Una falla amigable con el medio ambiente

Una pequeña falla de Valencia decidió utilizar combustibles alternativos a la gasolina para reducir la contaminación que se produce cada 19 de marzo al quemar los monumentos.

Como cada 20 de marzo, Valencia amanecía hoy con la resaca de la cremà. Desde las 22:00 y hasta altas horas de la madrugada, más de 700 monumentos repartidos por toda la ciudad y su área metropolitana fueron pasto de las llamas, dejando la ciudad envuelta de una neblina provocada por el humo de los monumentos quemados, sus cenizas y los restos de los castillos que se dispararon para cerrar las Fallas 2014. Todo un espectáculo que atrae a miles de turistas pero que tiene su contrapartida para el medio ambiente.

La cremà supone un gran incremento de las emisiones de contaminantes como dióxido de carbono, benceno o xileno, con las desastrosas consecuencias que ello tiene a nivel de polución y contaminación atmosférica. Por eso, hay que agradecer iniciativas como la que ha tomado este año la falla de Castielfabib-Marqués de Sant Joan, situada en el barrio de Campanar, que ha decidido prescindir de los combustibles tradicionales como la gasolina y utilizar aceites para la cremà, evitando así emitir el famoso y contaminante humo negro, como se ve en el vídeo de la cremà del monumento infantil que encabeza el post.

No se trata de una falla de renombre ni que atraiga a un gran número de visitantes. De hecho, está en la sección 5ªB -la décima división de las fallas-, pero desde hace unos años se ha hecho un hueco en el universo de las fallas alternativas. Por ejemplo, en 2011 su monumento estaba compuesto por 500 palés comprados a una empresa de Soneja, en Castellón, que es la única en toda España que fabricaba palés con madera FSC, el certificado alemán que garantizaba su procedencia de bosques de crecimiento controlado.

Este año, la naturaleza también ha estado presente en el monumento, titulado ‘Ciutat encallada’ (ciudad encallada), en que una ballena debía servir para recuperar la relación entre Valencia y su entorno natural, apostando por que cada espacio público de la capital del Turia se convierta en algo útil para los valencianos. La ballena fue construida por los becinos del barrio, y, como no podía ser de otra forma, entre la plantà y la cremà sirvió de parque infantil para el disfrute de los más pequeños del barrio.

La falla se llevó el 3r premio de Ingenio y Gracia de su sección, y si existiese un premio relacionado con la protección al medio ambiente seguramente también se lo hubiese llevado. El monumento ya es historia, pero Castielfabib-Marqués de Sant Joan ha demostrado que es posible una cremà más ecológica, y quien sabe si en el futuro otras fallas, en especial las de más nombre, apuestan por lanzar un mensaje más sostenible al mundo.

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