Monedas de oro

Las monedas de oro son activos de inversión conservadores que ofrecen una gran estabilidad a largo plazo y cuentan con una elevada tasación en todo el mundo.

monedas de oro

El actual paradigma monetario que rige el sistema financiero y comercial global se fundamenta sobre el concepto del papel-moneda. Aunque no existe un punto de inicio consensuado para este soporte, se sabe que la civilización china fue de las primeras en utilizarlo en algún momento entre los siglos VII y IX. Ya en la Edad Moderna, comenzaría a ser empleado también por algunas naciones europeas, siendo Reino Unido y Francia los escenarios donde adquiriría una mayor notoriedad. Con su popularización, las monedas convencionales comenzaron su particular decadencia, siendo las de oro las más afectadas por la aparición de los billetes.

La decisión de la Administración Nixon de desvincular el dólar del patrón oro, y la consiguiente adhesión a esta postura por parte del resto de países desarrollados, ha marcado el punto de inflexión más importante en la cotización del oro desde la Gran Depresión. No en vano, a partir de ese momento el oro comenzaba a ser mucho más seguro que cualquier divisa respaldada por un banco central. Mientras que el dólar no ha dejado de perder valor debido a la reserva fraccionaria bancaria y al mercado de crédito, las monedas de oro resisten.

Las monedas de oro han quedado, pues, como un producto de inversión o una forma de asegurar los ahorros. ¿Cómo? Esencialmente, gracias a su elevada cotización histórica y a su escasa volatilidad, dos elementos que las convierten en lo que suele denominarse ‘valor seguro’. Hablamos, lógicamente, de las monedas de oro sin más finalidad que la inversión, no de piezas históricas de coleccionistas cuyo valor es considerablemente más alto. Generalmente, la compra de monedas de oros suele llevarse a cabo en grandes proporciones y en momentos de fuerte inestabilidad financiera o política, siendo inmediatamente almacenadas en cajas fuertes.

Esta es otra de las características de estas monedas, la seguridad. No se trata de un bien especulativo que pueda adquirirse en momentos puntuales y después venderse a precios considerablemente más altos. Las reservas mundiales de oro son las que son y esta situación se modifica muy lentamente, por lo que el riesgo de sufrir un fuerte varapalo en su valor en muy poco tiempo es virtualmente inexistente. Evidentemente, el hecho de conservar las monedas durante muchos años puede suponer que, en un momento dado, su valor haya cambiado sustancialmente, pero en ningún caso esta fluctuación será análoga a la de otros activos.

Las monedas de oro presentan ofrecen por tanto muchos alicientes a quienes solamente deseen poner sus ahorros a buen recaudo, toda vez que han quedado descartadas como activos de inversión especulativa. Por ejemplo, un ahorrador que considere que la situación financiera de su país es especialmente delicada tiene la opción de prescindir del papel-moneda y adquirir monedas de oro. Si, posteriormente, el país en cuestión quiebra o realiza algún tipo de quita a los depósitos de la ciudadanía, el propietario de oro estará a salvo.

Otra característica del oro que invita a su uso como refugio es que su valor es muy alto en todos los países del mundo. Alguien que disponga de un gran capital en euros no podrá sacarle ningún provecho si no lo convierte previamente en la moneda demandada por los diferentes mercados nacionales (el dólar cuenta con más prestigio pero sigue sin ser un divisa universal). El oro, en cambio, es una materia prima con una elevada tasación alrededor del orbe, incrementándose incluso en los países más pobres y con finanzas más rudimentarias.

La ventaja de las monedas de oro respecto al resto de soportes disponibles para este metal precioso es su facilidad de almacenamiento y manejo. A diferencia de los lingotes, las monedas permiten un uso mucho más preciso del oro, ya que este se maneja en proporciones más pequeñas. Otra posibilidad es la de añadir a estas monedas algún tipo de personalización, como pueda ser la conmemoración de alguna efeméride o un cuño que recuerde a su propietario. El riesgo de estas prácticas es que pueden afectar a su valor.

Tampoco pueden esconderse algunos inconvenientes del oro. Por un lado, existe una enorme disparidad entre los precios que se pagan por las monedas según el punto de compra al que acudamos. Lo más conveniente en este caso es servirse exclusivamente de entidades e instituciones de confianza, puesto que estas trabajan con la cotización en vivo del oro. Este proceso puede resultar más engorroso pero ofrece mayores garantías que la conversión exprés de oro a papel-moneda tan de moda.

Foto: geralt

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