 2015, Draghi puso en marcha un plan muy similar al que Bernanke había impulsado un lustro antes. El BCE pasó a inyectar unos 50.000 millones de euros mensuales a la economía europea mediante la compra de deuda soberana. Paralelamente, se aprobó adquirir deuda privada por importe de 10.000 millones de euros mensuales. Este programa debía concluir en 2016 pero se da por sentado que se prolongará.

4. Los tipos de interés por los suelos

Si Trichet elevó los tipos prematuramente, Draghi todavía no sabe lo que es subirlos. En julio de 2011, Trichet entonó el ‘mea culpa’ y recortó un cuarto de punto los intereses (1,5%). Su sucesor debutó con otra bajada en noviembre (1,25%) a la que siguió una tercera tres semanas después (1%). En 2012, se dejaron en el 0,75% y en 2013 se efectuaron dos rebajas hasta el 0,25%. En 2014, se dejaron en el actual nivel del 0,05% con dos bajadas más.

5. Estímulos encubiertos

La política monetaria y el QE son los instrumentos más reconocibles del BCE para animar la economía europea pero también se han acometido actuaciones menos mediáticas. Así, el banco central ha dado muchas facilidades a los bancos para que tomaran el dinero que consideraran necesario. Con este dinero, los bancos han comprado una gran cantidad de bonos de deuda soberana al tiempo que han bajado los intereses de préstamos e hipotecas. España colocó mucha deuda por esta vía hasta 2013.

6. Estímulos poco ejemplares

Estimular la economía no es sinónimo de ser generoso, también implica saber dirigir la actividad de las entidades financieras. Para fomentar la inversión y la puesta en circulación de más dinero, el BCE comenzó el año pasado a cobrar a los bancos por almacenar sus reservas. Con esta medida de presión, se trató de desincentivar que el dinero estuviera parado, empujando a la banca e, indirectamente, a los ahorradores. No en vano, muchos particulares comenzaron a invertir por la escasa rentabilidad que les ofrecían los bancos.

7. Dos almas, dos presiones

El BCE y sus acciones no son ajenos a las profundas diferencias en el seno de la zona euro. El retraso en la aplicación de las medidas de estímulo más agresivas se explica por la presión ejercida por Alemania, Países Bajos y Finlandia, recelosos ante cualquier actuación que diera cobertura al endeudamiento público. La Europa del sur fue, lógicamente, la más beneficiada por el cambio de postura del BCE en 2012.

Foto: Europa vía Shutterstock

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